Archivo del Autor: Cristian Francés García

Salvem el Cabanyal.


En la ciudad de Valencia existe un antiguo barrio marinero, el cual es llamado Cabañal Cañamelar. En este barrio, asistiremos una vez más a la eterna confrontación: entre la conservación del patrimonio o el “desarrollo especulativo” de una ciudad.
Este barrio sufre una amenaza constante desde el 1998, cuando el gobierno local (gobierno famoso por sus derroches y su falta de ética y dignidad) aprobó un anteproyecto de Prolongación de la Avenida Blanco Ibáñez hasta el mar.
Este proyecto de prolongación de la avenida supondría la destrucción de 1651 viviendas, y la separación del barrio en dos.
Como respuesta a la presión del ayuntamiento, y el forzado deterioro del barrio (ya que este es un Bien de Interés Cultural) la comunidad de vecinos ha emprendido, aparte de una batalla legal, una serie de acciones, pequeñas, con las cuales se pretende mejorar el barrio.

Esta es la historia de Mónica, una chica sencilla, que adora su barrio, sus calles, sus parques, etc. Ella siempre ha vivido en el Cabañal, y para ella la gente del barrio son como su familia. Un barrio pequeño, de casas unifamiliares mayormente en el cual la gente se conoce, y te saludan al pasear.
Mónica no asumía la mutilación que le querían hacer a su hogar, y como las calles en las que ella jugaba de pequeña, estaban hechas un horror, ya que las aceras estaban rotas, la calzada en mal estado, algunas fachadas deterioradas, y el ayuntamiento no hacía nada. Por eso, un domingo, entre churro y churro, tuvo una revelación. Salió a la calle con un bote de pintura y un rodillo que tenía por el trastero, y empezó a pintar la casa abandonada de delante de su casa. Algún que otro vecino y amigo al pasar por ahí paseando, la vieron y se unieron. No era la fachada más bonita del mundo, ni la mejor pintada, pero estaba pintada con amor.
Al domingo siguiente, Mónica quedó con la gente que la había ayudado y esta vez pintaron su fachada. Esta vez más gente acudió (el boca a boca es un medio muy poderoso), vinieron conocidos, gente con niños, algún anciano, y entre todos dejaron su fachada como un mural con historias del barrio.
Domingo tras domingo, fueron quedando vecinos, y ya no solo se dedicaban a pintar casas estropeadas. Ahora entre los vecinos, había alguno que era electricista, albañil o carpintero, y entre todos empezaron a arreglar las calles que el ayuntamiento estaba dejando morir. Un día reparaban alguna acera, otro algunas farolas. A veces hacían algunos bancos con palets.
Y poco a poco revitalizaron el barrio. El ayuntamiento ya no podía alegar un abandono de este, y gracias en parte también, a la movilización de otra parte de vecinos, consiguieron frenar temporalmente el proyecto de prolongación. Porque un barrio está formado por las personas que viven en él, no por edificios y calles.


Personalmente me adhiero a este mito, ya que nos ayuda a comprender, que vivimos en una comunidad, donde la colaboración entre nosotros es importante. Donde sí nos unimos con pequeñas acciones podemos hacer grandes cambios.

Cristian Francés García.

Re-formateo del portfolio.

Mirando desde la distancia mi portfolio, se ha hecho selección de todos los proyectos anteriores, los cuales según mi juicio pueden responder a las necesidades de María en mi ficción.

Como resultado del reformateo, solo un proyecto cumple con las necesidades de María. Este proyecto es un centro de interpretación (Museo) para el parque arqueológico de Las Dunas de Guardamar del Segura.



Este proyecto hace uso de una arquitectura prefabricada ligera con sistemas industrializados, los cuales le otorgan a la oferta que propongo, la característica de vivienda temporal de bajo coste y con un alto rango de sostenibilidad.


Reflexiones de un usuario

Hoy por hoy, la situación laboral que se encuentran miles de graduados está reflejada de una manera bastante real en las historias de Juan y Paquita. Aunque esta situación se ha expandido a profesionales que llevaban años trabajando, y que ahora con la crisis siguen los mismos pasos que Juan, y algunos afortunados los de Paquita.

Esta nueva situación nos lleva a reflexionar sobre el paradigma de esta sociedad, donde el usuario está predestinado a seguir un guion ya escrito, con diferentes opciones que escoger, pero encaminados en una misma dirección. Y esta crisis, como ya se ha hablado largo y tendido de ella en diferentes medios, no es solo una crisis económica, sino de valores éticos, sociales y de casi cualquier ámbito de la sociedad. La sociedad iba mal encaminada, y ahora ya ha descarrilado.

Este hecho nos hace pensar y reflexionar sobre la historia. Si “los usuarios”, por no llamar a “la humanidad” (suena muy masivo este término) se ha sabido adaptar y cambiar ante problemas y avances. Con la invención de la pólvora cambio la forma en que se ideaban las ciudades, o con la invención del automóvil, los que se ganaban la vida con el transporte a caballo tuvieron que evolucionar o desaparecer, para aparecer el oficio de mecánico.

Pero ahora con este avance tan abrumador de la tecnología, que crea y destruye puesto de trabajo casi sin darnos cuenta, tenemos que cambiar de forma radical nuestra forma de entender el trabajo, y la vida en general.

Está claro que todos podemos trabajar de casi cualquier cosa, una realidad vigente que observamos en el presente, donde un ingeniero puede trabajar de reponedor o un arquitecto en un Mcdonald'S, pero ahora lo que realmente prima es el trabajo creativo. Trabajar creativamente (como Paquita) no es lo mismo que un trabajo creativo (exactamente lo que hacía Agustín). Un trabajo que aparte que nos guste, disfrutemos con él, que nuestras ganas de aprender no cesen, y todo ello desde nuestra propio punto de vista, hacer el trabajo a “nuestra manera”.

Esta forma de trabajar es la que está triunfando hoy en día, ya sea Agustín, Google, Apple, etc. Una forma de trabajar con un enfoque propio, aportar un poco de frescura a este mundo tan rancio, donde prima producir a bajo coste antes que producir de forma creativa o diferente, con mecanismos nuevos, más eficientes y revolucionarios.

Esta nueva forma creativa de trabajar, en la arquitectura lleva un poco más de medio siglo. La arquitectura como la entiende el usuario, siempre ha sido de piedra, pesada, atemporal, cara. Pero se puede crear una arquitectura creativa, con elementos no pétreos, desmontable, prefabricada, rápida, precisa, temporal, más barata. Estamos hablando de la prefabricación y de la industrialización. Con este tipo de arquitectura, que ahora está en alza, podemos con mecanismos más creativos, conseguir resultados equivalentes a la construcción típica que llevamos años haciendo.

Este tipo de arquitectura será la ofrecida a María Langarita, como alternativa a la generalizada arquitectura in situ.


Cristian Francés García.