Archivo de la categoría: taskscape
margopigo 2014-02-24 17:46:00
IV.
Silencio. No el tipo de silencio de una biblioteca ni el de una iglesia. Para mí y de forma personal, el silencio es esa abstracción propia en la que el tiempo se detiene, nada parece moverse y no te importaría que las cosas que percibes en ese instante ocurrieran en bucle infinito. No se trata de la ausencia de sonido. Al contrario, hay muchos sonidos, cientos, de distintos matices y timbres que puedes descomponer e identificar y que te ayudan a entender el espacio, la distancia o la profundidad. Actúan de forma colectiva entre ellos formando un grupo, pero tienen la propiedad de ser extraídos y aislados individualmente, convirtiéndose en actores independientes que definen el contexto desde su propio ritmo. (taskscape).
Para llegar al contexto de la casa_taller_laboratorio de María Langarita, es necesario hacer cientos de km desde Madrid, salir de autovías nacionales y carreteras autonómicas, avanzar por caminos de tierra y vagar sin una senda marcada hasta alcanzar un punto en el que ese silencio personal que cada uno crea en su mente se produzca de forma física y tangible en la realidad.
El entorno que he escogido se trata de una amplia llanura del sur español. Un extenso espacio plano en el que no sobresale nada salvo algún árbol puntual en la lejanía. Un landscape en el que las parcelas de cultivos se disponen en hileras que resultan fugar en el infinito. En este contexto todo parece no acabar nunca, ni el instante ni la distancia.
El sol es un actor clave aquí: un enorme espacio sin objetos que arrojen sombra y en España, puede provocarle a más de uno una insolación sólo de imaginárselo. Esta imagen mental nada tiene que envidiarle a las escenas de desierto de Breaking Bad en las que los protagonistas parecen cocinar a 50ºC, por lo menos, dentro de la caravana.
Pero en mi escenario aparece el viento. Al no existir obstáculos, el viento se propaga con mayor libertad y velocidad. El viento acalla cualquier otro sonido que se esté produciendo en el instante en el que transcurre, lo convierte en mudo; mientras que al mismo tiempo, su interacción -con el relieve, los cuerpos y las formas que se encuentra a su paso- forma ritmos propios, situaciones que se podrían analizar como actores en sí mismos: el agitar de la vegetación de suelo, el vuelo de restos ligeros en su flujo o roce al rodear la forma de la persona son ejemplos.
Sin embargo los ritmos, o el grupo de ritmo que me crean mayor interés en este contexto son por ejemplo el coche que puedes ver muy lejos de ti, en movimiento pero que no puedes oír, o ese árbol zarandeándose pero que no escuchas. Estos actores mudos en los que solo parte de la información se te es dada los considero los de mayor valor en mi contexto.
Me recuerda a… – ¿T´en recordes de la mar, la primera vegada que la veres? – Encara era nina….
Me recuerda a…
- ¿T´en recordes de la mar, la primera vegada que la veres?
- Encara era nina. Em duien a n´es braç i volia que m´acostassin fins a la vorera per tastar l´aigua, que era de vellut com un vestit blau de ma mare. Vaig tocar-la. Era freda, em feia pesigolles a la mà. M´en volia dur un tros, un bocinet petit per jugar-hi, però cada vegada que me´n donaven una grapada, em fugia, vessava entre els dits per més que l´estrenyien.
[…] Era de color blau i la remor de les ones el que més m´agradava i l´olor, l´olor a nova que mai havia sentit…
En el texto “Elegia per una dama que enyorava la mar” de Carme Riera, no se describe el mar en ningún momento, sino que se limita a contar todas las sensaciones que una niña tiene la primera vez que ve, toca y siente el mar. En el relato, las percepciones se entremezclan con recuerdos ya no solo con las sensaciones.
Cualquier espacio tiene un flujo, una actividad humana, o no, y se encuentra en continua redefinición. Dentro de cualquier espacio, ya hablé de la ciudad como el espacio en el que María habita, el espacio en el que ella se mueve y donde pasa sus horas, la ciudad era su casa, donde se desarrolla su experiencia de la contemporaneidad, su experiencia real.
Un entorno, y a partir de ahora me centraré en el entorno como un entorno urbano, no solo es lo que se ve, regulado por parametros urbanisticos y donde todo esta ordenado y planificado, es algo más que eso. Como decía Josep María Montaner, la ciudadanía global usa la ciudad según sus necesidades cambiantes y subjetivas, por lo que se cada individuo la vive, la percibe de una manera diferente, tiene sus vivencias y unas interpretaciones existiendo en una ciudad de impulsos, de los sentidos. Es eso, lo que no se ve, pero que termina por formar ese espacio, la actividad de habitar la ciudad, mientras cada uno repiensa y reconstruye el entorno.
¿Y si ahora reduzco esa escala? Paso de la ciudad, a una estación de metro, luego a una simple calle, de la calle a una casa cualquiera, y dentro de ella, a su salón. ¿Qué compone este espacio? Si lo reduzco al mínimo, podría estar viendo un jarrón encima de una mesa, ese elemento tiene una historia, incluso ese elemento es la história en sí, tiene una vida y un ritmo, forma parte de esa crónica de la vida, habitar. Tal vez tenga una anécdota, o una característica especial que cambia el espacio con un simple detalle. Todo esta relacionado con todo.
Volviendo al relato de Carme Riera, se observa como trata perfectamente la temporalidad de ese paisaje, los recuerdos que aparecen y como cuenta una experiencia pasada que es evocada con una sola pregunta. Todo, desde una ciudad entera, hasta una calle o un objeto del mobiliario urbano, tiene algo que contar, puede haberse interactuado con él, o puede recordar a un hecho pasado que ocurrió en ese espacio donde esta ubicado o en otro similar. Atendiendo a esta característica de cualquier espacio u objeto, quiero trabajar sobre los recuerdos, sobre cómo algo, por el hecho de haber experimentado, por similitud, por experiencias pasadas en otro lugar, etc, es capaz de hacernos sentir cómodos, como si fuera nuestra casa. Los recuerdos, los objetos y las experiencias definen tu casa, como un pensamiento difuso que tenemos mientras andamos, captando la esencia de una amplia variedad de objetos y experiencias sin un orden claro, tal como cuenta Isaiah Berlin. ¿De qué manera puedes sentirte como en casa sin estarlo realmente estando, solo, en cualquier lugar de la ciudad?
Joan.
Me recuerda a… – ¿T´en recordes de la mar, la primera vegada que la veres? – Encara era nina….
Me recuerda a…
- ¿T´en recordes de la mar, la primera vegada que la veres?
- Encara era nina. Em duien a n´es braç i volia que m´acostassin fins a la vorera per tastar l´aigua, que era de vellut com un vestit blau de ma mare. Vaig tocar-la. Era freda, em feia pesigolles a la mà. M´en volia dur un tros, un bocinet petit per jugar-hi, però cada vegada que me´n donaven una grapada, em fugia, vessava entre els dits per més que l´estrenyien.
[…] Era de color blau i la remor de les ones el que més m´agradava i l´olor, l´olor a nova que mai havia sentit…
En el texto “Elegia per una dama que enyorava la mar” de Carme Riera, no se describe el mar en ningún momento, sino que se limita a contar todas las sensaciones que una niña tiene la primera vez que ve, toca y siente el mar. En el relato, las percepciones se entremezclan con recuerdos ya no solo con las sensaciones.
Cualquier espacio tiene un flujo, una actividad humana, o no, y se encuentra en continua redefinición. Dentro de cualquier espacio, ya hablé de la ciudad como el espacio en el que María habita, el espacio en el que ella se mueve y donde pasa sus horas, la ciudad era su casa, donde se desarrolla su experiencia de la contemporaneidad, su experiencia real.
Un entorno, y a partir de ahora me centraré en el entorno como un entorno urbano, no solo es lo que se ve, regulado por parametros urbanisticos y donde todo esta ordenado y planificado, es algo más que eso. Como decía Josep María Montaner, la ciudadanía global usa la ciudad según sus necesidades cambiantes y subjetivas, por lo que se cada individuo la vive, la percibe de una manera diferente, tiene sus vivencias y unas interpretaciones existiendo en una ciudad de impulsos, de los sentidos. Es eso, lo que no se ve, pero que termina por formar ese espacio, la actividad de habitar la ciudad, mientras cada uno repiensa y reconstruye el entorno.
¿Y si ahora reduzco esa escala? Paso de la ciudad, a una estación de metro, luego a una simple calle, de la calle a una casa cualquiera, y dentro de ella, a su salón. ¿Qué compone este espacio? Si lo reduzco al mínimo, podría estar viendo un jarrón encima de una mesa, ese elemento tiene una historia, incluso ese elemento es la história en sí, tiene una vida y un ritmo, forma parte de esa crónica de la vida, habitar. Tal vez tenga una anécdota, o una característica especial que cambia el espacio con un simple detalle. Todo esta relacionado con todo.
Volviendo al relato de Carme Riera, se observa como trata perfectamente la temporalidad de ese paisaje, los recuerdos que aparecen y como cuenta una experiencia pasada que es evocada con una sola pregunta. Todo, desde una ciudad entera, hasta una calle o un objeto del mobiliario urbano, tiene algo que contar, puede haberse interactuado con él, o puede recordar a un hecho pasado que ocurrió en ese espacio donde esta ubicado o en otro similar. Atendiendo a esta característica de cualquier espacio u objeto, quiero trabajar sobre los recuerdos, sobre cómo algo, por el hecho de haber experimentado, por similitud, por experiencias pasadas en otro lugar, etc, es capaz de hacernos sentir cómodos, como si fuera nuestra casa. Los recuerdos, los objetos y las experiencias definen tu casa, como un pensamiento difuso que tenemos mientras andamos, captando la esencia de una amplia variedad de objetos y experiencias sin un orden claro, tal como cuenta Isaiah Berlin. ¿De qué manera puedes sentirte como en casa sin estarlo realmente estando, solo, en cualquier lugar de la ciudad?
Joan.
Escrito_4
El límite entre la ciudad y el campo es el lugar perfecto para desarrollar la propuesta de una casa que pretende aprovechar al máximo los recursos de estos dos mundos a menudo muy diferenciados.
En la actualidad ya existen algunos ejemplos de actividades con finalidades ecológicas en este espacio. Por ejemplo, como se puede leer en el artículo de Mª José Díaz de Tuesta publicado en El País a 19 de abril de 2011, existe desde hace años un proyecto en los límites de Madrid, a unos diez minutos de la capital, llamado “La huerta de Montecarmelo”. Se trata de un lugar en el que los ciudadanos de Madrid pueden alquilar un pequeño espacio de 20 m2 donde practicar la jardinería o cultivar algunos alimentos.
Sin embargo esta iniciativa se queda corta para María, puesto que ella busca reducir aún más el impacto ambiental produciendo, no sólo lo que se obtenga de un pequeñísimo huerto al que acudir de vez en cuando, sino todos los alimentos que le sean posibles.
En el límite de la ciudad, ésta parece alejarse de nosotros, aun estando quietos. La actividad urbana se concentra dentro de sus límites, y es más intensa a medida que nos acercamos al centro, pues es ahí donde se concentran la mayor parte de los equipamientos. Por otra parte, el campo nos llama, con sus llanuras y colinas que se extienden hasta más allá del horizonte en un conjunto de colores de distintas gamas que se mezclan y superponen.
Este contexto, este límite, se introduce en la casa y le da sentido al aprovechar ambas partes. Al tratarse de un lugar que sigue formando parte de la ciudad, María puede continuar utilizando los recursos de ésta, sus comunicaciones, las relaciones sociales que aporta, al mismo tiempo que devuelve a la tierra los recursos empleados mediante de la generación de energía y la producción de alimentos por medio de distintas técnicas que están siendo desarrolladas en estos momentos por algunos colectivos, así como otras que ya existían, y técnicas nuevas que puedan desarrollarse.
Una de estas técnicas es la colocación de huertos verticales en paredes y ventanas. Se trata de una iniciativa que cuenta con un gran número de seguidores en todo el mundo, y consiste en algo tan simple como la utilización de botellas de plástico recicladas para convertirse en pequeños recipientes de cultivo de una planta. Esta técnica la han desarrollado muchos usuarios desde distintos niveles, como missJardin, que nos presenta una forma simplificada diseñada por el estudio brasileño Rosenbaum, mientras que Britta Riley nos presenta toda la investigación que existe detrás de este método para hacerlo llegar más lejos y aprovechar al máximo sus posibilidades.

Taskscape
TEXTO 4. TASKASPE
Los conductores en sus vehículos intentan recorrer el lugar a más velocidad, pero el caos es sonoro. La actividad está en las calles, aceras, comercios, ningún rincón está exento del sonido.
En ese entorno caminar por las calle es dejarse ir, pues el ritmo que te ofrece el ambiente lo llevas sin darte apenas cuenta, es una actividad frenética que te lleva. No importa si es un día frío pues la calle te arropada por ese ir i venir. No importa si hay alarmas que suenan de policías, ambulancias o bomberos, el ruido de la gente y la cotidianidad de miles de sonidos, hace que pararse ante esto sea una casualidad.
Sin embargo al entrar en el edificio Capitol, la actividades se controlan, desde ese gran cine, hasta los apartamentos u oficinas, tienen sus actividades ordenadas y definidas, mientras vas ascendiendo en ascensor las plantas que lo conforman se reducen en tamaño, pero no en intensidad, al final te espera una terraza desde la que contemplar ese caos ordenado de una ciudad en movimiento que nunca duerme.
Un edificio que guarda, tras unas paredes viejas y vividas, historias nuevas cada día, construido en 1933, no se deja influir por los cambios, se adapta, pero nunca pierde su identidad. Punto de referencia en una ciudad sin límites, alberga un gran cartel de propaganda de schweppes que ilumina su última planta por las noches y durante el día te orienta en el lugar.

