Como ya dije que la casa de María era un espacio comprendido en toda la ciudad, o en fragmentos de esta, ya no solo consideraba los fragmentos físicos, sino también aquellos espacios que estuvieran relacionados con las sensaciones, percepciones y emociones. Para mi debate, he buscado diferentes posturas, las que creo que a mi juicio valoran y tratan esos temas que me interesan tanto directa como indirectamente, y las que, de alguna manera son opuestas, aún no viéndose explícitamente. De todas estas posturas, teorías, que salen de ámbitos variados y sin aparente relación, he extrapolado ideas o conceptos para enfrentarlos, acercarme a una postura determinada y extraer más información de los temas que me interesan, tanto lo que quiero, como lo que no quiero hacer.
En ese ambiente en el que se mueve mi propuesta, consideraría una ciudad, y por tanto una casa, subjetiva, de los sentidos, de las sensaciones y recuerdos que nos envuelven en cada palmo. En contraposición a esta ciudad, estaría la ciudad que todo el mundo ve, física, científica y empírica, determinada y reglada por parámetros urbanísticos fijos.
Partiendo de la visión de Isaiah Berlin de un pensamiento difuso que se mueve a varios niveles captando la esencia de una amplia variedad de objetos y experiencias sin un orden claro. Se puede entender que la casa, la vida de un sujeto o colectivo, la definen los objetos y experiencias previas. De esta idea, que ahora desarollaré, pensé en esos objetos como, ya no solo el objeto físico en sí, sino también, esa primera impresión, el recuerdo de ese objeto, incluso un color, es algo que nos define, que define nuestro espacio sea el que sea y es así por una razón. Sobre este aspecto, Wassily Kandinsky, era un experto, tanto por ser un pintor abstracto, y saber representar esa sensación que tanto me interesa de un significado diferente según la persona que lo oberve y las percepciones que tenga, como también por ser un teórico sobre el color y sus efectos. En su libro “De lo espiritual en el arte”, define dos efectos diferentes del color sobre la persona, uno físico, la fascinación por la belleza y las cualidades del color que son sensaciones de corta duración, superficiales y que no dejan una impresión permanente en el alma, aunque si que pueden despertar sensaciones más profundas y pasar también una vivencia. Así, un objeto que percibimos por primera vez nos producen una sensación psicológica, de la que, tras esta experiencia, obtenemos un conocimiento que queda integrado en nuestra mente. Poco a poco vamos conociendo nuestro espacio y sus misterios desaparecen, pero permanecen como recuerdos. Y otro psicológico, cuando nos desarrollamos aumentamos el número de cualidades que atribuímos a los objetos, adquieren un valor interior, un sonido propio, interno. Refiriéndose a color, trae consigo una conmoción emocional, una vibración anímica, la fuerza física elemental por la que el color llega al alma.
Por tanto, si trato de relacionar estos dos conceptos, formaría un lugar donde todo en el que todos los objetos, el contorno o las formas que definen ese espacio o incluso las relaciones sociales que se dan, tiene una influencia tanto física, como psicológica en el individuo. Y es esto, lo que define lo que es su hogar o su espacio conocido y definitorio de la persona, a través de sensaciones y experiencias.
En el lado opuesto, he querido identificar el Pao de la chica nómada de Toyo Ito, porque, a pesar de que el ámbito en el que se mueve esa joven es toda la ciudad, tal como yo sugiero, la conclusión que extraígo es que, esas muchachas viven en una “casa” desperdigada por toda la ciudad, su vida pasa en fragmentos del espacio urbano, como un collage. No importa donde cubran sus necesidades, mientras las cubran, parece que vayan al unísono y a los mismos lugares, aunque nadie parece conocerse, a lo que se llega es a un entorno deshumanizado, carente de significado, solo se busca exhibirse y vivir de la ciudad.
Además, dentro de esta postura contrapuesta, quiero tratar a Rem Koolhas y su Ciudad Genérica en su libro “The generic city”. En este concepto, Koolhas, cuestiona, ¿Cuáles son las desventajas de la identidad; y, a la inversa, cuáles son las ventajas de la vacuidad? ¿Y si esta homogeneización accidental − y habitualmente deplorada - fuese un proceso intencional, un movimiento consciente de alejamiento de la diferencia y acercamiento a la similitud? ¿Y si estamos siendo testigos de un movimiento de liberación global: ‘¡Abajo el carácter!’? ¿Qué queda si se quita la identidad? ¿Lo Genérico? Para Koolhas, el pasado quedará demasiado pequeño para poder habitarlo en el futuro, por lo que sugiere es que la ciudad genérica, esa ciudad sin identidad, surgida de la nada y que rechaza todo lo histórico, todo lo que sean recuerdos. Se ha liberado del centro de la ciudad, no requiere mantenimiento, si se vuelve vieja, y por tanto histórica, se autodestruye y se renueva.
Es una continua repetición de un mismo módulo estructural, todo parece igual, las sensaciones son débiles y pequeñas y estan lejos de las emociones. La idea de “genérica”, es una idea común, que invade a las identidades locales del resto de espacios, eliminándolas y borrando la diversidad. Llegando a crear entornos, vacíos, sin significado, sin vida, donde las personas cubren una necesidad y desaparecen, donde nadie se identifica con nada ni nadie y donde se elimina los sentiemientos y emociones que enaltecen el alma.
definiciones del pao de Toyo Ito y de la Ciudad Genérica de Koolhas, las entiendo como a lo que no quiero llegar, aunque de ellas también saco conclusiones, las cuales puedo llevar a donde me interesan. Contrariamente a lo que se dice en la ciudad genérica, un lugar tiene una identidad, y cada persona sobre él, se define y define su entorno, por tanto cada uno siente que pertenece a un lugar y se tiene un vínculo con él, por experiencias, vivencias y recuerdos. Adquiere así esa dimensión temporal, que Koolhas en su definición rechazaba para su ciudad genérica. Por tanto, que un sujeto, “habite” una casa, ya no sería el hecho de instalarse en un punto fijo, sino de tener una relación con el entorno y darle esa identidad y valor. Como decía Heidegger, el hombre se define por su relación con el mundo.
La postura de Berlin y Kandinsky, se adapta y refleja bien temas de mi proyecto en los que estoy trabajando, y que, se unirían a la extrapolación anteriormente hecha. Definiendo ese entorno de emociones, recuerdos, sensaciones en el alma y con esa identidad que le da valor y lo hace propio de cada uno.
Joan.