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TISSUE HOUSE: UNA CASA PARA MARÍA LANGARITA

Jota imagina a María haciendo una videoconferencia con un ingeniero de Japón en su estudio mientras uno de sus hijos trepa por la estructura tejida que Solita está confeccionando en el patio, que a su vez aloja a dos jóvenes que experimentan con un hidrofugante para cartón libre de emisiones nocivas. En su aproximación al aeropuerto de Alguaire, un avión sobrevuela la fábrica y un pasajero es capaz de ver la situación, fotografiarla y subirla a su blog, poco antes de coger un taxi que le acerque a la zona para curiosear.

María está acomodada sobre un gran cojín viscoelástico forrado de patchwork a base de triángulos de colores pasteles, que contrastan con las manchas de óxido y restos de moho que perviven en las paredes de la fábrica, lo que sorprende agradablemente al técnico nipón.  A su vez puede entrever a través de la pared de  tul, cómo en la cocina anexa dos personas almuerzan y hacen garabatos en un pedazo de papel. El niño moviendo algunas ramas hace caer en el cartón hojas que quedan irremediablemente pegadas al hidrofugante y los jóvenes se miran y sonríen confiando que el accidente sea una oportunidad para el diseño de su producto. Solita hace una mueca y manda al hijo de María a que le ayude estirando de dos cables. 

A veces Jota sueña que visualiza en internet una entrevista a María Langarita, en la que ella habla de sus proyectos y de su manera de ver la ciudad, y justo cuando el entrevistador le pregunta qué es para ella una casa, un corte eléctrico le impide escuchar la respuesta. Para él una casa es el lugar donde sucede la parte más íntima de su vida, donde puede relajarse escuchando el ruido de la cafetera, nadando en el mar blanco de sábanas de su cama, o disfrutar haciendo el amor bajo la sonrosada luz del atardecer, y un largo etcétera de situaciones en las que las convenciones son un mero trámite, donde el intercambio de información es menos verbal, menos convencional.

Ahora bien, ¿qué es una casa para María Langarita?  La pregunta ronda una semana tras otra en la cabeza de Jota. Costaría poco esfuerzo descolgar el teléfono y preguntárselo. Pero está seguro de que María querría que lo descubriera él solo.  El encargo es claro:  “Vamos a hacer una casa para alguien que diseña y produce cosas. Manos a la obra. Hagamos una casa para mí, o para ti, o para esa señora, Solita, que fabrica unos tejidos maravillosos”. 

Solita vive en una situación de letargo, a la espera de que pase un milagro que vuelva a activar su vida, la del barrio y la fábrica que la vieron nacer.  A Jota le preocupa que  la rehabilitación de la fábrica termine por ser  una jugada administrativa para convertir el edificio en un elemento más inaccesible y poco productivo.  A María le interesa la manera en que los ambientes fabriles intersectan con los más íntimos. Jota quiere trabajar con el tejido como herramienta, que sea Solita quien pueda construir su propia casa a base de los materiales y técnicas que conoce. 

La casa está llamada a rescatar a la fábrica de la situación de abandono que la habita, sustituyéndola  por un lugar accesible donde personas muy distintas entre sí puedan interactuar y que ello suponga una implementación en su manera de trabajar y en sus productos.  

La casas está pensada para tejer vínculos entre las personas, sus maneras de trabajar y los productos que realizan.  Además lo hará en un contexto rural, reivindicando que existen otras maneras productivas de intervenir en el patrimonio. En la casa será posible entrelazar en las facetas personales y profesionales, apenas desdibujadas por un pedazo de tela. Será posible un modo de trabajo en red analógica, en el que los estímulos e inputs sean palpables.

La palabra tejido ilustra bien la naturaleza y alcance del proyecto, tanto de manera material, como de figurada. El término se refiere al resultado del hecho de tejer (en inglés weave), y al adjetivo que determina que algo está hecho así y no de otra forma, por ejemplo, cosido, hilvanado, pegado (woven, knitted). En castellano, se usa la misma palabra para designar a un trozo de algodón y a los sistemas de células especiales del cuerpo, véase el tejido conjuntivo, o el tejido neuronal.  En inglés, sin embargo para un tejido a base de tela o de hilo se usan términos como fabric o cloth, mientras que para los complejos tejidos orgánicos aparece el término tissue.  Éste último anglicismo tiene la connotación de la suavidad y delicadeza de los pañuelos de algodón en castellano.  Por lo que Tissue House sería un buen nombre para amalgamar el contenido del proyecto. Sin embargo, con esa  denominación quedaría aparte la potente idea presente en el proyecto sobre la producción, y la realidad de la fábrica como contexto. Sin embargo Tissue Factory no es una opción, puesto que el término deja de lado la connotación de habitar. Por tanto una opción muy interesante podría ser usar el término Tissue House asociado al potente icono del edificio, totalmente fabril.

la ciudad imperfecta

La portada del diario más leído de Lérida reza así: “La Mata de Pinyana se convertirá en un ecobarrio modelo para toda Europa”. María ya dispone de las bases del concurso. La Generalitat quiere que el complejo de la fábrica cambie radicalmente con intervenciones que pasan por la demolición de las viviendas de la colonia (respetando algunas de manera simbólica) y la introducción de un detallado programa de servicios dentro de la fábrica.  Todo ello configurando una unidad perfecta, completa y cerrada en sí misma.  Un clásico, la idea de ciudad perfecta, al que no le apetece enfrentarse.

La existencia del complejo en su estado actual es un estigma que habla de un error de cálculo en unos contextos políticos, económicos y sociales de un momento anterior. Jota, que también ha leído el titular ha quedado atónito, pues estaba desarrollando la idea romántica de que su intervención en la fábrica no pareciera más que un proceso acelerado de corrosión y decrepitud, como una patología. Un parásito que colonizara el edificio, que de manera sorpresiva comenzara un proceso simbiótico de revitalización de un espacio. Lejos, muy lejos del nuevo falansterio fourieriano que plantea la prensa.

Ante los deseos finalistas de cierto sector del urbanismo español, Javier Ruiz Sánchez en una conferencia reciente en la Universidad de Alicante planteó que “La imperfección tiene que ver con la capacidad  de evolucionar que tienen las cosas…La ciudad imperfecta es en verdad la que deja espacio para que sucedan la oportunidad y la evolución”.  Las intervenciones que llegan para generar una situación de perfección, si consiguen lograrla, lo hacen para un momento en concreto, tras el cual, las condiciones vuelven a cambiar, y en un espacio breve de tiempo quedan obsoletas. 

Ahora bien, ¿cómo entendería la sociedad una intervención como la que propone Jota? Manuel Ocaña, ante una situación proyectual similar en el trabajo de Casa Mediterráneo, en la antigua estación de Benalúa  de Alicante se lo pregunta así: 

¿Cómo rehabilitar patrimonio, satisfaciendo la demanda de conservacionismo y de low-cost, sin limitarse a embalsamar y proponiendo una actuación radical y a la vez complaciente con los ciudadanos?

Realmente son muchos los requisitos a cumplir. Debería ser muy certero para que la sociedad en general apoyara una intervención como la del joven estudiante. Sin embargo Jota no se siente cómodo ciñéndose a las reglas, ya que entiende que es en el momento en que se transgreden cuando aparecen las situaciones más fructíferas.

Habría que pensar también quiénes son los ciudadanos a los que menciona Ocaña.  Quizá sean esa gran mayoría de integrados que disfrutan de la ciudad y su orden canónico.  ¿Pero qué les espera a aquellos ciudadanos que viven al margen de esa ciudad ideal? Los grafiteros, los yonquis, los inmigrantes ilegales, los ocupas, los inadaptados en palabras de Margaret Mead… ¿Qué oportunidades tienen en una ciudad como la que plantea el proyecto de rehabilitación de la colonia?… 

(continuará)

             

dibujar con tijeras

Jota en su apartamento y Juan en una celda en prisión sienten grados de incomprensión similares.  Todos sus compañeros han aceptado lo singular de sus propuestas y la vinculación emocional con sus trabajos, si bien no han visto en ellos alguien con el cual poder compartir una manera de entender sus disciplinas. Eso les preocupa. En el caso de Jota la sensación de agobio se ha visto apaciguada por la revolución que ha supuesto que María Langarita acceda a ver su propuesta.

La conoció en una conferencia en la que ella defendió con vehemencia la comparación de sus obras con máquinas del tiempo, que traían flujos de energía desde el pasado hacia el presente, y sobre las que ella actuaba introduciendo nuevas interacciones que mandaba al futuro para que otros agentes como ella pudieran intervenir más adelante.

Desde entonces Jota busca esos flujos en cualquiera de los lugares donde interviene.  Esta vez ha entrevistado a Solita durante horas sobre como era la fábrica antes del abandono, la interacción de las familias residentes en la colonia, la manera de compartir el trabajo con su vida.  Para él la construcción de los lugares pasa en gran medida por el conocimiento de los relatos de las personas que los habitan. Se ha aferrado a la lectura de novelas que narran la vida de los que se veían obligados a emigrar a la gran ciudad para prosperar en España en la segunda mitad del siglo XX.

Ha reparado en la importancia de los tejidos y la confección para este proyecto y eso le ha llevado a retomar la lectura de varias ediciones de Harper’s Bazaar y Vogue, lo cual le ha parecido extremadamente interesante y cautivador. Casualmente en el último número de adquirió en el quiosco ya se anuncia la aparición de las fotos de Amparo para el próximo mes de abril. Además ha cortado unos trozos de tul que está plegando y planchando insistentemente con un objetivo que nadie más que él sabe, y que espera poder presentarle a María como una herramienta fundamental para el trabajo en la fábrica.

Por otro lado desea ver en qué forma la niebla presente en el entorno más de sesenta días por año puede ser parte fundamental de la construcción de su proyecto, y sobre su mesa se posan por igual excelentes diagramas de Philippe Rahm y copias de los más bellos ocasos de Turner o de Canaletto. Nadie entiende por qué Jota tiene un Canaletto en su salón. Ninguno de sus compañeros acercarían esas referencias a su proyecto.

En 2002 tuvo la ocasión de visitar una exposición en la Schirn Kusthalle de Frankfurt sobre las obras tardías de Matisse: “mir der Schere zeichnen”.  Allí quedó fascinado por la forma en que, bajo la imposibilidad física del pintor para usar los pinceles sobre el lienzo, comenzó a trabajar la técnica del collage de cartulinas de gouache, omitiendo cualquier tipo de trazo para perfilar una silueta.  De ahí la acertada expresión de “dibujar con tijeras”.  Pues bien, Jota se siente cómodo trabajando con herramientas que no son del todo propias del campo de su disciplina y entiende que hacerlo dota de cierta singularidad y frescura.

Esta tarde tiene una reunión con una costurera que le enseñará a coser sus piezas de tul dejando las costuras ocultas. El viernes tiene su reunión con María, la definitiva para saber si su manera de hacer es aceptada por ella. 

EL MITO

4. Amparo (la modelo) 

     El tinglado para una sesión de fotos tiene cierta complejidad. Se han preparado cuatro escenarios, con las correspondientes pruebas de iluminación. Decenas de cables se camuflan de forma azarosa entre los escombros. Un pequeño generador a gas-oil proporciona electricidad. La sesión debe transcurrir en un espacio breve de tiempo, pues pasadas dos horas la luz del sol no entrará por las ventanas generando el ritmo de iluminación natural que tanto desea  el fotógrafo. 

        El edificio en ruinas es la primera de las pieles que cubre a Amparo. Le siguen un chal y un impresionante vestido de pedrería. Las capas de maquillaje, las extensiones de pestañas y cabello.  Las joyas, los zapatos. Apenas pueden tapar la decepción de la modelo. Está muy triste, y la estilista tiene que retocarle de vez en cuando, porque se le escapa alguna lágrima.   Solita ha decidido quedarse a ver el espectáculo junto a Nati, y es consciente de la situación de la chica:

-Mírala, la pobre, debe pasarle algo.

-Sí,  su novio está en la cárcel. ¿Te lo puedes creer? -discreción aparte.

-No me digas. En todas las casas cuecen habas. 

-Salvó a una morita ilegal y le ayudó a escapar. Lo sé por su madre. Amparo es muy hermética, pero mira, mira qué pedazo de mujer. Es la mejor, sin duda…

-La arquitecta se lo está perdiendo vagando con ese tontorrón.

5. El mito

    Juan era  Guardia Civil. “Era” porque lo acaban de inhabilitar y condenar a nueve meses de cárcel.

   Estando hace unos meses de servicio en una playa con su compañero Antonio, Juan reparó en un bulto a escasos metros de la orilla.  Arreciaba el viento de levante, y alguien tenía dificultades para salir del mar.  En invierno no hay servicio de socorrismo, por lo que Antonio y Juan corrieron por la arena hasta poder darse cuenta de que unos marroquíes flotaban cogidos a una balsa deshinchada que ya no servía para nada.

    Juan no lo dudó un momento, se quitó la chaqueta y las botas, lanzándose al agua fría. Llegó hasta ellos con cierto cansancio.  Quedó perplejo al comprobar  que se trataba de una pareja con un bebé de escasos meses, helados de frío y al borde del ahogo. Braceó para pedir ayuda a su compañero.

…..

    El juez se sienta y da comienzo la sesión. Hoy dicta sentencia. Juan mira a su alrededor, buscando alguna cara conocida. Pero está solo.  Se ha probado en el proceso de instrucción con la ayuda del testimonio de Antonio que, tras rescatar a la inmigrante y a su hijo (el marido se ahogó por la incompetencia de su compañero), los condujo a un hospital donde trataron a ambos por los síntomas de hipotermia y deshidratación. Una vez estabilizados y con la ayuda de una enfermera, Josefina Fuentes, también acusada y sentada a su lado, Juan se las apañó para sacar a  Aadab y a su bebé del hospital y los condujo a otro lugar donde les esperaba un familiar que se los llevó, nadie sabe a dónde.   Juan ha incurrido en varios hechos penados, como lo son “la omisión del deber de perseguir delitos” y “encubrimiento”…, que se agravan por ser “funcionario público” y pertenecer al cuerpo de las Fuerzas de Seguridad del Estado.  La sombra de la inhabilitación permanente se cierne sobre él, pero lo más duro no es la posible condena a prisión, que no podrá eludir por tener ciertos antecedentes penales procedentes de una adolescencia ciertamente oscura, sino la incomprensión de su entorno más cercano.

….

    Cuando termina su jornada, Antonio juega al pádel con dos compañeros del cuartel.  Después de una ducha se sienta en el sofá con sus dos hijos y bromea un ratito con ellos antes de llevarlos a la cama.  Ha sabido hoy del ingreso de Juan en prisión, y siente pena por el tontorrón error de su compañero, pero, desde su cómodo sofá tiene la certeza de haber cumplido con su deber.

…..

    Se encienden los focos y Amparo comienza a moverse al compás de las órdenes del fotógrafo. Nada puede entorpecer este momento. La profundidad de su mirada acongoja a todos los presentes.  

…..

    Al apagar las luces de la prisión, cuando el silencio reina en el módulo, las voces internas se apoderan de Juan. Siente haberle causado dolor a su familia y a su novia, Amparo, pero tiene la certeza de haber cumplido con su deber. 

….

  A Amparo le consuela a medias que Aadab tenga un trabajo digno en una lavandería y atención médica para su bebé, en Segovia, donde la han acogido su hermano y su familia.

preludio

1. Solita

     En un pueblo situado en la llanura prepirenaica, en las mañanas ventosas el aire silba al abrirse paso entre las una tras otra vez repintadas contraventanas de una casa antigua. Desde que murieran sus padres Solita no tiene necesidad de madrugar. Duerme con el mismo camisón de algodón que ha usado siempre, y el aire le hace cosquillas en las puntas de los pies, que asoman por un extremo de la cama.

     Lo normal es que en esta época las mañanas sean calmas, y las nieblas ocupen este altiplano hasta el mediodía. Por eso ella disfruta del vaivén de las sábanas que cuelgan de la sala en la que vive a modo de loft, y que usa para compartimentar el espacio. En algún momento pensó en reparar las carpinterías, incluso tapiar todos los huecos que no fueran necesarios para el acceso efectivo a la vivienda. Estaba acostumbrada a vivir con la vaga luz de la lumbre y alguna bombilla descolgada con un cable enrollado en papel pinocho. Pero momentos como éste, en el que su piel se erizaba por el fresco viento de la montaña, le hacían sentir viva, sensible.

     La casa forma parte de un conjunto de viviendas construidas en serie a principios del siglo XX para acoger a los empleados de una fábrica de hilatura, ubicada cerca de los prados donde crecía la lana. Sus padres recalaron allí después de la guerra buscando prosperidad y tranquilidad lejos de la urbe. Y allí nació Solita, junto con otros muchos emigrantes de su generación. Sólo tres décadas después las industrias de transformación comenzaron a acercarse a las grandes ciudades, tan pronto como los transportes y las vías estuvieron lo suficientemente  desarrollados.

     En ese momento, todos sus vecinos volvieron a emigrar. Pero Solita, que tenía a su madre postrada en una cama por una insuficiencia pulmonar crónica, no vio otra solución que quedarse a su lado para cuidarla.  Su padre se acogió a un acuerdo de prejubilación suficiente para el resto de sus días, que no para los de ella.  

     Ahora, a sus cuarenta y cinco años Solita malvive en esa misma casa, haciendo arreglos a dos boutiques de un pueblo cercano. En el patio trasero tiene un pequeño huerto en el que cultiva hortalizas que soporten el frío. Tres gallinas y un gallo le proporcionan huevos y suaves caldos. Con los retales que van sobrando de los  trabajos, Solita confecciona largos paños a modo de patchwork, que a su vez fusiona con franjas asimétricas de punto con las desaliñadas lanas que todavía conserva de la fábrica.  

    Una de esas magníficas manualidades cuelga a la entrada del recientemente  construido aeropuerto de Alguaire. Así lo decidió el alcalde del pueblo cuando le pidieron alguna muestra de artesanía local para decorar un pequeño rincón. Fue el recuerdo de la antigua fábrica lo que hizo buscar a algún asesor de la alcaldía el trabajo de Solita. Y ella accedió gustosa al ingreso extra, que le permitió hacer frente a todos los atrasos de gastos de la vivienda.

     Mientras Solita prepara su desayuno un pequeño jet privado aterriza en Alguaire. Por las escalerillas bajan una conocida aristócrata, una modelo y una joven arquitecta, que se dirigen a la inauguración de una exposición de un artista en Lleida.