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La arquitectura y sus propios medios. Los “transductores”

Ahora, cuando vemos que las profesiones pueden entenderse de formas muy diferentes. Y que cada profesional trabajará de forma bien distinta según la entienda, la tradición reflexiva de la arquitectura puede servir no para debatir qué debería ser o no ser el arquitecto como profesional abstracto (más cuando hemos superado el deber/ser de la modernidad) sino para ayudarnos en la búsqueda del oficio del Cualquiera.

En el anterior post explicaba cómo, en la arquitectura, e imagino que en cualquier profesión, la dicotomía entre teoría y práctica jugaba en contra de la posibilidad de encontrar una “teoría de la práctica”, una heurística, para nuestro oficio. Y terminaba apuntando una idea interesante de Gardner: entendernos como emprendedores podría romper esta dicotomía.

(Disclaimer: seamos o no “emprendedores” todos trabajamos por encargos que llevamos inevitablemente a nuestro propio terreno).

Las ofertas y encargos definen el oficio

La hipótesis, por tanto, es que ese oficio del Cualquiera sólo puede definirse en el encargo. Y un poco antes incluso, en las ofertas que hacemos para conseguir encargos. Ofertas y argumentos de venta, son lo que nos hacen conseguir encargos y cada uno simpre lo hará diferente, siempre, se llame Juan, Paquita o Agustín.

Sería divertido imaginar una historia centrada en ciertos personajes que, con sus ofertas y los encargos que consiguieron, cambiaron el rol social de la figura del arquitecto. Veríamos que la reflexión y la abstracción son herramientas del arquitecto tanto como lo han sido en distintos momentos de la historia la geometría, el dibujo, la publicidad, la maqueta, etc. Y que esas herramientas se derivan de los encargos que recibían o inventaban. Y, además, seríamos por fin conscientes de todo lo que está implicito en hacer una oferta. Pues una oferta explica la forma de trabajar, los medios que se usarán, tiempos, economía,…

Donald A. Schön lo describe bien en su libro The reflective practitioner:

From the perspective of Technical Rationality, professional practice is a process of problem solving. Problems of choice or decision are solved through the selection, from available means, of the one best suited to establish ends. But with this emphasis on problem solving, we ignore problem setting, the process by which we define the decision to be made, the ends to be achieved, the means which may be chosen. In real world practice, problems do not present themselves to the practitioner as givens. They must be constructed from the materials of problem situations which are puzzling, troubling, and uncertain.
Alberti nos decía que la arquitectura es, ante todo, diseño. Aunque esté informado por el conocimiento de la tradición constructiva entre otras… Por tanto, vamos a ver qué es el diseño para ver qué ofertas podemos hacer para conseguir encargos.

El diseño más allá de la idea

Hands_free_lollipopTim Ingold puede sernos de gran ayuda. Según él, un objeto diseñado es un objeto que presenta a la vez el problema que pretende resolver y su solución. En su artículo The sighted watchmaker nos explica cómo una simple cuchara es la solución al problema de llevarnos la comida líquida a la boca desde la mesa, pero también, en sí misma, establece este problema. La cuchara es la que determina esta necesidad, pues también podríamos tomar el líquido directamente del cuenco en que está, o de la olla y evitar el cuenco también…

Eso es precisamente lo que hacemos al hacer una oferta. Le presentamos al potencial cliente su problema y le resumimos cómo vamos a solucionarlo. El trabajo de Martí Guixé es paradigmático en este sentido. No necesitábamos apoyar nuestro chupa-chups hasta que él le puso tres palos para que se mantuviera en pie. No en vano, dice trabajar básicamente con ideas y se relaciona con la corriente de “diseño crítico” que podría equivaler a la arquitectura crítica que comentábamos en el anterior post. Guixé es coherente, sin embargo, pues su estudio produce “ideas y conceptos para propósitos comerciales”, lo expresa claramente. Pero el trabajo es el mismo: buscar problemas (o crearlos) y las correspondientes ideas para solucionarlos, sin que su realización tenga mayor importancia, más allá de la demostración efectiva de lo ingenioso de la solución.

Éste no el campo de acción normal de los arquitectos, pues sus diseños normalmente han de ser usables y tener cierta durabilidad. La experiencia de una gotera en casa, con su correspondiente cubo para recoger el agua, nos quita en seguida la idea de que alguien quiera vivir en una idea cuya realización no importa.

Sin embargo, hay una razón más para que busquemos un diseño que valla más allá de las ideas. Como veíamos con la teoría crítica, trabajar con ideas nos coloca frente a el mundo, no dentro de él. Si estamos fuera no podemos modificarlo, sólo posicionarnos en él.

El diseño más allá del contexto

plano-de-situacic3b3nTambién explica Ingold otra visión del diseño que sí tiene en cuenta el mundo: la “darwinista”. Al igual que algunos científicos entienden que el “diseño” de un murciélago puede deducirse analizando el contexto que lo ha hecho evolucionar, así podemos pensar que el diseño de una casa puede derivar de su contexto. Científicamente, digamos. La arquitectura vernácula es un buen ejemplo. Muchas veces se nos da a entender que es el resultado de unas circunstancias materiales, tecnológicas, culturales, etc. Esta idea “borraría completamente toda la contribución creativa de los artesanos tradicionales a las formas que construyen. Serían reducidos a meros intermediarios, destinados a implementar diseños que ltransportan, sin saberlo, en sus cabezas”.

De esa forma se “elimina la agencia creativa del constructor humano”. Ya con arquitectos de por medio, la Casa Ugalde de Coderch es un ejemplo de este paradigma, al menos la forma en que su croquis de situación de los árboles y las vistas se ha explicado como el “generador” de las formas del proyecto. En el extremo, omo si Coderch no hubiera añadido nada a las condiciones de contexto.

Ya veíamos que, en los trabajos que vienen, importa precisamente la creatividad y el talento. Las cosas que las máquinas no puedan hacer, y si de algo saben las máquinas es de tomar datos y analizarlos.

Cómo se hace una oferta

Bien, si nuestra idea del diseño no es desarrollar ideas ingeniosas y tampoco es responder a las demandas del contexto, ¿qué es?. O más útil, ¿cómo vamos a plantear nuestras ofertas de diseño a nuestros clientes?

Seguimos con Ingold. En su precioso artículo Bodies on the Run, propone una idea interesante que quizá nos saque de este lío: los transductores.

Ser transductores es lo que tienen en común una cometa, el pasador del lazo de un vaquero, un violonchello y el torno de un alfarero. Los cuatro objetos sirven para “convertir el ductus – la cualidad cinética de un gesto, su flujo o movimiento – de un registro, la cinestesia corporal, a otro, un flujo material.”

En próximos posts veremos más sobre el pensar haciendo y cómo las repeticiones de los gestos sentidos habilidosos son toda una operación reflexiva. Cada uno de ellos, según Ingold. Por ahora, quizá sea suficiente quedarse con la idea de que para fijar en una oferta el alcance de nuestros diseños tenemos que encontrar cuáles son las transducciones que queremos hacer: en qué flujos de materiales queremos incorporarlos para que, con sus formas y funcionalidades, los modifican de qué manera y traduciendo qué gestos.

Esta idea sería aplicable no sólo a a la definición de los problemas a resolver en el diseño. Sino también a las propias tareas y herramientas para diseñar: dibujos, maquetas, entrevistas,…

21Creo que es una bonita manera de pensar nuestras ofertas. E incluso los encargos que nos hacen aunque tengamos un trabajo por cuenta ajena.

Pensar en nuestros “objetos” de diseño, o trabajo en general, como la oportunidad de involucrarnos en entornos dinámicos en los que nuestro propio dinamismo importa y puede marcar la diferencia. Trabajar sobre esos “objetos” una y otra vez, viendo cómo influyen y reaccionan en esos entornos dinámicos y en nosotros mismos. Comprender esos entornos mientras trabajamos, comprendernos a nosotros mismos. Crecer dentro de ellos y hacerlos crecer.

Volviendo a las historias de Juan, Paquita y Agustín, ésto último es lo que hace su historia más inspiradora: su trabajo le hace crecer a él y al entorno en el que se desarrolla. Ésos son los trabajos que podríamos incluir en un curriculum que nos cuente mejor.

Hacia una teoría de la práctica, y al revés.

Edwin Gardner nos resume rápidamente en su texto Architecture left to its own devices la evolución de la relación entre teoría y práctica en la arquitectura:

Hubo un tiempo en que la práctica estaba guiada por la idea de legitimidad, como lo opuesto al pragmatismo, y actuaba según una verdad moral y no según las contradicciones de la realidad. La legitimidad de la arquitectura se representaba a través de rituales en los que las reglas sagradas de un arte antiguo se transmitían de maestro a aprendiz. La verdad profesional estaba deteminada por los gremios y después, por elaborados catálogos que contenían precedentes y reglas de estilo que funcionaban como las sagradas escirturas de la arquitectura. entonces llegó el manifiesto; la arquitectura pasó de ser legitimada por las tradiciones del arte, a ser legitimadad por nuevas ideologías. En el último siglo, estas ideologías pasaron del manifiesto de 5 puntos a la importación de -ismos como el deconstructivismo, estructuralismo y racionalismo. Estos -ismos evolucionaron desde los dominios de la filosofía post-moderna a los ideales que legitimaron la práctica y la forma arquitectónica. Los arquitectos de papel juntaron la teoría y la práctica y las metieron en galerías de arte y salas de conferencias, pero esta convergencia terminó cuando el mercado arrancó de nuevo y la construcción volvió a empezar. Entonces, la teoría se quedó en la academia mientras la práctica salía tras el dinero.

Lo que más me llama la atención es la necesidad de legitimación universal que da a entender este fragmento y que representa cómo la mayoría de arquitectos entiende su trabajo. Gardner aboga en cambio por “una teoría de la práctica” que nos permita saber “qué hacer” en nuestro trabajo diario. Una heurística (1 y 2). Que es también lo que nosotros buscamos, pero su texto no deja de lado la idea del universal.

Pero, ¿por qué la arquitectura se adhiere tan fuertemente a lo universal?

Creo que es interesante pararse un momento en la idea del universal. Podríamos rastrear sus orígenes en los orígenes de todo universal práctico: la primera mitad del S.XX que, no por casualidad, es la época en que el mundo se vuelve global. La época de las guerras, por primera vez, llamadas mundiales, la época de los derechos humanos,…

Esos años son precisamente cuando finalmente se abandonan los gremios que organizaban los artes y aparecen las profesiones. Entre ellas la de arquitecto.

alberti1hÉsta aparece, propiamente definida, en el Renacimiento y tiene, según Tim Ingold en su texto On building a house, un momento clave en el tratado de Alberti De re ædificatoria para la arquitectura moderna. En él, Alberti hace un gran esfuerzo por que se entienda que el arquitecto no es un carpintero ni un cantero. Hasta entonces se había usado la palabra arquitecto para designar al máximo responsable de una obra, de ahí la palabra: “ἀρχιτέκτων (arqui – tectón) (primero – obra), que significa literalmente el primero de la obra“.

En la época de Alberti, algunas obras tenían directores y otras no. Por ejemplo, una pequeña casa de un campesino o una silla no la tenían. Pero un palacio, una fortificación, un gran puente o una catedral, sí lo tenían. En ellas, el arquitecto era quien se encargaba de que todo saliera según lo previsto. Por eso, según los materiales que se usaran, el arquitecto sería un gran maestro cantero o carpintero que usaba dibujos para dar órdenes en la obra y pensar sus formas.

A partir del renacimiento, gracias a la mayor abundancia económica, el trabajo se divide y especializa. Todo el tratado de Alberti puede leerse como un intento de que el arquitecto deje de verse como un artesano manual y pase a entenderse como un hombre ilustrado. Un hombre de “intelecto e imaginación cultivados” que es capaz de “proyectar formas completas en su mente con ningún recurso material”. Aquí es donde el arquitecto se convierte en un diseñador (pues sus herramientas preferidas son el dibujo (disegno), la geometría, cálculo,…).

En este contexto, y a partir de entonces, el propio arquitecto se va especializando según sus distintos objetos de diseño y sus herramientas. Así aparecen ingenieros que con el cálculo diseñan puentes, diseñadores que dibujan y prototipa muebles y objetos, ingenieros industriales que organizan procesos,… y, por fin, el propio arquitecto que dibuja edificios.

Pero, después de este rodeo, aún no sabemos porqué los arquitectos son tan dados al universal. Por qué siguen necesitando teorías legitimadoras para su trabajo y no se conforman con que la gente quiera pagar por sus diseños, como cualquier diseñador de mobiliario, por ejemplo. Mi argumento es que se debe a dos razones principales derivadas de esa historia que hemos intentado trazar:

  1. Cuando se hizo “el reparto final” de los objetos de diseño el arquitecto se quedó con los edificios. En ese momento, los edificios a construir eran principalmente viviendas. Después de la destrucción de las grandes guerras había una gran escasez de vivienda que, además, se estaba definiendo como un derecho universal y cuyos proyectos masivos redefinirían desde las grandes ciudades europeas hasta cada pequeño pueblo. Hubo “ensanche” para todas las escalas. El objeto de diseño del arquitecto es el que más está definido por los estados, grandes franquicias de la universalización, cada uno dentro de sus fronteras. De hecho, donde más “teoría universal arquitectónica” se produce en esa época es en Europa. EEUU, por ejemplo, tiene una historia de la vivienda bien diferente y sus arquitectos no son tan tradicionalmente universales a pesar de lo mucho que han heredado de la tradición europea.
  2. Por otro lado, la arquitectura se queda con el término original, son los otros los que se especializan y toman otros nombres. Así que también se queda con la historia que va pegada a ella y con toda su tradición reflexiva. Esto es un handicap porque mientras los otros inventan nuevas profesiones, cambian el objeto de sus ofertas y encargos y reciben nuevas atribuciones legales y en el mercado, el arquitecto se queda reflexionando: ¿quién debería ser yo?.

La teoría como herramienta y no como marco

El rodeo que hacíamos antes también nos ha servido para otra cosa: descubrir el momento en que pasamos a entender el trabajo del diseñador como un trabajo principalmente mental.

Algo que juega en contra de la búsqueda de la heurística del oficio. Pues esta idea del diseño puede paralizarnos. Según ella: pensar, diseñar, serían cosas que uno hace en su mente, parado, mientras que la realización supone un movimiento.

Pavelló_alemany_(Barcelona)_-_29En la década pasada, sobre todo en EEUU, de nuevo según un artículo de Edwin Gardner de 2006, Revising Practice,  se generó un debate interesante en torno a la relación entre práctica y teoría. En los años en que los -ismos se adaptaron a la arquitectura, la teoría de arquitectura se entendió como un ejercicio de crítica que generaba un corpus teórico dentro del que la práctica de la arquitectura podía enmarcarse o representar. De esta forma, la teoría se separaba de la realidad, pues no operaba en ella. Y la práctica se convertía en una metáfora construida de esa teoría. El ejemplo que se debate es la obra de Mies Van der Rohe que se entiende dentro de una ideología crítica.

En ese paradigma, el arquitecto utiliza la teoría como una forma de análisis crítico de la realidad que, como ideología, enmarca y da contexto a sus obras que sí están en la realidad y se diseñan con herramientas arquitectónicas. Para ello el arquitecto debe manejar las herramientas propias de su oficio y/o, si se dedica a la crítica, también las herramientas de la sociología, filosofía, etc. Eso sino quiere ser un pseudo-todo…

Para los detractores de esta teoría crítica: “Este estatus de estar en el mundo pero resistiéndolo se consigue con la manera en que el objeto arquitectónico refleja materialmente su contexto espacial y temporal, así como en la manera en que sirve de traza de sus sistemas productivos.”

Esta no es la teoría que buscamos. Todo lo contrario, queremos una que nos permita pensar haciendo y hacer pensando. No buscamos explicaciones. Buscamos una teoría-práctica, no un marco que explique nuestros proyectos.

¿Hacia dónde vamos?

En ambos artículos referenciados, Gardner no consigue encontrar una solución para la teoría-práctica. Creo que se debe a que su discurso da demasiada importancia a la posición crítica del arquitecto ante el capitalismo, lo que le hace mantener la postura algo naïve de que cada uno de nuestras obras debe manifestar algo. Una posición más relajada a este respecto le llevaría tranquilamente a una solución, pues él mismo apunta una idea interesante: el arquitecto es también un emprendedor.

Para el que sólo queda, por fin y ante todo, la definición de sus herramientas y su campo de acción. Y ver en qué sentido la teoría es una de estas herramientas para que informa y nace de su trabajo. Ahí la tradición reflexiva que hereda la arquitectura se convierte en una oportunidad.

Juan, Paquita y Agustín. Tres recorridos profesionales en la nueva economía

Hace unos meses John Robb publicaba un “cuento” sobre dos recién graduados y cómo evoluciona su vida a lo largo de 10 años. Dentro de su trabajo sobre la reinvención del sueño americano, este artículo me pareció especialmente ilustrativo para explicar cómo están cambiando nuestras expectativas laborales.

Los chicos en cuestión en sus 20 y pocos, podrían ser los equivalentes por estos lares de Juan y Paquita. Ambos empiezan juntos la universidad, y cuando terminan están sin trabajo. Cada uno toma un camino:

Juan

  • 1Año 1. Juan se centra en encontrar un buen trabajo. Mientras lo busca, vive con sus padres y no es muy feliz. Finalmente empieza unas prácticas pagadas.
  • Año 2. Se atasca con las prácticas viviendo a base de noodles sin muchas aventuras y termina en un trabajo de aprendiz en una empresa mediana después de insistir durante un año.
  • Año 4. Después de 2 años de trabajo, la empresa hace un ERE y echa a Juan por ser de los últimos en entrar. Juan se pasa los siguientes 6 meses (menos mal que tenía algo de paro) buscando otro buen trabajo, pues no se conformará con menos. Sin pasta, y debiendo el coche y a casi todos sus colegas, consigue un trabajo a tiempo completo como comercial. Como tampoco es muy bueno no gana más del mínimo.
  • Año 6. Entre trabajo de comercial y trabajo de camarero, y aún con deudas, consigue un trabajo en una pequeña empresa “de lo suyo”.
  • Año 9. Juan se pasa los siguientes 3 años trabajando ahí. Como la empresa también está siempre en el borde de la quiebra, gana poco y le pagan simpre con retraso. Además no gana mucho más que el sueldo mínimo que ganaba en los otros trabajos, pero el trabajo es mejor. Al tercer año, el dueño de la empresa la traspasa para sacarse algo para su jubilación y echan a casi todo el mundo.
  • Año 10. Juan deseaba realizar el sueño de la clase media que prospera gracias a la universidad, pero la realidad es que ya no hay puestos de trabajo en su sector. Su novia le plantó la última vez que le despidieron porque estaba tan deprimido que no se podía aguantar. Un año más de comercial no le ha levantado el ánimo.

Paquita

  • 5Año 1. Paquita no se estuvo quieta durante el último año de universidad. Se enganchó con un par de aplicaciones para móvil con las que sacaba unos euros extra para no pedir tanta pasta a sus padres. Cuando el trabajo que esperaba no se materializó, empezó a dedicar más tiempo a estos servicios y aumentar el dinero que ganaba con ellos.
  • Año 2. Aunque eran online, Paquita conoció a otras personas en su zona que hacían lo mismo. Se juntaron y alquilaron una casa juntos. Entre los tres, tenían muchos flujos de ingresos, incluyendo el alquiler de una habitación extra del piso. Paquita también consiguió algún trabajo más técnico con herramientas que aprendió a usar en internet, pero no era regular.
  • Año 4. Los tres amigos ganaban lo suficiente para cubrir el coste del piso, alquilándolo y montando pequeñas rutas guiadas para los huéspedes. Paquita se hizo bastante reconocida en estos trabajos. Tenía 10 flujos diferentes de ingresos que iban y venían, y en algunos hasta ganaba 20 euros por hora. Combinando esto con que la casa no les costaba dinero, empezaba a salir adelante.
  • Año 6. Paquita decide irse a vivir con su novio. Él tenía un trabajo convencional, lo que le había permitido comprar una casa (a Paquita no se la daban con trabajos así). Desafortunadamente, le despidieron 6 meses después de comprarla. Afortunadamente, ella entonces ganaba lo suficiente para pagar la hipoteca. Como él tampoco encontraba ya trabajo, Paquita le enseñó cómo arrancar los flujos de ingresos (al principio le costó pero se acostumbró en unos meses).
  • Año 7. Invierten mucho en la casa. Instalan sistemas para recoger agua y filtrarla, sistemas de producción de energía solar (suficiente como para venderla en el nuevo mercado local) y un jardín bien grande para plantar. Todas estas mejoras aumentan el precio de la propiedad en un 50% porque una casa como ésa es la que buscan los sesentones para tener menos gastos cuando sus hijos se van. La venden bien y compran otra más grande con una hipoteca baja.
  • Año 10. Otro salto y tienen una casa libre de hipotecas. Entre los dos tienen 30 flujos de ingreso diferentes, gracias a aplicaciones y otras cosas que hacen online y por el barrio, y otros ingresos por la propia producción de la casa: comida, energía y agua. Con todas estas vías de ingresos pueden vivir confortablemente, trabajando menos horas al día que en un trabajo convencional. el resto del tiempo se la pasan juntos haciendo cosas, viajando y pensando y construyendo nuevos flujos de ingresos de forma creativa. Son felices donde están, así que se casan y comen perdices.

Traducción libre mía adaptando algunas cosas a la idiosincrasia local.

Hablemos primero de Juan. Nadie quiere estar deprimido dentro de 10 años así que no tomaríamos ese camino… Pero también podemos pensar: “¡dentro de 10 años ya no habrá crisis! Soy precaria unos años y luego tengo mejor curriculum para los nuevos trabajos” Pues parece que no. El mismo John Robb está dedicando estos meses a escribir un libro que desmonte ese argumento. Los datos que maneja son de EEUU. Una economía que supuestamente está más recuperada que la europea después de la crisis de 2007, pero aún así es incapaz de crear los empleos que se destruyeron entonces. Lo que es peor, los estudios indican que, crisis a parte, no sólo no se crearán nuevos empleos sino que los existentes desaparecerán. Pues ciertos avances tecnológicos que ya se están desarrollando (como el análisis de ‘Big Data’, el abaratamiento de sensores, la conducción automática,…) van a sustituir a los “operarios burocráticos”, al “proletariado informacional” y a muchos más… Se puede extrapolar esa situación a Europa, ningún país está preparado.

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La gráfica muestra que (cuando se produzca el siguiente escalón de avances tecnológicos) el 47% de los empleos actuales serán sustituidos por máquinas. En unos 10 o 20 años.

Así que ahí se queda Juan con su calvario… Vamos con Paquita.

No sé vosotros, pero yo cuando leí ese artículo me vi más como Paquita :) . El paradigma bajo el que vive en el cuento es la Economía Directa que:

  • Minimiza el papel de los intermediarios. Finanzas, comercio minorista, abogados, estado. Los aduaneros del viejo mundo.
  • Desmadeja cosas que solíamos dejar a la burocracia industrial del pasado. Desde la educación a la ciencia, pasando por la manufactura y…
  • Punto ciego. Es algo que el edificio entero de la vieja economía no puede ver, así que ni te molestes intentando explicárselo. Hay también cruce entre las dos economías pero más temprano que tarde, la «direct economy» eclipsará a la vieja…

Y es el paradigma que John Robb propone como alternativa:

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Aunque ya vemos ejemplos, ejemplos y más ejemplos de cómo funcionarán las vías de ingreso de las que habla, y casi todos hemos experimentado alguna, no deja de tener un punto de ciencia ficción. Porque, siendo realistas, la economía burocrática aún nos pone muchas pegas para ser personas económicas fuera de sus cauces establecidos. Los ejemplos son abundantes.

Auqnue será posible en unos años, creo que lo que Paquita hace en el cuento no es suficiente. Lees la historia y la prefieres a la de Juan, pero aún falta algo ¿no os parece? Vamos a intentar descubrirlo.

La base de la economía directa ya no son las normas y leyes estatales, es la confianza. Y ésta sólo existe en comunidad. No basta con que seas bueno en algo. Ni con contárselo a la gente. Tienes que participar de un grupo en el que seas reconocido como bueno en eso. Tienes que haber dado esos servicios o productos. Las opiniones sobre ellos son importantes. Y ahí internet es el elemento diferencial que permite a cualquiera hacer público su talento y conectar con otros para vendérselo.

Sin embargo lo que Paquita usa no es internet son servicios de redes sociales, de conexión de oferta y demanda. Directas, sí. Pero también intermediadas. Igual que Juan dependía de las fluctuaciones del mercado de trabajo, Paquita depende de las herramientas que usa. No voy a volver a insistir ahora en que más le valdría a Paquita ser más dueña de esas redes y su tecnología y datos, sobre todo si su economía depende de ella… Porque es evidente que tendrá que adaptarse a sus fluctuaciones y cambios sin poder decidir sobre ellas. Pero dejemos eso por ahora…

La otra pata de la economía directa es el trabajo creativo. Creo que lo que Paquita hace es ingenioso pero no creativo, ni desarrolla su talento.

Pero, ¿qué es el trabajo creativo?

Natalia Fernández desde El correo de las Indias, nos daba una pista: tiene que ver con la innovación. Es lo que se hace por las mismas ganas de aprender, eso único que las personas desarrollamos cuando hacemos algo que nos atrae, que siempre queremos hacer un poco mejor. Eso en lo que ninguna máquina ni ninguna persona puede sustituirnos, simplemente porque no son nosotros haciéndolo, porque quizá ni si quiera se haría si no lo hacemos nosotros. Todo esto creo que puede agruparse en la nueva idea de oficio que empezaba a esbozar el otro día.

Es algo diferente para cada cual, para ilustrarlo voy a intentar componer otro cuento. La historia de Agustín, inspirada en hechos reales.

Agustín

  • 14Año 1. Agustín también asisitió a la misma universidad de ciudad media que Juan y Paquita. E igualmente se encontró sin trabajo “de lo suyo” cuando terminó la carrera. Después de mucho buscar encontró un trabajo en prácticas en una ciudad vecina algo mayor. No era lo que esperaba pero Agustín tenía otros hobbys en los que desarrollaba su ingenio y talento. Durante sus años de carrera, en las horas robadas al sueño, participaba en una comunidad de gente en internet que desarrollaban software libre. Gracias a ellos estaba aprendiendo a programar.
  • Año 2. Cansado del trabajo de becario. Agustín decide dar un giro radical a su vida y a través de unos contactos de la comunidad de software, consigue un trabajo de profesor en el otro lado del mundo. Da clases de español e informática para principiantes en una gran ciudad de China donde le gusta vivir por su diversidad. Este trabajo le permite seguir con su hobby, ahora desarrolla aplicaciones para ese software que comparte en su blog. Se convierte en una referencia porque sus aplicaciones resuelven creativamente problemas y debates que estaban discutiéndose en los foros.
  • Año 4. Gracias a su reputación como desarrollador, Agustín comienza a recibir pequeños encargos de otros compañeros que tienen negocios basados en este software. Poco a poco, va generando un flujo de ingresos alternativo. Consigue tener más tiempo y gracias a lo que le cuentan en los encargos va aprendiendo algo del tipo de negocios que sus colegas tienen. Cansado de estar tan lejos de casa y con cierta autonomía económica, Agustín vuelve al sur profundo.
  • Año 6. Alquila una habitación en la casa de unos amigos, que le dejan también una pequeña parte del jardín para que se reencuentre con su yo agricultor. Decide montar su propio negocio, algo modesto: un club de soporte para el software del que tanto sabe. Simplemente junta todo lo que había desarrollado hasta entonces y lo ofrece empaquetado con una buena atención al cliente. Como tiene una gran reputación en ese mundillo consigue suficientes clientes para tener una autonomía económica.
  • Año 7. Se muda a una casa de su tío porque le deja el alquiler barato. Unos colegas del foro le proponen escribir un libro sobre el desarrollo de aplicaciones para el software y es un gran éxito de ventas (en la comunidad, claro) y de descargas libres que, le traen nuevos clientes. En este tiempo sigue haciendo tutoriales basados en los problemas que se va enontrando. Echa de menos ciertas cosas de la gran ciudad pero en la comunidad trata con gente de todas partes y eventualmente le invitan a eventos sobre este software y viaja.
  • Año 9. Hace experimentos que cuestionan el rumbo de toda la comunidad que, gracias a eso, mejora un poco. En lo de su tío está experimentando mucho con el huerto para intentar tener una casa más productiva, pero al no ser suya, no puede plantar árboles ni hacer inversiones que le hagan ahorrar o producir energía y agua. Así que va buscando posibles casas para comprar pero su tipo de trabajo hace que las condiciones de hipoteca que le ofrecen sean poco ventajosas. Se propone ahorrar.
  • Año 10. Encuentra una casa perfecta. Es un buen precio pero no tiene para la entrada y no podrá comprarla. Decide hacer otro experimento: monta una campaña de crowdfunding. Ofrece sus servicios a cambio de lo que la gente le aporte, por cada 200 euros responderá a 50 preguntas en el foro. Por cada 300 escribirá un buen tutorial.  Lo publica en su blog y toda la comunidad de desarrolladores se hace eco. Muchos aportan sólo un euro o simplemente lo difunden. La mayoría no quieren nada a cambio, ya han aprendido tanto de lo que Agustín ha ofrecido que se sienten bien aportando. Además, de algún modo, todos quieren ser parte de esta nueva forma de hacer las cosas. Agustín, no sólo consigue la entrada de la hipoteca sino que la triplica. Comienza con sus planes de reforma y sigue trabajando en su negocio que evoluciona con nuevos retos.

La historia de Agustín muestra que es valorado por lo que sólo él podría haber hecho. Por su forma misma de hacer las cosas produce innovaciones en las que nadie había pensado. Además, el trabajo que hace comienza haciéndolo para disfrutar, para aprender y mejorar.

Por supuesto también habla de que esa comunidad es dueña de sus innovaciones, que son abiertas, y eso les permite a sus miembros desarrollar su propios negocios.

Pero no nos centremos en eso ahora. Si, como Juan, lo que buscamos es un buen trabajo, sea el que sea (e incluso en una empresa más convencional) ya no nos van a pedir unos títulos sino qué sabemos hacer, qué hemos hecho, qué podemos aportarles que no pueda hacer un ordenador o se pueda conseguir a precio muy bajo en otra parte.

Para que sea también un trabajo que nos llene, no basta con ser buenos en ello, como Paquita. Eso sólo nos serviría para aguantar la primera ola de automatizaciones y sobrevivir a las fluctuaciones de servicios, herramientas y mercados. Si realmente queremos vivir bien. Lo que aportemos tiene que mejorar lo que existe. Tiene que desarrollar nuestro potencial, pero también el potencial de los sectores en los que participamos. Eso significa ser innovador. Lo que nos hace ser valiosos.

Como Michel Bauwens explicaba:

¿Qué significa esto en la práctica? Tenemos que encontrar un bien común para producir en comunidad con nuestros pares, en la que podamos involucrarnos significativa y apasionadamente usando nuestras habilidades. A través de nuestra contribución a este procomún también nos ganamos nuestra posición social: capital social que se genera a través del reconocimiento, capital educacional que crece con el involucrarnos en el proyecto; capital relacional que emerge de nuestra integración en una comunidad con propósito.

Es a través de nuestras contribuciones, y ya no a través de nuestro rol social en el sistema capital-trabajo, que encontramos el significado de nuestras vidas. Pero el P2P es pluralista, podemos involucrar los distintos aspectos de nuestro ser en un solo proyecto si queremos, pero también nos podemos involucrar con una variedad de comunidades, cada una representando una parte distinta de nuestro ser.