Llega ese esperado día en el que tras años de sacrificio recibes el esperado título, ese titulo que te “capacita” para poder dedicarte a lo que siempre has querido. Pero al asomar la cabeza al mundo real descubres que te ha tocado vivir en un contexto en el que estar capacitado no es suficiente. Tras años de locura económica y ambición desmesurada, te das cuenta de que tus predecesores han agotado todas las reservas socio-económicas, el sistema se ha colapsado y nos encontramos ante una terrible crisis que va más allá de lo económico. Todos los modelos sociales han quedado obsoletos, ya no funcionan, y por tanto es necesario reinventarlo todo para poder seguir evolucionando.
Llegado este punto miras hacia atrás, recuerdas aquel a aquel amigo de tu padre que era arquitecto y admirabas de niño pensado: “eso quiero ser cuando sea mayor”. O aquel amigo mayor que tú que acabó la carrera años atrás y encontró trabajo enseguida, el cual te animó a seguir tu sueño. Luego piensas en todo el sufrimiento de los últimos años, las noches en vela, el cansancio, el estrés, la desesperación, la tensión, el “no llego!”, etc, y no dudas en que después de ese sacrificio no puedes renunciar a seguir tu vocación. Es aquí donde llega el gran dilema, toca escoger el camino a seguir, ninguno será fácil, y ninguno va a proporcionarte todo lo que siempre soñaste, pero no queda otra.
El primero de los caminos, el cual representa Juan, es el de seguir luchando por lo que siempre has querido, al fin y al cabo, si te ha costado tanto llegar hasta aquí no vas a tirar la toalla ahora. Para seguir este camino vuelves a pensar en esos referentes que tienes, y sigues los pasos establecidos: Redactar un curriculum, cumplimentar solicitudes de empleo, registrarte en todas las páginas búsqueda de empleo posibles, etc. Pero a no ser que tengas mucha suerte la realidad es que las condiciones bajo las que puedes encontrar un puesto son bastante precarias. Corres el riesgo de caer en la desidia y acabar perdiendo tu vocación, para diluirte en la mediocridad de la sociedad, a la que algunos quieren llevar. Esto, tal y como le ocurre a Juan, te acaba dilapidando la autoestima y las ganas de luchar.
En segundo lugar se te plantea la posibilidad, tal y como hace Paquita, de usar el ingenio para salir adelante, sin cerrarte ninguna puerta. Paquita innova para ganarse la vida, se adapta al nuevo contexto, en el medio natural sería ese animal que se adapta al medio y a sus cambios, y por tanto evoluciona. Pero en el fondo cuando renuncias a hacer lo que siempre has querido, nunca vas ha estar lleno del todo. Muchas personas compartirían esta filosofía de vida, pues al fin y al cabo lo realmente importante en la vida son otras cosas y no el trabajo, o eso dicen. Pero cuando de verdad sabes lo que te gusta, cual es tu vocación desde hace muchos años, esto no basta, quieres llegar a conseguirlo cueste lo cueste.
En el camino de en medio entre los dos anteriores aparece Agustín. Éste no renuncia a su vocación para sobrevivir, sino que busca la manera de poder desarrollarla en la difícil coyuntura actual. Usa la creatividad para innovar en lo que hace y así poder destacar en un mundo con tantísima competencia. Se posiciona respecto al resto y ofrece algo que la gente quizás no sabía ni que necesitaba. Utiliza sus conocimientos para ayudar a la gente, y ésta le recompensa en muestra de su agradecimiento.
Este último se podría ver como el camino más apropiado para un arquitecto, puesto que en el contexto actual, y partiendo de la base de que lo que hacemos es vocacional, y no podemos/debemos renunciar a lo que queremos, ésta sería la mejor opción. Al igual que Agustín tiene algo el que el resto no y los comparte para crear un beneficio mutuo, todos tenemos algo en lo que destacamos y que otros pueden necesitar. Por eso a través de la experiencia de cada uno, tanto en el ámbito académico o profesional, com en las propias vivencias personales, nos vamos creando unas capacidades propias. Éstas son las que pueden llegar a diferenciarnos del resto si se es capaz de identificarlas y explotarlas.
Esto se podría aplicar al diseño de una casa. La falta de experiencia profesional, puede ser compensada con otro tipo de experiencias, como puede ser el que proporciona el hecho de habitar. Cuando se vive en distintas casa se aprende mucho sobre cuales son las necesidades reales a la hora de habitar, y cuales son los numerosos fallos que se han cometido en su diseño. Este tipo de capacidades adquiridas por la propia experiencia personal, son las armas que tenemos para poder dar una respuesta innovadora a un determinado problema…
Olmo Losada