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MITO_Novenobe

El molesto ruido del  carrito del afilaor anunciaba las siete.
Las mañanas de los lunes solían comenzar con energía en el número 9 de la calle Jaén. Era habitual ver a los niños salir de casa con prisa para no perder el autobús del colegio y adultos trajeados que cruzaban el rellano, con maletines de piel en mano y una expresión de hastío en la cara.
Comenzaba a despertar el edificio. Se oía el levantar de persianas en cascada, el vaivén del ascensor con los trastos de la limpieza y ajetreo en las despensas.
A la señora del 9ºB le gustaba este momento y no tardaba en asomarse al patio, antes de comenzar su día. Se trataba de una mujer de edad media y recientemente desplazada de su pueblo natal. Cuando se mudó a la gran ciudad, desde hacía algunos años, se dedicaba a vender los productos de belleza y cosméticos Avon. Pensó que sería por poco tiempo, pero tenía buenos ahorros y le aportaba un ingreso suficiente para sus necesidades. Además, resultaba cómodo ya que le permitía hacerlo desde su propio sofá y siempre podía aprovechar algunas horas para los recados convenientes o poner orden en la casa.
Una vez concluida la escasa jornada de los lunes por la mañana, la señora del 9ºB, sin mucho entusiasmo, tomó el barreño que le esperaba encima de la lavadora.
Mientras ordenaba la ropa en el tendedero,  recordó, que tenía que bajar a pedirle al conserje que le echara un vistazo a la luz de su entrada, pues llevaba unos días parpadeando sin cesar.
Casualmente, la vecina de en frente también salió a hacer la colada. No tenía un trato muy frecuente con ella, pero sí habían coincidido en alguna reunión. La actividad de la vecina se vio interrumpida, y en su ausencia se le deslizó una prenda patio abajo. Entonces, la señora del 9ºB, con un tono cordial saluda:
-Señora 9ºB: ¡Buenos días vecina! Mientras no estabas se te ha caído esa prenda.
-Vecina: Anda pues es verdad, muchas gracias.
-Señora 9ºB: Me dijo el otro día doña Celia que se despistó y le costó recuperarla. No te demores, es una camisa muy bonita.
-Vecina: Voy a por ella entonces.
-Señora 9ºB: Bien, ya que bajas, ¿te importaría decirle al conserje que suba cuando pueda? Gracias.

Tras mostrarse tan resolutiva y oportuna, se giró a coger otra camisa con media sonrisa, y tranquilamente retomó sus quehaceres.
La señora del 9ºB, representa una forma oportuna e inteligente de usar la información. Además es un recurso habitual hacer referencia a una tercera persona (doña Celia). Por tanto, sirve como estímulo para que la persona a la que se le presenta el caso, elija como posicionarse, manteniéndose firme.
Si hacemos una correspondencia con la realidad, esta comunidad de vecinos puede ser el mundo laboral; la vecina, un cliente; doña Celia, un argumento. La señora del 9ºB, de alguna forma dirige la situación a un intercambio justo. Fuera de una comunidad de vecinos, cada uno de nosotros es la señora del 9ºB. Cuantas más referencias maneje, más podré ofrecer y por tanto incremento las oportunidades.

Escrito_ 3

El mito de Ángeles tiene lugar en una pequeña comunidad de vecinos de un céntrico inmueble en Valencia. Se trata de uno de esos viejos bloques de viviendas que gira en torno a la escalera, pues el ascensor, que también está colocado en el centro de la escalera como centro neurálgico del edificio, está siempre estropeado.

En este edificio de nueve plantas, todos los vecinos se conocen. Constantemente se encuentran subiendo y bajando la estrecha escalera y, los que más o los que menos, se saludan amablemente entre ellos.

Normalmente, nadie se interesa por la vida de sus vecinos. A todos les gusta escuchar a través de las paredes, puertas y patios, sí, pero todos ellos quieren simplemente cotillear como quien ve la televisión. O quizás todos no.

La señora que vive en el 9º B se llama Ángeles y es uno de los inquilinos más antiguos del bloque. A ella también le gusta escuchar a sus vecinos y saber de sus vidas, aunque hay algo que la diferencia de los demás. En lugar de sólo escuchar, a Ángeles le gusta tomar partido en los problemas de los otros vecinos.

En una ocasión, se trata de algo muy simple. Ángeles está limpiando los cristales de su galería cuando recuerda que tiene que bajar a buscar al portero para que revise el interruptor de la luz de la escalera en el noveno piso, que lleva varios días dando problemas. Mientras tanto, una vecina tiende la ropa un par de pisos más abajo. Ángeles se da cuenta de que, mientras la vecina está dentro de su galería sacando más ropa de la lavadora, una blusa cogida con una pinza muy floja al tendedero se resbala y cae hasta el fondo del patio de luces. Ángeles no duda en ser una buena persona y decírselo a su vecina para que baje a recoger su prenda. Sin embargo, en el momento en que se lo dice recuerda que ella misma también tenía que bajar hasta la planta baja para avisar al portero del problema con el interruptor, y piensa en lo tedioso que le resultaría subir todos esos escalones de vuelta a su planta. Por lo tanto, aprovecha cuando su vecina le dice un “¡Te debo una, Ángeles!” para pedirle el favor a ella y así ahorrarse el subir y bajar escaleras.

Este ejemplo habla de la oportunidad, de aprovechar o no las circunstancias de la vida. Ser oportunista no debería tener una connotación negativa, sino que también se puede aplicar a situaciones en las que ambas partes se vean beneficiadas.

Volviendo la vista atrás, se podría comparar este ejemplo con el de Agustín, el chico que pertenecía a una comunidad de programadores en la red, que compartió sus tutoriales de informática con todo el mundo, y que después pudo comprarse una casa con la respuesta de esas personas a su petición de ayuda. Él aprovechó la oportunidad, confiando en la voluntad de las personas a las que él ayudó voluntariamente. Y si volvemos a hablar de la sociedad en la que consideramos necesario reinventarse para sobrevivir, este oportunismo no tendrá connotaciones negativas siempre que las acciones se realicen de forma honesta por ambas partes de los implicados.


UN MITO

Todo empezó cuando en la historia se comenzaron a utilizar una serie de términos como acción, bróker, bolsa, financiación, hipoteca, etc. Tras ello se produjo una evolución en el argot común y se cambiaron esos términos por calidad de vida, crisis, derechos, paro, pobreza, rescate, etc. Aun así, tras ese cambio en el vocabulario colectivo hubo una palabra de la que no nos pudimos desprender, esa es la hipoteca.

Ese vocablo permaneció en nuestra cultura durante muchas generaciones; en cualquier bar del país al menos una vez al día se hablaba de ello, en la sobremesa de muchas familias, en los corros de mujeres que salían a tomar el fresco a la calle hablan de ello, y en un sinfín de localizaciones. Se quedó tan arraigado a nuestra cultura, tanto como a las familias que les afectaron.

Pero hubo un hombre de entre todos los afectados que no quiso conformarse con que la palabra hipoteca se nos quedara grabada en nuestra mente como un sinónimo de victoria de los bancos y el sistema político, sino que significara una victoria de los ciudadanos ante el sistema bancario.

Según se habla por ahí ese hombre se llamaba Alexandros Grigorópulos pero otros le apodaron el justiciero del pueblo. Le podríamos describir como solemos decir como una persona normal, era un padre de familia con dos hijas, unas gemelas de cinco años, y una mujer con la que se llevaba pocos años, ella no trabajaba había decidido dejar su trabajo de secretaria en una empresa de recambios de coche para dedicarse a cuidar de su familia. Alexandros era reportero fotográfico tenía un sueldo medio pero se sacaba un dinero extra haciendo reportajes fotográficos en bodas, bautizos y comuniones. Y como también era lo normal tenía una hipoteca para 30 años.

En el periodo del cambio de vocabulario, se produjeron una serie de revueltas ciudadanas. A estos acontecimientos acudió Alexandros para capturar los sucesos que se estaban dando en ellas y al mismo tiempo se empapó de los sentimientos que se manifestaban en esas protestas contra los bancos y el sistema político.

En uno de esas manifestaciones resulto herido en una pierna, lo cual, le hizo estar una semana de baja al no poder caminar con normalidad. Una vez recuperado de su lesión y con fuerzas de volver al trabajo, Alexandros cogió el teléfono y llamó a la agencia para que le dijeran cual era la noticia que debía de cubrir hoy, pero ese día no le dieron ningún destino, le dijeron que su baja ya la habían cubierto y no necesitaban de sus servicios, que si lo necesitaban ya lo llamarían.

Para Alexandros esto le supuso un gran pérdida ya que era la fuente principal de ingresos de la familia, con los reportajes fotográficos de bodas no le llegaba para llegar a final de mes.

Su familia comenzó a sentir rápidamente los efectos, comenzaron a retrasarse con los pagos de la luz, el agua, el gas y la hipoteca. Hasta que un día llego la carta menos deseada de su vida, era una notificación de su banco en la que se le indicaba que debía desalojar el domicilio familiar en 30 días.

Alexandros no quería llegar hasta tal punto en el abandonar su domicilio y no tener donde irse con su esposa y sus dos hijas, por lo que fue a negociar con el banco, pero le negaron un aplazamiento. Alexandros no sabía ya que hacer, hasta que comenzó a recordar los sentimientos que se manifestaban en las protestas a las que acudió como reportero. Comprendía que los bancos no podían tener el poder y que no podía perder su hogar.

Por lo que cogió todas sus pertenencias y salió fuera de su casa, cogió un bidón de gasolina que tenía en el garaje y rodeó la casa con él, una vez terminó cogió una cerilla, la encendió y la lanzó sobre el césped que contenía la gasolina. La casa comenzó a arder, se produjo una gran columna de humo que ascendía hacia el cielo y se podía ver a más de 10 km de distancia, para algunos y para el propio Alexandros era el humo de la justicia.

Tras este incidente Alexandros fue arrestado por la policía, pero este suceso repercutió a toda la ciudad lo cual llegó a los oídos de un empresario de la ciudad que les propuso pagarles un alquiler de una vivienda durante seis años y un puesto de trabajo tanto para él como para su mujer en su empresa. Alexandros se alegró de poder salvar a su familia a pesar de tener que pasar dos años y tres meses en la cárcel tras haber prendido fuego a su casa pero que en realidad era propiedad del banco, pero aun así se alegraba porque sabía que tras esa temporada en prisión a la salida de ella tendría un trabajo y el apoyo de toda su familia.

UN MITO

Todo empezó cuando en la historia se comenzaron a utilizar una serie de términos como acción, bróker, bolsa, financiación, hipoteca, etc. Tras ello se produjo una evolución en el argot común y se cambiaron esos términos por calidad de vida, crisis, derechos, paro, pobreza, rescate, etc. Aun así, tras ese cambio en el vocabulario colectivo hubo una palabra de la que no nos pudimos desprender, esa es la hipoteca.

Ese vocablo permaneció en nuestra cultura durante muchas generaciones; en cualquier bar del país al menos una vez al día se hablaba de ello, en la sobremesa de muchas familias, en los corros de mujeres que salían a tomar el fresco a la calle hablan de ello, y en un sinfín de localizaciones. Se quedó tan arraigado a nuestra cultura, tanto como a las familias que les afectaron.

Pero hubo un hombre de entre todos los afectados que no quiso conformarse con que la palabra hipoteca se nos quedara grabada en nuestra mente como un sinónimo de victoria de los bancos y el sistema político, sino que significara una victoria de los ciudadanos ante el sistema bancario.

Según se habla por ahí ese hombre se llamaba Alexandros Grigorópulos pero otros le apodaron el justiciero del pueblo. Le podríamos describir como solemos decir como una persona normal, era un padre de familia con dos hijas, unas gemelas de cinco años, y una mujer con la que se llevaba pocos años, ella no trabajaba había decidido dejar su trabajo de secretaria en una empresa de recambios de coche para dedicarse a cuidar de su familia. Alexandros era reportero fotográfico tenía un sueldo medio pero se sacaba un dinero extra haciendo reportajes fotográficos en bodas, bautizos y comuniones. Y como también era lo normal tenía una hipoteca para 30 años.

En el periodo del cambio de vocabulario, se produjeron una serie de revueltas ciudadanas. A estos acontecimientos acudió Alexandros para capturar los sucesos que se estaban dando en ellas y al mismo tiempo se empapó de los sentimientos que se manifestaban en esas protestas contra los bancos y el sistema político.

En uno de esas manifestaciones resulto herido en una pierna, lo cual, le hizo estar una semana de baja al no poder caminar con normalidad. Una vez recuperado de su lesión y con fuerzas de volver al trabajo, Alexandros cogió el teléfono y llamó a la agencia para que le dijeran cual era la noticia que debía de cubrir hoy, pero ese día no le dieron ningún destino, le dijeron que su baja ya la habían cubierto y no necesitaban de sus servicios, que si lo necesitaban ya lo llamarían.

Para Alexandros esto le supuso un gran pérdida ya que era la fuente principal de ingresos de la familia, con los reportajes fotográficos de bodas no le llegaba para llegar a final de mes.

Su familia comenzó a sentir rápidamente los efectos, comenzaron a retrasarse con los pagos de la luz, el agua, el gas y la hipoteca. Hasta que un día llego la carta menos deseada de su vida, era una notificación de su banco en la que se le indicaba que debía desalojar el domicilio familiar en 30 días.

Alexandros no quería llegar hasta tal punto en el abandonar su domicilio y no tener donde irse con su esposa y sus dos hijas, por lo que fue a negociar con el banco, pero le negaron un aplazamiento. Alexandros no sabía ya que hacer, hasta que comenzó a recordar los sentimientos que se manifestaban en las protestas a las que acudió como reportero. Comprendía que los bancos no podían tener el poder y que no podía perder su hogar.

Por lo que cogió todas sus pertenencias y salió fuera de su casa, cogió un bidón de gasolina que tenía en el garaje y rodeó la casa con él, una vez terminó cogió una cerilla, la encendió y la lanzó sobre el césped que contenía la gasolina. La casa comenzó a arder, se produjo una gran columna de humo que ascendía hacia el cielo y se podía ver a más de 10 km de distancia, para algunos y para el propio Alexandros era el humo de la justicia.

Tras este incidente Alexandros fue arrestado por la policía, pero este suceso repercutió a toda la ciudad lo cual llegó a los oídos de un empresario de la ciudad que les propuso pagarles un alquiler de una vivienda durante seis años y un puesto de trabajo tanto para él como para su mujer en su empresa. Alexandros se alegró de poder salvar a su familia a pesar de tener que pasar dos años y tres meses en la cárcel tras haber prendido fuego a su casa pero que en realidad era propiedad del banco, pero aun así se alegraba porque sabía que tras esa temporada en prisión a la salida de ella tendría un trabajo y el apoyo de toda su familia.

III.

… Ángeles vivía en un noveno B. Era una pequeña comunidad de vecinos de los de siempre, en la que ella llevaba toda su vida.

Cuando era pequeña la casa era de sus abuelos, en la que también que vivían sus padres, ella y sus hermanos. Una gran familia tradicional.

Con el tiempo sus abuelos murieron, sus hermanos se fueron y ella se quedó con sus ancianos padres. Se casó y formó una familia en la misma casa, con abuelos incluidos.

No se plantean cambiar de aires, es a lo que están acostumbrados.

Ángeles es una ciudadana ejemplar: atenta, solidaria, participativa de la sociedad y que confía en la bondad de las personas; atributos que también aplicaba a su vida en el edificio. Pero sobretodo es una mujer muy inteligente y muy consciente de cuál es el precio de las cosas (de las importantes, de las que casi siempre resultan no ser cosas).

Un día tendiendo la ropa, en una torpeza, cayó una pinza de su tenderete, nueve pisos, al patio de luces. Buscando la pieza con la mirada descubrió junto a unas cajas una camisa de colores. Era de los vecinos de al lado, que también compraron el décimo A y se hicieron un dúplex. Había visto a la señora de la casa varias veces con esa camisa en el rellano que compartían. Se veía que era una camisa buena. A través de la ventana vio a la vecina y le hizo gestos. La mujer abrió y Ángeles le mostró su descubrimiento. Le comentó si le importaba subirle la pinza, aprovechando el trayecto y como estaba agradecida por su ayuda, no tuvo reparos en hacerle el favor…

Simbiosis. (del griego: σύν, syn, ‘con’; y βίωσις, biosis, ‘vivir’) es una forma de interacción biológica que hace referencia a la relación estrecha y persistente entre organismos de distintas especies.

Ángeles se encuentra en una relación de simbiosis permanente con sus vecinos, en la cual ella y su vecina de al lado mantienen interacciones de cooperación (mutualismo pero entre miembros de la misma especie). Ángeles aprovecha su oportunidad, de forma que la otra participante también sea recompensada (relación servicio-servicio).

… En otro caso, Ángeles, descubre como el marido de esta vecina coquetea con otra inquilina del inmueble. El hombre se percata y le ofrece a nuestra protagonista la posibilidad de recibir dinero a cambio de no comentar el asunto a la vecina de al lado…

Aquí también se da una relación de cooperación, ya que ambos se benefician. En la teoría. Pero cuando se ve desenvuelta en la realidad, es posible que otros factores que no estaban registrados aparezcan y condicionen la práctica. Bien, mal, legal, ilegal – no voy a entrar en ese tema.

Este mito aparece como un mundo en el que los personajes toman posicionamientos distintos dentro de la misma teoría y que nos muestra que no debemos identificarnos rápidamente con uno, sino ser crítico de las acciones que realizan.


El mito de Buzz

“Creo que la humanidad debe aventurarse ahí afuera.

Cuando los primeros hombres y mujeres pisen Marte, yo estaré allí, ya sea viéndolo en mi televisor o mirando desde las estrellas.”

    El protagonista de nuestra historia es Apolo 11, nombre de la misión que envió al espacio la primera tripulación a la Luna Todos conocemos a la primera persona en pisar la Luna, pero… ¿del resto de la tripulación quien se acuerda? ¿viajaba alguien más con él?

    Nos centraremos en el personaje de  Edwin Eugene Aldrin, Jr, o también conocido como Buzz Aldrin. Este fue el SEGUNDO hombre en pisar la luna. Todo fue debido a una colocación estratégica de la escotilla, que, no se sabe porqué, estaba dispuesta dando la espalda a nuestro protagonista. Por un simple hecho de encontrase detrás de la puerta, Buzz, habiendo realizado el mismo recorrido que Armstrong, quedo en la oscuridad y solo es conocido por aquellos forofos del tema.  Sin embargo, aunque muchos no lo sepan, Buzz es el protagonista de la gran mayoría de fotos que podemos ver sobre aquella hazaña del hombre. Él es el protagonista de la famosa huella del hombre sobre la luna y de muchas otras.  Sí, le molestó ser el segundo en salir. Sobre todo le molestó que le presentaran como tal y que vendieran la noticia como “el primer hombre en llegar a la luna” y no “los primeros hombres en llegar a la luna”.. Afirma que lo más difícil de viajar a la luna fueron los dos años posteriores de actos públicos. Al acabar este periodo se derrumbó…

 "¿Y ahora qué?", como escribió en su libro Magnífica Desolación. "¿Qué hace una persona cuando ha logrado el sueño de su carrera? ¿Qué hace un hombre a los 39 años tras haber caminado sobre la Luna? Sabía que nunca repetiría aquello, y en la NASA quedé relegado a ser una especie de embajador. No podía trabajar como astronauta. Por añadidura, el interés público en el espacio comenzaba a evaporarse. Yo ya no estaba sometido a una disciplina, y por primera vez en mi vida, no tenía una meta. Sin darme cuenta, comencé a beber en serio. Eso se sumó a mi depresión crónica; había días en que no encontraba una razón para salir de la cama. Algo en mi interior se estaba resquebrajando". 

    Trágica situación la de nuestro aparente héroe. Tras mucho trabajo había conseguido todo lo que podría imaginar. Había alcanzado su meta en la vida ¿Y ahora qué?... La emoción del momento fue desapareciendo, no se le reconocia de la misma manera. Acabó con graves problemas psicológicos. Dejo la NASA. Su vida se convirtió en algo que nunca hubiera imaginado. Se podría resumir como “el ciclo de la vida”…


    Todo cambió con un simple giro de mentalidad. Pasar de ser una persona que se vende como héroe y sin embargo no es nadie a ser verdaderamente la persona que el quería ser.  Se dejó la bebida y su motivación empezó a ser que todas las personas que quisieran ir a la Luna lo pudieran cumplir. Ahora no solo es conocido por la misión Apolo 11, sino también por ser una persona honrada y sincera que  asumió que es más fácil ir a Marte o a la Luna que conocerse a uno mismo. No es coincidencia que el personaje Buzz Lightyear de la película Toy Story  tuviera ese nombre,  pues ambos comparten la misma pasión sin límites por la exploración espacial y esto es lo que le hizo salir de su gran crisis. La vida es de aquellas personas que se crean realmente su camino y busquen, no en solitario sino en comunidad, algún bien común.

OTRO DÍA MÁS

                Otro día más, María se levantó y fue directa al tocador, ¡por fin podía hacerlo! Llevaba  cuatro días en cama por culpa de unas altas fiebres. Su madre lloraba de alegría, justo después de haber anunciado su compromiso cayó enferma.
                No recordaba haber tardado tan poco en vestirse nunca. Salió casi corriendo a la calle, necesitaba sentir el aire y el sol en su cara. ¡Qué día tan bello! Las flores desprendían un olor estupendo, y los pájaros interpretaban  bellas melodías. Tras un buen rato caminando se dio cuenta de que la gente le miraba raro, se alejaban de ella a su paso por las calles, no lo entendía, estaba sana, su aspecto era normal. Pero…. una brisa en sus piernas le hizo entenderlo todo. A causa de las fiebres  había crecido y sus pies quedaban a la vista bajo la falda. Volvió a casa por el camino más rápido y a toda prisa.
                Al día siguiente su prometido vino acompañado de su madre. Iban a romper el compromiso. Todo el mundo la había visto por la calle enseñando los pies, y eso era una deshorna para la familia del muchacho.
                María entristeció profundamente. Si no se casaba, ¿qué sería de ella? Poco a poco volvió a salir a la calle, y si no se casaba, ¿qué?

                Para su sorpresa,  durante sus paseos empezó a ver faldas más cortas.  No pudo resistirlo, preguntó a una de las muchachas. Al parecer, una joven aristócrata la vio durante su fatídico paseo, y le pareció tan bello que decidió imitarlo, al llevarlo ella las jóvenes  la imitaron y ahora la mayoría de muchachas llevaban las faldas de este modo.   
                Sin proponérselo, María creó tendencia. Un pequeño acto como fue salir a la calle de forma “indecente” hizo plantearse algunos aspectos al resto de mujeres, y no solo la vestimenta, ese acto de rebeldía de decir ¿qué? sirvió de inspiración para otras tantas.

El mito de BUZZ

Hay una historia desconocida en el alunizaje del Apollo 11, y no estoy hablando de que fuera falso, les estoy hablando de  Edwin Eugene Aldrin, Junior, el segundón de Neil Armstrong.

Eran tres los tripulantes de la nave aquel día de julio del 69, Armstrong, Collins y nuestro protagonista, Aldrin. El mes de duración del viaje fue algo incómodo, dejando de lado el hecho del angosto espacio y lo raro que era comer bolas flotantes de comida, la tensión entre los tres tripulantes de la nave acrecentaba por momentos, pues aun no se sabía quién sería el primer hombre en pisar la luna. Y este no era un hecho a la ligera. El pueblo de Wakaponeta, Ohio, el cual vio crecer a Armstrong, había instalado una costosa pantalla gigante en el centro de la plaza.

La novia de Michael Collins por su parte, le esperaba ardientemente en casa con un montón de velas y pétalos de rosa. Todo el tinglado fue muy descabellado por su parte, en primer lugar porque Collins era el piloto de la nave, y  por tanto no podía abandonarla en ningún momento. En segundo lugar, el mes de espera a la aparición del alunizaje en televisión, hicieron que la casa, y la chica, ardieran en llamas.

Edwin Aldrin también tenía sus grupis, los octogenarios del geriátrico del Nueva Jersey, compañeros del abuelo de Aldrin, la única familia que le quedaba tras el accidente que costó la vida a su familia, y del cual nunca quería acordarse.

Pues bien, las semanas pasaban y nadie quería sacar el espinoso tema que incluía las palabras “pisar”, “luna”, “astronauta archifamoso”, y ese tipo de consideraciones. Finalmente, para terminar con la tensión, decidieron que se haría a cara a cruz, pusieron las cartas sobre la mesa y le dijeron a Collins que era inviable que él dejara la nave en ningún momento. El lanzamiento de moneda se llevaría a cabo justo antes de abrir la puerta, y la mano inocente sería el pobre Collins.

Por fin llegó el anhelado 20 de julio de 1969. Aldrin y Armstrong estaban mordiéndose las uñas apretujados en el LEM, o módulo lunar, parte de la nave encargada del alunizaje, que se desprendería de la nave principal llegado el momento. Aldrin empezaba ya a roer el puño de su traje espacial. Toda su vida pasaba delante de él, su infancia en el campamento espacial, la trágica pérdida de sus padres y su hermana, y los largos entrenamientos en el simulador estelar. El silencioso clima se rompió cuando Armstrong decidió ir a ver a Collins a la central de mandos ciberespacial, para ver cuánto quedaba. A la vuelta le dijo a Aldrin que aún faltaban unas cuatro horas, y que debía ir a comprobar el ensamblaje del LEM con la nave principal, ya que Armstrong decía haber oído un zumbido a la vuelta la nave principal.
Aldrin se dirigió a realizar su tarea, y mientras comprobaba los fusibles, escuchó un estruendo que venía de la parte delantera del módulo lunar. De pronto, el Apollo 11 empezó a tambalearse y los ventiladores se pusieron en marcha. ¡Estaban tocando tierra y Armstrong no le había avisado! Aldrin salió corriendo para atrapar a su colega pero cuando llegó a la cabina principal la puerta ya estaba abierta.
La palanca de abertura en caso de emergencia estaba accionada, y Neil Armstrong gozaba de la ingravidez en el exterior. Edwin, aún perplejo, se asomó por la puerta. Al verle Armstrong empezó a gritar: “Buzzer! Buzzer!” (zumbido en inglés) en burla. La ira invadió por unos instantes a Aldrin, pero se le paso rápido, pues recordó un capítulo de su infancia. Pertenecía a los primeros años de su hermana, cuya primera palabra fue “buzzer”, por no poder pronunciar bien “brother”. Estos entrañables momentos con su hermana consiguieron dominar al astronauta, hasta el punto que bajo de la nave, caminó hacia su antagonista, y le bailo el “no rompas mas” de Coyote Dax. Y con las mismas se subió a la nave dispuesto a emprender el viaje de vuelta. Le hizo dos malas fotos desde la ventana, por cumplir, y se abrochó el cinturón de seguridad.

Cuando volvieron a pisar tierra firme, Aldrin le dijo a Armstrong que no contaría nada, no por temor a las represalias, sino porque sentía lastima por él, y consideraba que si había llegado a el punto de hacer algo tan temerario y mezquino, realmente tendría que ser quien figurara en las portadas de las revistas, pues su alma ya estaba corrompida.
Edwin por su parte, se autoimpuso el mote de Buzzer, y cambió legalmente su nombre, Edwin Eugene, a Buzz en 1988. Se hizo un nombre en la industria del cine, con numerosas apariciones en westerns y poniendo voz a dibujos animados, como Buzz light year, al que como ya habréis adivinado, dio el nombre también.



Buzz Aldrin es un ejemplo de valentía. Y no solo por formar parte de la primera tripulación que llega a la luna (y vuelve), este tipo de valentía requiere de preparación física y mental. La valentía que a mí me interesa es la que le llevó a enfrentarse a sus miedos, a sus recuerdos traumáticos de infancia, la valentía que le impulsa todos los días a levantarse y decir, soy buzz, un buzzer, un tipo que perdió la oportunidad de ser el primero en pisar la luna, y qué importa, estuve allí, me he rehecho a mí mismo, y ahora soy feliz, siendo el segundón, con un nombre anónimo y haciendo lo que me gusta. Armstrong se hizo mundialmente famosos por su “hazaña”, hizo varias giras por Estados Unidos y Europa contando su historia y animando a niños a seguir su ejemplo. Sin embargo, la verdad le atormentaba todas las noches, y cayó en la bebida pues ya no tenía razón para despertarse pues había cumplido el sueño de su vida, y no tenía ni gente con quien celebrarlo, ni nueva metas. Lo importante de esta historia es que al final ¡la vida es de los valientes! Y los honestos además la disfrutan.

Mitos, SOCIEDAD DE OPORTUNIDADES

Cierre los ojos...


Amanece un día perfectamente soleado en la provincia de Granada. Las nubes han decidido molestar a otros, mientras que el sol ilumina la fachada de ladrillo rojizo de Pinares. Se trata de una tranquila comunidad de vecinos situada al sur de la provincia. El bloque encierra encierra un patio interior donde nunca asoma el sol, pero del que disfruta el portero de Pinares.

Parece una comunidad tranquila, pero como suele ocurrir, cada uno tiene sus enredos de puertas para dentro. 

En el noveno B encontramos Ángeles. 

Ángeles es una mujer que ronda los 35 años, que vive con su hija en Pinares desde hace aproximadamente 2 años y tiene una buena relación con sus vecinos, sobre todo con la del primero, la cual le había dejado un bolso recientemente y aún no había encontrado el momento de bajar a devolvérselo.


Ese medio día, mientras cocinaba vio como salía volando por la ventana de enfrente alguna especie de papel. La curiosidad hizo que soltará el cucharón y se asomara al patio a ver que era. Se trataba de una carta, o eso parecía, entonces levanto la mirada y vio al hijo de la vecina con cara de problemas y a la madre más atrás, ignorando por completo la fechoría del niño.

Ángeles apagó el fuego y tocó a la puerta de su vecina del C.


- Buenas tardes vecina


- Buenas tardes, Ángeles. ¿Qué ocurre?

- Ha salido volando por tu ventana una carta, quería avisarte, no vaya a ser que la pueda leer otro

- oh! Muchas gracias, voy a bajar ya a por ella que si no luego se me olvida.

- De nada. Por cierto, ya que bajas, ¿te importaría bajarle este bolso a Esmeralda, la chica del primero?

- Claro, no hay problema.



Con esta historia quiero transmitir que vivimos en una sociedad de oportunidades. En el relato vemos como Ángeles, aprovecha el descuido de la vecina para hacerle un favor aparentemente altruista, consiguiendo así lo que quería, devolverle un bolso a la vecina, sin tener que bajar ella misma.

Cuento la historia a través de una comunidad de vecinos con personas corrientes, porque es un escenario fácilmente identificable. Pero, a la vez, es una situación que podríamos encontrar en una empresa. Ángeles sería la empresa en sí, la que transmite la problemática y la solución. La vecina sería el cliente, a quien Ángeles cuenta su propuesta y de la que saca beneficio. La comunidad es el escenario, que podría convertirse en casi cualquier otro.


El intercambio de información, de bienes, de favores, etc. es una buena forma de conseguir lo que quieres de forma más o menos sutil.

- ¿Te buscaría María Langarita para hacerse su casa, sin tu haberle presentado una propuesta previa que solucionara su problema? Actualmente no hay tanta gente que busque a un arquitecto para hacerse una casa nueva; se da más la situación de personas que compran una casa y la reforman si es necesario.

El papel del arquitecto en la sociedad es importante porque se encarga de dar forma a la ciudad, Para algunos, como vimos expuesto en el texto "Curing The Fountain Headache: How Architects And Their Clients Communicate" los arquitectos son un lujo innecesario muchas veces. Como dijo Carlos Cámara, miembro de Arquitectos Sin Fronteras, "Mucho se habla hoy acerca de arquitectos que parecen más estrellas de rock que profesionales de la construcción, de ciudades que olvidan las necesidades reales de sus habitantes en pos de crear una determinada imagen de marca". Puede que el problema sea que la imagen del arquitecto ha sido adulterada gracias a unos pocos, pero todavía quedan buenos profesionales que destinan su tiempo a mejorar la sociedad, a buscar la problemática que hay en ella y resolverla.

Transforma tu ciudad. La historia de Christo en Atenas.

Silencio en Atenas. Christos regresaba, agotado, a su diminuta casa en un humilde barrio céntrico después de un interminable día de trabajo en la floristería. Solía, al cierre, coger una de las flores que sobraban de la venta diaria. Siempre traía una flor de Lis, porque tenía la esperanza de que las cosas cambiaran en su barrio. La peste negra azotaba con crudeza a toda Grecia. Veía todos a diario cómo los racimos de flores que con tanto esmero preparaba se destinaban a posarlos sobre los fallecidos, para así a veces tapar las horribles heridas que la lepra y otras tantas enfermedades se cebaban con los atenienses más humildes. Pero aquel día fue inusualmente activo y olvidó por completo coger su esperanza.

La situación en casa de Christos no era muy distinta. Su madre no paraba de toser. Sentía picores por todo el cuerpo, las llagas aumentaban de tamaño casi por segundo. Sabía que se iría pronto. Además lamentaba que su mamá no hubiera podido pasear siquiera un día por el barrio. Las heces humanas se extendían por las calles. Los mercaderes depositaban sus mercancías inservibles y las dejaban pudrir. Christos hervía de rabia cuando veía que a solo unos metros de su calle tenían una fosa en la que podían tirar los desechos, pero nadie lo hacía.

En la última cena de los vecinos de calle, cuya fecha ya ni recordaba, ya comentó Helena, una chica de ojos miel que encandilaba a Christos, que deberían poner freno a tanta desidia. Muchos días, cuando el calor apretaba ya no podían respirar. Entonces abrió los ojos y una terrible sensación de tristeza le inundó. Pensó ‘’de aquella cena quedamos pocos’’. Entonces agachó la cabeza y entró en casa, pensativo.

Aquel rememorandum continuó mientras sanaba las heridas de su agonizante mamá. Seguía recordando a Helena como la chica más bella de la ciudad. Solía ir a pedirle alcachofas cuando las pelaba en casa, junto a su padre. Ahora aquella casa apenas mantenía en pie su fachada y unas cuantas estanterías de piedra en su entrada. Christos demanó una lágrima que calló sobre la cama de su madre. Aquel día se fue a dormir absolutamente atormentado. Sabía que las cosas podrían cambiar. El quería que cambiaran.

Al día siguiente, Christo convocó a todos los vecinos de su calle. Utilizó como excusa el que nunca se reunían. Entre un poquito de pan y atún pescado del Egeo, comentó a sus vecinos un pequeño plan que había ideado para que los mercaderes fueran más pulcros. Limpiarían todos los rincones de la calle, decorarían sus casas con nuevas pinturas. El viejo Mitroglou, bien entrado en años, exclamó levantándose de su taburete ‘’’’nadie lo respetará, los mercaderes sólo quieren vender!!’’, y abrió la puerta y se marchó.

Gastaron horas limpiando hasta el último rincón de la calle. Decoraron los balcones con flores que trajo Christos de su floristería. Colocaron antorchas en las esquinas de ellos. Ataviaron los portales de las casas con ramos de flores. Incluso, en las parcelas donde solían atar a los burros, plantaron pequeños árboles. El viejo Mitroglou entonces comentó ‘’es la calle más bonita del Pireo’’, y entró en casa.

Los mercaderes quedaron asombrados. Algunos sintieron tal pena que colocaron sus puestos en el centro de calle, y utilizaron recipientes para tirar sus desperdicios. Al volver de la floristería, Christos oia un gran alboroto conforme se acercaba a su calle. Todos los vecinos, incluido el viejo Mitroglou le esperaban para celebrar un gran banquete. La calle, tras el mercado, había quedado impoluta. Christos miró al cielo, vio el rostro de entre las nubes Helena, y dio la gracias.

Desde que aquel grupo de vecinos realizó aquella acción, la vida de la gran urbe griega cambió por completo. Pronto otras comunidades de vecinos se hicieron eco de la hazaña, e imitaron sus movimientos. En pocos meses Atenas se convirtió en la ciudad más limpia del mundo, los árboles plantados crecieron y proporcionaban una gran paseo,  y lo más importante, la mortalidad había descendido brutalmente. Desde entonces y hasta nuestros días, aquella calle se convirtió en calle la Esperanza, y en el balconcito donde Christos lamentaba la terrible situación de su calle, hay dibujada una enorme flor de Lis.

En el mito quiero reflejar el inconsciente poder del que disponen los ciudadanos para imaginar y transformar la ciudad, siendo respetuosos con ella. Pequeñas agrupaciones vecinales que pueden transformar su calle y ser ejemplo para otras muchas. Igualmente la unión formando un bloque la población puede derrocar la codicia y la corrupción en los altos mandos de la política.

Juanmi Tórtola.