Jota en su apartamento y Juan en una celda en prisión sienten grados de incomprensión similares. Todos sus compañeros han aceptado lo singular de sus propuestas y la vinculación emocional con sus trabajos, si bien no han visto en ellos alguien con el cual poder compartir una manera de entender sus disciplinas. Eso les preocupa. En el caso de Jota la sensación de agobio se ha visto apaciguada por la revolución que ha supuesto que María Langarita acceda a ver su propuesta.
La conoció en una conferencia en la que ella defendió con vehemencia la comparación de sus obras con máquinas del tiempo, que traían flujos de energía desde el pasado hacia el presente, y sobre las que ella actuaba introduciendo nuevas interacciones que mandaba al futuro para que otros agentes como ella pudieran intervenir más adelante.
Desde entonces Jota busca esos flujos en cualquiera de los lugares donde interviene. Esta vez ha entrevistado a Solita durante horas sobre como era la fábrica antes del abandono, la interacción de las familias residentes en la colonia, la manera de compartir el trabajo con su vida. Para él la construcción de los lugares pasa en gran medida por el conocimiento de los relatos de las personas que los habitan. Se ha aferrado a la lectura de novelas que narran la vida de los que se veían obligados a emigrar a la gran ciudad para prosperar en España en la segunda mitad del siglo XX.
Ha reparado en la importancia de los tejidos y la confección para este proyecto y eso le ha llevado a retomar la lectura de varias ediciones de Harper’s Bazaar y Vogue, lo cual le ha parecido extremadamente interesante y cautivador. Casualmente en el último número de adquirió en el quiosco ya se anuncia la aparición de las fotos de Amparo para el próximo mes de abril. Además ha cortado unos trozos de tul que está plegando y planchando insistentemente con un objetivo que nadie más que él sabe, y que espera poder presentarle a María como una herramienta fundamental para el trabajo en la fábrica.
Por otro lado desea ver en qué forma la niebla presente en el entorno más de sesenta días por año puede ser parte fundamental de la construcción de su proyecto, y sobre su mesa se posan por igual excelentes diagramas de Philippe Rahm y copias de los más bellos ocasos de Turner o de Canaletto. Nadie entiende por qué Jota tiene un Canaletto en su salón. Ninguno de sus compañeros acercarían esas referencias a su proyecto.
En 2002 tuvo la ocasión de visitar una exposición en la Schirn Kusthalle de Frankfurt sobre las obras tardías de Matisse: “mir der Schere zeichnen”. Allí quedó fascinado por la forma en que, bajo la imposibilidad física del pintor para usar los pinceles sobre el lienzo, comenzó a trabajar la técnica del collage de cartulinas de gouache, omitiendo cualquier tipo de trazo para perfilar una silueta. De ahí la acertada expresión de “dibujar con tijeras”. Pues bien, Jota se siente cómodo trabajando con herramientas que no son del todo propias del campo de su disciplina y entiende que hacerlo dota de cierta singularidad y frescura.
Esta tarde tiene una reunión con una costurera que le enseñará a coser sus piezas de tul dejando las costuras ocultas. El viernes tiene su reunión con María, la definitiva para saber si su manera de hacer es aceptada por ella.








