Muchas veces no es únicamente cuestión de buscar la innovación en ti, es saber poner los pies en la tierra, mirar a tu alrededor y hacer un recuento de tus verdaderas pasiones en la vida y potenciarlas. Ésas en las que probablemente nunca hubieses imaginado relacionarlas con la arquitectura en sí, no haberla valorado ni siquiera como pasión, o de una manera más simple, haberte olvidado de su existencia. En ocasiones, por falta de tiempo, en otras, por no prestarle tu tiempo a cosas en las que ya tu futuro no devendrá de ahí de manera directa.
En mi caso, me veo personificada en la figura de Paquita, pues en ella no hay desarrollo del talento, vive el día a día, sin recobrar nada de sentido su vida. Y ésta, se resume en obtener para pagar. La mía se resume en dar lo que la carrera me pide, olvidándome así muchas veces de que hay que vivir.
Hay tiempo para todo, sólo hay que saber cómo distribuir el tiempo. Una de las vías de escape de la rutina en la que perderme profundamente, una pérdida de la noción del tiempo, a veces incluso fructífera, es en forma de lienzos o míseros trozos de papel que recobran valor para mí en el momento en que me alejo de ellos. Pues de cerca, tan sólo son concentraciones de errores y fallos del sistema de riego de mi cabeza.
Mi camino hacia la arquitectura comenzó con un nuevo fallo de mi sistema de riego, pues inmersa en el arte de la pintura, entre botijos y Venus de Milo, entre abstractos e ilustraciones, entre interpretaciones y compases, me decidí por éstos últimos. Recogí mis pertenencias y me fui. Dando de qué hablar, pues la ausencia de los números en mi vida y todos esos saberes dificultarían el día a día de mi nuevo camino, pero yo quería descubrir más mundo todavía, a éso ya le había dedicado largo tiempo y “qué haceres” durante mis primeros 18.
Mi innovación, no me gusta llamarlo así. Pues para mí, este concepto son únicamente propuestas de trabajo que a su vez, acaban siendo aportaciones en la vida, con las que impresionar al mundo de una manera discreta, pero a la vez, notable. Y yo entre trabajo y trabajo, pues puede parecer al resto de la gente innovador cuando para mí no lo es. Por ello, me ha costado encontrarla.
Para mí, desde el mundo que venía, arquitectura era la innovación, ahora mi ambición me pide aún más. Ya no formo parte del mundo artístico únicamente, y éste se encuentra en cuatro años, ya muy ampliado. Durante este tiempo me he dedicado a configurar espacios mediante el movimiento, maquetas, prototipos, una evolución de la escultura que algún día practiqué, vinculada al diseño, a la tecnología y a la arquitectura.
Volviendo a atrás, pienso que lo correcto sería el equilibrio de las tres personalidades de Juan, Paquita y Agustín. Pues la creatividad de Agustín y la dedicación es principalmente importante, pero el ingenio de Paquita y la vocación de Juan, también lo son, complementan el camino para llegar lejos.
Nuria Martínez Martínez