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Entorno profesional: Antonio Maciá/ Ignacio Solano

En el proyecto se buscó desde un principio cambiar los ritmos de la ciudad, se pensó que una cafetería sería una buena opción para conseguirlo. Esta llevaba detrás de si un mensaje de captación de masas basada en estrategias de marketing que a su vez llevaron a intenciones de incidir en lo sensorial, básicamente a través de la vista y el olfato.

Como se pretendía no pasar desapercibido, la idea de captación se buscó de lo que carecía el entorno (el cual es fundamental en el proyecto), es decir, se buscó conseguir un espacio verde que contrarreste con lo colindante. De esta idea surgió una fachada vegetal o jardín vertical.

Las características que se exigieron desde un principio fueron las de conseguir que sea frondosa y colorida (lo cual haría que llame la atención). Había una intención de que esta fachada se luzca por la noche, pero no se podía iluminar con focos debido a que detrás de esa fachada se encuentra la vivienda de María Langarita, por tanto se optó por introducir focos fluorescentes detrás del jardín vertical para que cuando la luz entre en contacto con las flores las haga brillar de una forma peculiar.

Llegados a este punto se abrían muchos interrogantes, no se podía avanzar, las fachadas vegetales necesitan un tratamiento exhaustivo y se dudaba si se le podían aplicar focos fluorescentes. Por tanto, al tener estas dudas sobre la mesa empecé a buscar gente que haya trabajado en este tema. 

Mi primer contacto fue Antonio Maciá Mateus, profesor de estructuras para arquitectura en la escuela politécnica de la universidad de Alicante. Mantuvimos una larga charla en la que me contaba sus proyectos en los que había aplicado este tipo de fachada (más veces de las que creía). Me hizo ver las diferentes variantes que podía conseguir y lo necesario acorde a cada orientación de esta. Además me explicó lo necesario para mantenerla y me dio un contacto muy valioso: Ignacio Solano, con quien estuvo trabajando recientemente.

Me comentó que Ignacio podrá orientarme en la conformación de la fachada. “Lo normal en un jardín vertical es estar manteniendo la vegetación con cuidado porque esta se seca y no crece, el problema que tiene Ignacio es que hay que podarlas porque crecen demasiado” comentaba Antonio.

Ignacio Solano es un biólogo con mucha experiencia en ecosistemas y que aplica sus conocimientos en el mundo de la construcción con las fachadas vegetales, por ejemplo es el creador de la patente de la fachada vegetal utilizada en el Caixaforum de Madrid.

Con su ayuda podré conseguir aquello que se buscaba para seguir definiendo la casa de María Langarita.

ImagenCaixaforum, Madrid

Ignacio Solano


expectativas

Una obra de rehabilitación en el marco del patrimonio edificado es compleja porque está cargada de expectativas de distinta naturaleza  que pueden analizarse de manera autónoma.

Un primer grupo teniendo en cuenta el momento de su aparición son las administrativas, burocráticas, gubernamentales.  En la actualidad, aunque no sabemos por cuánto tiempo (véase el ejemplo de Italia) las administraciones  costean la financiación de su patrimonio histórico. El hecho de que cada vez sea mayor el número de elementos catalogados y los presupuestos más bajos hacen cada vez más probable la ficción que, a modo de juego proyectual, María Langarita planteaba en un ejercicio docente.

En muchas ocasiones la rehabilitación comprende unos procesos complejos para evitar que el deterioro sea mayor, para lo cual, hace falta un profundo conocimiento de los sistemas constructivos con los que el edificio fue planteado, de manera que la acción pase desapercibida, cual operación de cirugía estética, en la cual nadie pueda apreciar lo que allí sucedió, otorgando al edificio una suerte de superpoderes que lo hacen inalterable ante el paso del tiempo.  En este caso existe un grado de tolerancia alto.  Por ciertos colectivos es pensado en “modo apocalíptico” que cualquier tiempo pasado fue mejor que el  actual, y preservar su memoria es de justicia.  Dicha afirmación es digna de reflexión meditada, quizá en otro momento. 

Otro tipo de expectativas son las de aquellos individuos que conviven con el elemento bajo cuestión. La señora que vio morir a todos sus ascendentes y nacer a sus descendientes en un sanatorio tiene una visión muy distinta del edificio al promotor que quiere derruirlo para construir un fantástico vecindario ecológico en la parcela que lo soporta. En palabras de José Antonio Marina: “Bajo diversos puntos de vista vivimos entre los significados que damos a la realidad.  Una realidad que solo aparece llena de posibilidades ante los ojos de quien va a ser capaz de habitarla”.

El trabajo se convierte en un tipo de desfiladero en el que el margen de actuación es muy limitado.  Los agentes que intervienen en el proyecto de rehabilitación del patrimonio son individuos con un grado especial de responsabilidad hacia lo que hacen.  En primer lugar necesitan defender vehementemente ante los distintos agentes la verdadera necesidad de la acción que proponen.  Para ello deben establecer un diálogo  con el edificio, conocer su historia, lo que allí pasó, cómo se construyó y por qué fue así y no de otra manera, qué contexto social, político y moral lo vieron nacer, y qué otros lo hicieron cambiar a lo largo de su historia. Todo eso determina la manera de hacer al elegir los materiales y las técnicas constructivas. Y generalmente todo acaba en una reparación de determinadas cerchas  y en varios dispositivos que permitan de una manera oculta tener wifi en Dios sabe qué sacristía. 

Cada vez más se cuestiona esta manera de hacer. Hay muchos edificios que se conservan no sólo por su valor histórico o su condición de documento, sino porque están llamados a albergar una nueva actividad que viene del rabioso momento del presente que nos ocupa. Cada vez más, este presente es una condición igual o más potente que el pasado que lo precedió. Ya lo dice Marina.

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MARINA, José Antonio, Teoría de la inteligencia creadora. Barcelona: Anagrama, 1993.