Archivo del Autor: Alejandra Martinez Pina

Ahondando en los requerimientos

Tratando de definir cuáles son mis obsesiones e intuiciones dentro del proyecto, no puedo evitar tratar de definir y delimitar los elementos que nacen de ambas; véase intimidad, almacenaje ,y la consecuencia de ambas, seguridad.

Dentro de la intimidad, trato de encontrar las situaciones que me causan esta sensación y aislar los elementos que pueden producirla. De aquí surge: aislamiento personal, música fuerte, aislamiento acústico, sexo, iluminación, falta de ella o intermitencia, opacidad o transparencia y calidez. Conceptos muy comunes que trataré de delimitar más. Estos elementos no son exclusivos entre sí, y a menudo son complementarios, pero no siempre.

El almacenaje no lo trato como lo haría con un sentimiento, lo hago desde la utilidad. En la casa encontramos lo necesario en el día a día y lo afectivo. Siendo lo primero: ropa, cartera (tarjetas, dinero), móvil, portátil, bolsos. Y lo segundo, los objetos preciosos, objetos hacia los que siento aprecio y quiero tener cerca, nada útil desde el punto de vista programático, pero mucho desde el de salud mental, en mi caso, claro. Se trataría de objetos tales como una foto que te gusta tener en papel, que no vale escanearla, porque conlleva mucho mas como objeto que como imagen en sí misma; un libro que me gusta oler, tocar, sentir, rayar; y ese tipo de cosas. Este punto se trata de una excepción dentro de la casa. No son objetos que no puedan ser abordados por la tecnología o la ciudad, muy al contrario. Sin embargo forman parte de la inteligencia emocional que no quiero perder, no forman parte de un ornamento tampoco, pues no existe en la casa, la ciudad, y la gente que transita la calle o la casa, son toda la decoración que necesito. Cabe destacar que todos los elementos necesarios del día a día estarán únicamente almacenados en un espacio, no habrá lugar para su uso dentro de la vivienda.

La seguridad es un tema que surge de querer conservar la intimidad cuando se quiera conservar, y de proteger los objetos preciados, no por que sean de valor material, que no creo, sino por sensación de tranquilidad.

Taskscape


Me situó en mi lugar de estudio, bajo el puente Waterloo, Londres. Me rodean diferentes estímulos en todas las direcciones. Arriba hay una carretera de dos sentidos y dos direcciones muy concurrida, pues es una de las conexiones principales entre La City y el centro de Convent Garden. El puente cuenta también con pasos para peatones en los dos sentidos. Continuo paso de coches y peatones, ruido de tráfico, luces y contaminación.

En el entorno inmediato de mi posición encuentro dos centros culturales muy importantes para la ciudad: el Nathional Theatre y el Queen Elisabeth Hall. En ambos desarrollan actividades paralelas a su actividad principal en la calle, llenándola de color y actividades para los viandantes. Se oyen a pocos metros los vitoreos de los observadores del skate park de South Bank, centro de este deporte callejero, el skate park esta siempre concurrido, bien por turistas curiosos o bien por los propios deportistas que se encargan a su vez de decorar el espacio con grafitis. Centro cultural alternativo, arte callejero, paso continuo de gente, turistas y londinenses.

Mirando en dirección al puente, observo el skyline de la ciudad, Desde mi posición en la penumbra puedo reconocer la estación de Charing Cross, o Sant Paul a lo lejos. El día es sombrío como acostumbra a ser, y el rio esta revuelto. El London Eye no queda lejos, gira mientras los pájaros surcan el rio en busca de algo que comer. Decenas de barcos para turistas recorren el mi mirada y desde algún yate privado, una señora me saluda. Estoy muy cerca del mar, pero protegida por el puente, que crea a su vez una película de ruido, que insonoriza del resto de la ciudad. Solo coches y el paisaje. Hitos, animales, tráfico marítimo, turismo y comercio, ruido y protección.

Hay una parada de autobús nada más subir las escaleras hacia la carretera, y una de metro a unos 800 m, Temple, y otra a 1 km la de Southwark, Aunque se puede llegar andando cómodamente hasta el centro de Convent Garde, y con ganas hasta Trafalgar Square. Cuento también con taxis 24 h pasando por aquí por si me da por irme a comer Naan con curry o pollo Tikka Masala en Brick Lane. Conexión con la ciudad, transporte público 24  y cercanía.

La gente que frecuenta el sitio pasa desde banqueros que pasan para disfrutar del rio camino a su trabajo, hasta skaters, turistas, o vendedores ambulantes. Por la noche el lugar cuenta con una tranquilidad extraña. La parte baja del puente está en la sombra, tranquila, sólo se oye el sonido del río y la ciudad a lo lejos. Y un poco más cerca, en lo alto del puente, los coches siguen pasando, y los trabajadores vuelven a casa después de su afterwork. Multicultural y cambios de intensidad.


Detrás de mi encuentro unos cuantos comercios, no muy frecuentados, pero activan el espacio debajo del puente, que esta algo solitario. Por las noches suele haber músicos callejeros, animando a la gente a bailar, es un momento mágico, hay poca iluminación y el ruido invade el espacio. Es un punto muy concurrido en noche vieja para ver los fuegos artificiales, además es en este punto donde se celebra la feria del libro de Londres. Múltiples actividades culturales, es un hito en sí mismo, lugar de reunión, lugar de paso.

No me gustaría cambiar ninguno de estos flujos de gente, animales, y comercios. Pretendo dejar que todo suceda del mismo modo que hasta ahora, que la casa sea un espejo donde ver todas estas actividades reflejadas, que reboten en ella y sigan su paso. Desde dentro, la casa se dotará a sí misma de todo lo positivo del lugar, y construirá la intimidad que el lugar no puede dar.

Contexto Arriba abajo al centro y pa dentro

Contexto historico
http://www.youtube.com/watch?v=uhsdfXQXsqU

Contexto desde arriba
http://www.youtube.com/watch?v=iGDEIQmUHaI

Escenas desde abajo
http://www.youtube.com/watch?v=qRfEKZUNl3A&list=PLDlqY3h8Be1Jy4Syr11gFJGtuYtV7lb6W
http://www.youtube.com/watch?v=3BaAtnViOUw

El barrio
http://www.youtube.com/watch?v=JvP_hKtA1T4
http://www.youtube.com/watch?v=a_0wcBvHL4A
http://www.youtube.com/watch?v=v7IB_oPj1z8

Situación


La casa que estoy haciendo para María requiere de una contextualización muy exacta. No puede estar en cualquier lugar, pero sí en casi cualquier ciudad. Debo empezar la selección descartando Alicante, pues aunque la conozco bien, necesito de una intensidad que aquí es difícil de encontrar, o de hacer que dure.
La casa va a ser un lugar donde sucedan todas las actividades que las máquinas o la tecnología no podrá reemplazar nunca, como el hecho de estar vivo, el almacenaje de cosas materiales, o la intimidad, la cual considero la más potente para el desarrollo del proyecto.
Sólo es posible que esta casa funcione si tiene un entorno que la enriquezca, el cual tiene que ser una ciudad, una gran ciudad, con servicios 24h y, ya que estamos, un bonito paisaje.

Si uno la intimidad con la necesidad de una ciudad, concluyo que la unión casa-ciudad no va a ser igual en ambas direcciones, sino que la casa sera completamente permeable de dentro a fuera, e infranqueable de fuera a dentro.




Me desplazo a Londres por varias razones, las primeras son las obvias: gran ciudad, multitud de servicios, centro cultural internacional, ciudad más turística de Europa, etc.
Pero la razón que me ha hecho decidirme por esta, y no por cualquier otra con sus mismas características, es mi unión con la ciudad. He tenido la oportunidad de viajar a Londres en cinco ocasiones, la segunda de ellas durante un mes entero, en el que tuve la ocasión de indagar en la ciudad, de perderme sin prisas.

En una de esas noches iba paseando con unos amigos, nos habíamos propuesto cruzar todos los puentes de la zona 1 de Londres en el mes que íbamos a estar allí, asique cuando cruzábamos por el Waterloo Bridge escuchamos una música que venía de debajo del puente, era algo así como música de dibujos animados. Bajamos a ver que se cocía y había unas 30 personas bailando en parejas o en grupos, muy enérgicamente al ritmo de la música. En medio de todo ese bullicio había un chico joven con un acordeón.
Me fascina el modo en el que una sola persona puede congregar a tanta gente y hacer que se emocionen y bailen y se sientan libres con desconocidos. De repente me encontré rodeada por toda esa gente, y sentí más intimidad que la que puedo tener sola sentada en un parque.

Es en este espacio donde quiero que se desarrolle mi casa.









El mito de BUZZ

Hay una historia desconocida en el alunizaje del Apollo 11, y no estoy hablando de que fuera falso, les estoy hablando de  Edwin Eugene Aldrin, Junior, el segundón de Neil Armstrong.

Eran tres los tripulantes de la nave aquel día de julio del 69, Armstrong, Collins y nuestro protagonista, Aldrin. El mes de duración del viaje fue algo incómodo, dejando de lado el hecho del angosto espacio y lo raro que era comer bolas flotantes de comida, la tensión entre los tres tripulantes de la nave acrecentaba por momentos, pues aun no se sabía quién sería el primer hombre en pisar la luna. Y este no era un hecho a la ligera. El pueblo de Wakaponeta, Ohio, el cual vio crecer a Armstrong, había instalado una costosa pantalla gigante en el centro de la plaza.

La novia de Michael Collins por su parte, le esperaba ardientemente en casa con un montón de velas y pétalos de rosa. Todo el tinglado fue muy descabellado por su parte, en primer lugar porque Collins era el piloto de la nave, y  por tanto no podía abandonarla en ningún momento. En segundo lugar, el mes de espera a la aparición del alunizaje en televisión, hicieron que la casa, y la chica, ardieran en llamas.

Edwin Aldrin también tenía sus grupis, los octogenarios del geriátrico del Nueva Jersey, compañeros del abuelo de Aldrin, la única familia que le quedaba tras el accidente que costó la vida a su familia, y del cual nunca quería acordarse.

Pues bien, las semanas pasaban y nadie quería sacar el espinoso tema que incluía las palabras “pisar”, “luna”, “astronauta archifamoso”, y ese tipo de consideraciones. Finalmente, para terminar con la tensión, decidieron que se haría a cara a cruz, pusieron las cartas sobre la mesa y le dijeron a Collins que era inviable que él dejara la nave en ningún momento. El lanzamiento de moneda se llevaría a cabo justo antes de abrir la puerta, y la mano inocente sería el pobre Collins.

Por fin llegó el anhelado 20 de julio de 1969. Aldrin y Armstrong estaban mordiéndose las uñas apretujados en el LEM, o módulo lunar, parte de la nave encargada del alunizaje, que se desprendería de la nave principal llegado el momento. Aldrin empezaba ya a roer el puño de su traje espacial. Toda su vida pasaba delante de él, su infancia en el campamento espacial, la trágica pérdida de sus padres y su hermana, y los largos entrenamientos en el simulador estelar. El silencioso clima se rompió cuando Armstrong decidió ir a ver a Collins a la central de mandos ciberespacial, para ver cuánto quedaba. A la vuelta le dijo a Aldrin que aún faltaban unas cuatro horas, y que debía ir a comprobar el ensamblaje del LEM con la nave principal, ya que Armstrong decía haber oído un zumbido a la vuelta la nave principal.
Aldrin se dirigió a realizar su tarea, y mientras comprobaba los fusibles, escuchó un estruendo que venía de la parte delantera del módulo lunar. De pronto, el Apollo 11 empezó a tambalearse y los ventiladores se pusieron en marcha. ¡Estaban tocando tierra y Armstrong no le había avisado! Aldrin salió corriendo para atrapar a su colega pero cuando llegó a la cabina principal la puerta ya estaba abierta.
La palanca de abertura en caso de emergencia estaba accionada, y Neil Armstrong gozaba de la ingravidez en el exterior. Edwin, aún perplejo, se asomó por la puerta. Al verle Armstrong empezó a gritar: “Buzzer! Buzzer!” (zumbido en inglés) en burla. La ira invadió por unos instantes a Aldrin, pero se le paso rápido, pues recordó un capítulo de su infancia. Pertenecía a los primeros años de su hermana, cuya primera palabra fue “buzzer”, por no poder pronunciar bien “brother”. Estos entrañables momentos con su hermana consiguieron dominar al astronauta, hasta el punto que bajo de la nave, caminó hacia su antagonista, y le bailo el “no rompas mas” de Coyote Dax. Y con las mismas se subió a la nave dispuesto a emprender el viaje de vuelta. Le hizo dos malas fotos desde la ventana, por cumplir, y se abrochó el cinturón de seguridad.

Cuando volvieron a pisar tierra firme, Aldrin le dijo a Armstrong que no contaría nada, no por temor a las represalias, sino porque sentía lastima por él, y consideraba que si había llegado a el punto de hacer algo tan temerario y mezquino, realmente tendría que ser quien figurara en las portadas de las revistas, pues su alma ya estaba corrompida.
Edwin por su parte, se autoimpuso el mote de Buzzer, y cambió legalmente su nombre, Edwin Eugene, a Buzz en 1988. Se hizo un nombre en la industria del cine, con numerosas apariciones en westerns y poniendo voz a dibujos animados, como Buzz light year, al que como ya habréis adivinado, dio el nombre también.



Buzz Aldrin es un ejemplo de valentía. Y no solo por formar parte de la primera tripulación que llega a la luna (y vuelve), este tipo de valentía requiere de preparación física y mental. La valentía que a mí me interesa es la que le llevó a enfrentarse a sus miedos, a sus recuerdos traumáticos de infancia, la valentía que le impulsa todos los días a levantarse y decir, soy buzz, un buzzer, un tipo que perdió la oportunidad de ser el primero en pisar la luna, y qué importa, estuve allí, me he rehecho a mí mismo, y ahora soy feliz, siendo el segundón, con un nombre anónimo y haciendo lo que me gusta. Armstrong se hizo mundialmente famosos por su “hazaña”, hizo varias giras por Estados Unidos y Europa contando su historia y animando a niños a seguir su ejemplo. Sin embargo, la verdad le atormentaba todas las noches, y cayó en la bebida pues ya no tenía razón para despertarse pues había cumplido el sueño de su vida, y no tenía ni gente con quien celebrarlo, ni nueva metas. Lo importante de esta historia es que al final ¡la vida es de los valientes! Y los honestos además la disfrutan.

Requerimientos

Querida María.

Si bien no están claros todos los puntos a tener en cuenta para tu nuevo hogar, esto es algo que está claro, será un hogar, entendiéndolo como un lugar de intimidad y descanso, sin límites para lo emocional. Por otra parte contamos con el soporte de la ciudad como background de todo lo que ocurra. Olvidamos el sueño americano como el cliché ingenuo que ya no es útil, pero que sin embargo nos puede ayudar como punto de partida para buscar los componentes de tu nueva casa, véase: en lugar de casa con césped, valla blanca, buzón rojo, te ofrezco casa con ciudad; en lugar de perro con caseta, gatos callejeros y palomas del parque; cambiaremos el coche por el tiket del metro y por unas zapatillas de deporte.

La conexión directa con la ciudad será fundamental pues será el fondo sobre el que todo ocurra. No necesitaremos decoración, los edificios y las puestas de sol lo serán. Obviamos que la mayoría de tus necesidades las encontrarás en la ciudad, como restaurantes, lavanderías, hoteles, incluso garajes donde dejar tus cosas.
Como se da a entender en la Ciudad de Bits de William J. Mitchell, todo lo físico se transformará en bits de información, todo se torna digital excepto el lugar físico del internauta y los lugares de almacenaje, ya que es lo único que el ciberespacio es incapaz de abordar.

Así, con el fin de englobar todo lo que tanto el ciberespacio como la ciudad son incapaces de abordar, tu nuevo hogar contará con un espacio, o varios, para la intimidad, ya sea sola, acompañada, para escuchar el silencio, o escuchar música, leer un libro, y sobretodo pensar, pero no trabajar. El tema del almacenaje parece más sencillo, todo lo que no necesitas inmediatamente se guardará en otro lugar, todo lo que se pueda tener informáticamente estará en el ordenador, y el resto de cosas como libros que quieres tener cerca, objetos a los que tienes afecto, la tarjeta de crédito, el tiket del metro, o tu ropa, estarán a tu alcance. Incluso podemos contar con un hueco debajo del colchón para guardar el dinero a la vieja usanza.

Se trataría de una vivienda mínima, pero no cualquiera que pudiéramos pensar con un catálogo Neufert, no se basará en mediciones antropomórficas ni muebles abatibles, sino en sensaciones de libertad, organización (que lleva paz), emocionalidad… Se trata de la vivienda mínima para el ciudadano emocional, y con recursos para poder contar con los servicios de la ciudad.

Como exponía Peter Zumthor: “Mi objetivo es construir un lugar altamente emocional, poner a cada individuo en un estado de ánimo que lo impulse a escuchar, o a leer, o a sentir”