Archivo del Autor: arquiaudrey
Escrito_ 3
En este edificio de nueve plantas, todos los vecinos se conocen. Constantemente se encuentran subiendo y bajando la estrecha escalera y, los que más o los que menos, se saludan amablemente entre ellos.
Normalmente, nadie se interesa por la vida de sus vecinos. A todos les gusta escuchar a través de las paredes, puertas y patios, sí, pero todos ellos quieren simplemente cotillear como quien ve la televisión. O quizás todos no.
La señora que vive en el 9º B se llama Ángeles y es uno de los inquilinos más antiguos del bloque. A ella también le gusta escuchar a sus vecinos y saber de sus vidas, aunque hay algo que la diferencia de los demás. En lugar de sólo escuchar, a Ángeles le gusta tomar partido en los problemas de los otros vecinos.
En una ocasión, se trata de algo muy simple. Ángeles está limpiando los cristales de su galería cuando recuerda que tiene que bajar a buscar al portero para que revise el interruptor de la luz de la escalera en el noveno piso, que lleva varios días dando problemas. Mientras tanto, una vecina tiende la ropa un par de pisos más abajo. Ángeles se da cuenta de que, mientras la vecina está dentro de su galería sacando más ropa de la lavadora, una blusa cogida con una pinza muy floja al tendedero se resbala y cae hasta el fondo del patio de luces. Ángeles no duda en ser una buena persona y decírselo a su vecina para que baje a recoger su prenda. Sin embargo, en el momento en que se lo dice recuerda que ella misma también tenía que bajar hasta la planta baja para avisar al portero del problema con el interruptor, y piensa en lo tedioso que le resultaría subir todos esos escalones de vuelta a su planta. Por lo tanto, aprovecha cuando su vecina le dice un “¡Te debo una, Ángeles!” para pedirle el favor a ella y así ahorrarse el subir y bajar escaleras.
Este ejemplo habla de la oportunidad, de aprovechar o no las circunstancias de la vida. Ser oportunista no debería tener una connotación negativa, sino que también se puede aplicar a situaciones en las que ambas partes se vean beneficiadas.
Volviendo la vista atrás, se podría comparar este ejemplo con el de Agustín, el chico que pertenecía a una comunidad de programadores en la red, que compartió sus tutoriales de informática con todo el mundo, y que después pudo comprarse una casa con la respuesta de esas personas a su petición de ayuda. Él aprovechó la oportunidad, confiando en la voluntad de las personas a las que él ayudó voluntariamente. Y si volvemos a hablar de la sociedad en la que consideramos necesario reinventarse para sobrevivir, este oportunismo no tendrá connotaciones negativas siempre que las acciones se realicen de forma honesta por ambas partes de los implicados.

