Nunca estará de más cuestionarnos si en realidad lo que vemos en muchas salas de exposición, a día de hoy, es realmente arte, o simplemente, nos lo venden como tal, cuando en realidad tan solo es un huevo frito y un kebap sobre una mesa. Algo que sin ir a ésa exposición podríamos contemplar desde nuestra propia casa, sin ni siquiera movernos. Lo contemplaríamos todos los días.
La sociedad comienza a tener presente que la linea de la lógica vital del arte se ha roto, que se ha distorsionado el equilibrio de lo que hace años habría sido sensato en las galerías, y que se ha trastornado el orden de los usos adquiridos.
Pero, como se plantea en“¿Qué estás mirando?: 150 años de arte moderno en un abrir y cerrar de ojos” : ¿Qué es el arte moderno? ¿Por qué se ama o se odia? (Will Gompertz 2013: Epílogo). Will Gompertz nos hace ver en su libro, que el arte, no es arte si no te empapas la historia que hay detrás de las obras, de las personas que hay detrás de los artistas, si no te empapas de la verdadera magia que el arte moderno esconde.
El arte moderno, significó la irrupción de las vanguardias de la primera mitad del siglo XX, que derivó en el arte conceptual, lo que algunos llaman una desmaterialización del objeto artístico. El arte conceptual apareció con manifestaciones muy diversas y con unas fronteras nada definidas, pero una única idea subyacía entre todo esto, y es que no es sólo el objeto físico producido por el artista, sino que tanto ideas como conceptos entran a formar parte del arte.
Avelina Lésper, en su artículo: Brevísimo diccionario de una impostura (2012), dónde expone un análisis crítico y duro del arte contemporáneo, se contrapone a todo lo dicho anteriormente, pues para ella una obra contemporánea es 100% conceptual que despojada de las ideas y del discurso que conllevan pierden su sentido como arte. Ella considera que el arte debe hablar por sí mismo y no llenarse de acompañamientos textuales.
En otro artículo suyo, El arte contemporáneo es una farsa (2012), señala que la carencia del rigor en las obras, ha permitido que el vacío de creación, la ocurrencia, la falta de inteligencia sean los valores de este falso arte, y que cualquier cosa se muestre en los museos.
¿Cómo será considerada esta generación de artistas en el futuro? ¿Serán contemplados como auténticos genios revolucionarios de las artes, o por el contrario, como la generación de ilusos que creyeron que un huevo frito y un kebap sobre una mesa era arte?
Nos encontramos, aún sin quererlo, en una época de artistas incomprendidos, que se resiste a las hilaridades de una oposición con únicamente “gusto estético” que no quiere entender. Una obra podría ser como una amante caprichosa, que requiere un alto precio en esfuerzo mental e intelectual para entenderla como tal, pero hoy en día se califica antes de “genial” al vídeo de un bebé en Youtube.
El arte, a día de hoy, es pensamiento, concepto y experimentación. Su proceso se hace desde el uso de la total libertad, lo que da pie a resultados heterogéneos y totalmente diferentes.
Nuria Martínez Martínez