Me recuerda a…
- ¿T´en recordes de la mar, la primera vegada que la veres?
- Encara era nina. Em duien a n´es braç i volia que m´acostassin fins a la vorera per tastar l´aigua, que era de vellut com un vestit blau de ma mare. Vaig tocar-la. Era freda, em feia pesigolles a la mà. M´en volia dur un tros, un bocinet petit per jugar-hi, però cada vegada que me´n donaven una grapada, em fugia, vessava entre els dits per més que l´estrenyien.
[…] Era de color blau i la remor de les ones el que més m´agradava i l´olor, l´olor a nova que mai havia sentit…
En el texto “Elegia per una dama que enyorava la mar” de Carme Riera, no se describe el mar en ningún momento, sino que se limita a contar todas las sensaciones que una niña tiene la primera vez que ve, toca y siente el mar. En el relato, las percepciones se entremezclan con recuerdos ya no solo con las sensaciones.
Cualquier espacio tiene un flujo, una actividad humana, o no, y se encuentra en continua redefinición. Dentro de cualquier espacio, ya hablé de la ciudad como el espacio en el que María habita, el espacio en el que ella se mueve y donde pasa sus horas, la ciudad era su casa, donde se desarrolla su experiencia de la contemporaneidad, su experiencia real.
Un entorno, y a partir de ahora me centraré en el entorno como un entorno urbano, no solo es lo que se ve, regulado por parametros urbanisticos y donde todo esta ordenado y planificado, es algo más que eso. Como decía Josep María Montaner, la ciudadanía global usa la ciudad según sus necesidades cambiantes y subjetivas, por lo que se cada individuo la vive, la percibe de una manera diferente, tiene sus vivencias y unas interpretaciones existiendo en una ciudad de impulsos, de los sentidos. Es eso, lo que no se ve, pero que termina por formar ese espacio, la actividad de habitar la ciudad, mientras cada uno repiensa y reconstruye el entorno.
¿Y si ahora reduzco esa escala? Paso de la ciudad, a una estación de metro, luego a una simple calle, de la calle a una casa cualquiera, y dentro de ella, a su salón. ¿Qué compone este espacio? Si lo reduzco al mínimo, podría estar viendo un jarrón encima de una mesa, ese elemento tiene una historia, incluso ese elemento es la história en sí, tiene una vida y un ritmo, forma parte de esa crónica de la vida, habitar. Tal vez tenga una anécdota, o una característica especial que cambia el espacio con un simple detalle. Todo esta relacionado con todo.
Volviendo al relato de Carme Riera, se observa como trata perfectamente la temporalidad de ese paisaje, los recuerdos que aparecen y como cuenta una experiencia pasada que es evocada con una sola pregunta. Todo, desde una ciudad entera, hasta una calle o un objeto del mobiliario urbano, tiene algo que contar, puede haberse interactuado con él, o puede recordar a un hecho pasado que ocurrió en ese espacio donde esta ubicado o en otro similar. Atendiendo a esta característica de cualquier espacio u objeto, quiero trabajar sobre los recuerdos, sobre cómo algo, por el hecho de haber experimentado, por similitud, por experiencias pasadas en otro lugar, etc, es capaz de hacernos sentir cómodos, como si fuera nuestra casa. Los recuerdos, los objetos y las experiencias definen tu casa, como un pensamiento difuso que tenemos mientras andamos, captando la esencia de una amplia variedad de objetos y experiencias sin un orden claro, tal como cuenta Isaiah Berlin. ¿De qué manera puedes sentirte como en casa sin estarlo realmente estando, solo, en cualquier lugar de la ciudad?
Joan.