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#11 Monsieur voyeur…

Esta investigación parte de la interacción del espectador con la vivienda y de la clave participación del morador sumiso en un aura psicodélica que envuelve la casa.


La pérdida de control, la incertidumbre, el extravío de la percepción del tiempo, el implícito e inconsciente análisis que se realiza en la visualización de un caleidoscopio, la sumersión enfermiza que se sufre, la falta de conciencia lineal, la inestabilidad emocional, la intensidad de vida, la transformación que sufre la vida mientras no vemos más allá de la rutina, y en consecuencia, nuestra caza del tiempo tratando de alcanzar la realidad.


Éste es el concepto e idea que da pie a mi investigación, y el problema a resolver por medio de la experimentación será la recreación de esa sensación de inestabilidad a través de la intervención en el espacio y su forma. Éste es el medio de expresión del hábitat, y su medio de provocación y reivindicación recae en el voyeur, quien aceptando o no esta persuasión ya será partícipe de esta performance.


Diversos estudios, investigaciones y performances con el tiempo, espacio y presencia nos llevarán a este contexto de psicodelia en un concreto lugar: La casa de María Langarita, dónde daremos pie a una resolución de espacios, en formas y cúmulos de sensaciones.


El agotamiento de nuestro día a día hace que sin percatarnos suframos esa carrera que te echa la vida. Tú no la ves. O sí, monsieur voyeur…

Nuria Martínez Martínez

 

#10

La manera que he comenzado a conocer mi entorno profesional ha sido a partir de la escultora Raquel Puerta Baró y mis conversaciones con ella. Pretendiendo explicarme lo más explícitamente posible, buscando la exactitud de mis deseos e intuiciones para mi casa, concretando las palabras correctas con las que expresarme a la altura de este mundo, su jerga,… Así, he ido recreándome en la forma de vida de un artista conceptual, junto la exhaustiva búsqueda reflexiva de mi casa.


La interacción del espectador con la vivienda se pretende, trasladando una concreta sensación de inestabilidad a medida que se va interviniendo en el espacio, donde el espectador acaba siendo partícipe de una sumersión enfermiza dentro de la sensación de una pérdida del control. Un aura de psicodelia envuelve la casa.


Es por ésto, por lo que comencé a introducirme en el ámbito de la performance, investigando y leyendo, por un lado, numerosos artículos y estudios al respecto, y por otro, empapandome de la obra diversa producida en la corta vida de lo que yo posiblemente llamaría “octavo arte”.


En mi casa, no se invita a pasar ni a ser partícipe de la experiencia de la performance que se provoca. Ya se es automáticamente sin quererlo, asistiendo o visitando la vivienda de María Langarita, sin aportar nada más que su presencia.


Ésto de lo que os hablo, es clave, y por ello, recupero las palabras de  Esther Ferrer, considerada como una de las mejores artistas españolas de la performance de la generación de los 60, sobre la implicación del público en su obra.


“Cuando en un lugar determinado, a una hora dada, hago una performance, los roles comienzan a confundirse. Es como una trampa. El espectador es tan performer como yo, incluso si decide marcharse, si llega a "interrumpir” la performance e incluso sin querer serlo. Forma parte de la acción, está en el interior" (Esther Ferrer 1995: 36)


Sus palabras dan pie, a la importancia del espacio en mi casa y a la importancia de la presencia en el tiempo. Tiempo, espacio, y presencia, son los únicos medios que se necesitan para la casa de María.

No hacen falta luces, ni teatralización, como ha derivado en el tiempo histórico la performance. Actualmente, observo que su evolución es anversa, y se basa en el distanciamiento del mundo teatral, pues cada vez, los medios son más mínimos. Quizás, evitando esta teatralización. El ímpetu se encuentra en la idea y concepto de partida. La forma en que lo hagas ya es secundario, y la improvisación, ya no es al 100%.


Volviendo a mi casa, y tratando de recrear todo ésto en ella, su forma es secundaria, pero es que también es primaria a la vez, pues su medio de expresión, de provocación y de falta de control, es su forma y nada más. Ella se transforma insitu, según quieras, según te sientas y hagas a través de su pavimento.


En resumidas cuentas, me interesa el miedo, el vivir con él en un devenir y a la falta de conciencia lineal que muchas veces tenemos, a no querer olvidar lo que sucede, a correr tras el tiempo, a la pérdida de conciencia del tiempo mientras observas un caleidoscopio, mientras vives intensamente y vuelves a la realidad. El tiempo, mientras todo esto ocurre, transforma. Y la memoria con él.

Nuria Martínez Martínez