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Escrito I.

Existe una sensación, más o menos generalizada, que se puede percibir tanto en nuestro entorno cercano como en círculos más amplios. La detenida contemplación del contexto en el que vivimos, aparentemente desolador en términos económicos y en el que los derechos sociales de la población se están viendo cada vez más mermados, ha llevado a un pesimismo extendido a lo largo y ancho del territorio. Sin embargo, existen puntos de vista totalmente opuestos sobre la misma situación.

Dejando a un lado las altas esferas, ya que considero que simplemente podemos aspirar a ser meros espectadores de sus decisiones, parece evidente que año tras año, desde que comenzó ese fenómeno, innombrable en sus inicios, y que ahora se ha hecho un hueco en nuestro vocabulario cotidiano, han ido formándose entre la opinión pública varias posturas ante las consecuencias que este fenómeno ha dado lugar.

La posición más cómoda, en principio, es la de contemplar. Pero también podemos actuar. Debemos actuar. Puede que sea el momento de generar la oportunidad en lugar de aprovecharnos de ésta. Las oportunidades parece que ya no existen o quedan realmente muy pocas y fuera de nuestro alcance. Éstas han sido asignadas en épocas anteriores y se han ido diluyendo al paso de los años. Así que, si realmente tenemos que elaborar esa oportunidad para que, a partir de ella, podamos construir nuestro futuro, considero que, efectivamente, debemos ser innovadores en muchos campos. Innovadores en cuanto a técnicas de trabajo, en la divulgación del mismo, en los procesos creativos, etc. Y con ello no quiero decir que ahora mismo no lo seamos. Seguramente seamos innovadores y, si nuestras ideas se llevaran a cabo, tendrían un significado social y económico. Pero nos quejamos de la falta de altavoz, aunque el problema no resida ahí realmente. 

Puede que la innovación pase por fijar una finalidad que se pueda alcanzar mediante el empleo de nuestras habilidades propias, retroalimentándonos de todo aquello que acontezca a nuestro alrededor y nos pueda ser útil tanto a nosotros como a quién tenemos a nuestro lado, o a mil kilómetros de distancia.

Ser consciente de nuestros conocimientos y encontrar la base para explotarlos y canalizarlos de la forma adecuada, acompañado siempre de opiniones externas que ayuden a enderezar el rumbo, dará pie al desarrollo de alguna de las ideas que realmente pongan en valor una oportunidad de futuro. 

A veces, la solución no será cambiar el rumbo, ni girar 180 grados en nuestro recorrido sino que, tendremos que cambiar de camino. Crear uno nuevo y modificarlo a nuestro gusto. Eliminando o añadiendo intérpretes que nos ayuden a fijar la mejor dirección. 

Adrián Ferrándiz Candalija.