
Electrocrómico.

Electrocrómico.
En mi proceso de trabajo la herramienta que empleo es el dibujo CAD o 3D, es decir, el dibujo asistido por ordenador. Este dibujo lo suelo complementar con un fotomontaje a modo de collage. Pero antes de usar esta herramienta de trabajo tengo la necesidad de coger mi bloc de apuntes o un folio en blanco y comenzar a dibujar las primeras líneas del dibujo que voy a realizar con la ayuda del ordenador. Esto lo hago porque al comenzar a dibujar en el programa de CAD me siento inseguro, debido a que me tengo que enfrentar a una dimensión que está vacía y que no conozco sus dimensiones, es decir, que tengo como en el barroco horror al vacío.
Enfrentarme a lo no conocido y al vacío me crea pánico, llegando a situaciones en las que me bloqueo y no puedo continuar. Por lo que, para superar esto cojo mi bloc y en una página en blanco con ayuda de mi bolígrafo comienzo a rallar el folio mediante movimientos aleatorios, convirtiendo ese folio vacío en un folio lleno de algo. Continúo con los movimientos aleatorios pero estos cada vez comienzan a ser cada vez más intencionados que los anteriores, ya que, como diversos dibujantes o pintores comienzan a esbozar sus dibujos con un conjunto de líneas que parecen un caos, pero al final en un último movimiento repasa esas líneas dando lugar a una forma definida. Este tipo de dibujo es el empleado en cine para crear el storyboard de una película, este dibujo nos transmite una serie de intuiciones que queremos que aparezcan en esa escena.
Una vez ya comienzo a meterme en el dibujo empiezo a dibujar en el programa de CAD, en ese momento observo el dibujo y comienzo a pulsar diversos comandos que me ayudan a dibujar esas intuiciones ya dibujadas a bolígrafo. Una vez ya he pasado el miedo preliminar, obtengo una serie de puntos, coordenadas y líneas que me delimitan el ámbito de trabajo, por lo que, puedo entrar en detalles del dibujo. Así clic tras clic prosigo con el dibujo. Pero como antes llego a un punto en el que tengo que ver desde otra perspectiva el dibujo, es el paso del 2D al 3D, necesito como en el cine o la fotografía ver diversos puntos de encuadre de ese escenario para poder ver si cumple con los requisitos que tengo impuestos desde el principio y por lo tanto saber si tengo que modificar algo del dibujo. E incluso a veces llego a generar unas simples maquetas del dibujo para conocer la materialidad del espacio.
Estas técnicas son utilizadas por diversos escenógrafos que comienzas dibujando sus primeras ideas y al final acaban construyendo un pequeño modelo para ver cómo es en la realidad ese espacio.
En mi proceso de trabajo la herramienta que empleo es el dibujo CAD o 3D, es decir, el dibujo asistido por ordenador. Este dibujo lo suelo complementar con un fotomontaje a modo de collage. Pero antes de usar esta herramienta de trabajo tengo la necesidad de coger mi bloc de apuntes o un folio en blanco y comenzar a dibujar las primeras líneas del dibujo que voy a realizar con la ayuda del ordenador. Esto lo hago porque al comenzar a dibujar en el programa de CAD me siento inseguro, debido a que me tengo que enfrentar a una dimensión que está vacía y que no conozco sus dimensiones, es decir, que tengo como en el barroco horror al vacío.
Enfrentarme a lo no conocido y al vacío me crea pánico, llegando a situaciones en las que me bloqueo y no puedo continuar. Por lo que, para superar esto cojo mi bloc y en una página en blanco con ayuda de mi bolígrafo comienzo a rallar el folio mediante movimientos aleatorios, convirtiendo ese folio vacío en un folio lleno de algo. Continúo con los movimientos aleatorios pero estos cada vez comienzan a ser cada vez más intencionados que los anteriores, ya que, como diversos dibujantes o pintores comienzan a esbozar sus dibujos con un conjunto de líneas que parecen un caos, pero al final en un último movimiento repasa esas líneas dando lugar a una forma definida. Este tipo de dibujo es el empleado en cine para crear el storyboard de una película, este dibujo nos transmite una serie de intuiciones que queremos que aparezcan en esa escena.
Una vez ya comienzo a meterme en el dibujo empiezo a dibujar en el programa de CAD, en ese momento observo el dibujo y comienzo a pulsar diversos comandos que me ayudan a dibujar esas intuiciones ya dibujadas a bolígrafo. Una vez ya he pasado el miedo preliminar, obtengo una serie de puntos, coordenadas y líneas que me delimitan el ámbito de trabajo, por lo que, puedo entrar en detalles del dibujo. Así clic tras clic prosigo con el dibujo. Pero como antes llego a un punto en el que tengo que ver desde otra perspectiva el dibujo, es el paso del 2D al 3D, necesito como en el cine o la fotografía ver diversos puntos de encuadre de ese escenario para poder ver si cumple con los requisitos que tengo impuestos desde el principio y por lo tanto saber si tengo que modificar algo del dibujo. E incluso a veces llego a generar unas simples maquetas del dibujo para conocer la materialidad del espacio.
Estas técnicas son utilizadas por diversos escenógrafos que comienzas dibujando sus primeras ideas y al final acaban construyendo un pequeño modelo para ver cómo es en la realidad ese espacio.
Trazo a trazo, éste se convierte en una prótesis añadida a mi mano derecha. Él, hace que me envuelva en mí misma, desde el momento en que lleno su pequeño depósito de agua. Pequeño, así resulta en tardes de inspiración, en tardes de blanco para mi mente, y de color para las hojas que conforman mi cuaderno.
Un buen papel, es lo único primordial. Su espesor ha de ser el idóneo, aunque luego por sobre valorarlo comience a temerle. A temerle tanto que hasta me crea yo misma incapaz de comenzar. Siempre un papel blanco es temido, que no se ensucie, que no se arrugue. Ui! ya se ha manchado… Me he convertido en una obsesa de solucionar problemas. Necesito hacer ese paso en vano y realizar alguna mancha sin sentido, tenga la forma que tenga, no importa, pero ya lo disimularé. Importa que me he desinhibido, que ya no importa que mi siguiente paso salga mal, porque esa hoja ya está manchada. El miedo a fallar, un error temido que me limita, la aprensión ante una hoja en blanco, el pudor de encontrarme tan desnuda ante… ¿Quién? ¿Ante mí misma? ¿Vergüenza de un error? Bah.
Comienza mi desmelene cuando paradójicamente, recojo mi pelo en una goma con el fin de que no interfiera en el inesperado viaje a esa parte de mí más creativa. Es hora de poner a trabajar, de accionar mi hemisferio cerebral derecho, el emocional. Vuelvo a soltar agua con unos suaves golpecitos, y decido sobre cuál color refregar mi pincel de tamaño medio. Me dispongo sobre el papel, y marco mi trazo lo más definido posible, de manera que voy perdiendo el color elegido a lo largo de mi trazo. Para ello, hay que tener cierta habilidad, e intuir la cantidad exacta de agua y color que contiene mi pincel de tamaño medio, presentir y prever que nuestra línea del esbozo quede perfecta.
Trazo a trazo, mancha a mancha, de color a agua, pinceladas que me van desvelando lugares, voy entrando en flujo, me convierto en la protagonista del dibujo, me siento como la niña que viste a su muñeca a su antojo y elige un vestido porque sí, pues yo así elijo mi gama de color de forma improvisada, y con cierto desasosiego por ello, pero al final, me decido simplemente por pura intuición y afán por continuar.
Es difícil encontrar esa voz creativa, si no concibes, si no mantienes contacto con tu interior, sino reflexionas sobre ti mismo, sobre tu gusto. Ésta técnica, me lleva a formas deseadas, a colores transparentes que permite la acuarela con ese pequeño matiz de tono suave y armonioso. Me consiente movimientos que sin ser consciente, soy capaz de sentir y manejar con total libertad, y en ocasiones, incluso albedrío.
Después de la acuarela, suelo aplicarle mis líneas de tinta negra que me ayudan a darle esa profundidad que a veces falta. Este método es aplicado por numerosos arquitectos, e ilustradores.
Un ejemplo es Maja Wrońska, actualmente estudiante de Arquitectura en Varsovia, que para llevar a cabo sus ilustraciones, comienza trazando su dibujo con la ayuda de distintos lápices y marcadores, y termina con el uso de la acuarela, dando así vida a sus escenarios. Una de sus costumbres es rociar su dibujo previamente de color azul, rojo o morado, con una intención: “crear lugares al azar en el papel a través de la pintura”.
Otro ejemplo, que mezcla la técnica de la acuarela junto la tinta, es Norberto Dorante, un arquitecto especialista de la línea, tortuosa, combinada y revuelta al color, que le sirve de ayuda para sus diseños y prototipos.
Nuria Martínez Martínez
Uno de los Problemas destacables de las impresoras 3D es que, aunque teóricamente son capaces de producir cualquier forma imaginable, esto no significa que sea práctico el resultado.
Este problema es sustancialmente más acusado en las impresoras de tipo casero, puesto que las pequeñas descalibraciones, y los problemas de adhesión entre capas cuando la situación no es idónea, son más destacables que en los aparatos industriales. Este suceso genera una diferenciación estructural entre capas horizontales comparadas con secciones verticales que convierte al material en anisótropo, de forma que obtenemos piezas no tan homogéneas como desearíamos.
Aun así las máquinas son capaces de sacar casi cualquier forma que deseemos, casi …
Esto me ha obligado a investigar continuamente otras maneras de utilizar la máquina para obtener resultados aceptables.
Estas técnicas engloban el diseño, la impresión, y la manufactura posterior.
Como ahora mismo mi máquina no está operativa al 100% , produce fallos directamente proporcionales a la altura del objeto, y sumado con el factor antes comentado de anisotropía hace que las piezas impresas a gran escala o complejidad pierdan resistencia.
Debido a este problema actual, me he visto obligado a perfeccionar una técnica que ya usaba con la máquina anterior, la cual intentaré describir.
Se trata del “doblado de las piezas impresas”. Determinadas geometrías necesitan soportes (que luego han de ser retirados mecánicamente) para ser impresos por culpa de la dependencia de la gravedad. y otras simplemente serian poco resistentes por la dirección de las vetas, al igual que si cortamos la madera de forma equivocada.
El ejemplo básico: Una barra. 
Mientras que si la imprimimos en posición vertical( A), cualquier esfuerzo cortante desmontaría la estructura, podemos imprimirla en posición horizontal(B), y luego levantarla, de esta forma las fibras estarían orientadas longitudinalmente y tendría una resistencia muy superior, la definición es inferior, pero en la escala normal de trabajo no es perceptible.
Este principio básico es muy fácil de comprender, ahora vamos a intentar pensar cómo aplicarlo en otros casos.
El balcón.
Este balcón se podría imprimir en una impresora de 10.000 euros tal cual, aunque sería una pieza tan frágil que casi no se podría sujetar. sin embargo podemos jugar con la máquina y obtener un resultado mucho mejor.
Imprimimos la baranda y el balcón por separado, de esta forma nuestros barrotes serán tan resistentes como si fuesen varillas horizontales, y utilizando un poco de calor, podremos convertir la proyección plana de estos, en la “U” Tridimensional. Pegamos las dos partes y obtenemos una pieza delicada pero resistente en todas direcciones.
La rosa.
Después de varios intentos, comprendí que la complejidad de una rosa, aunque era posible reducirla a secciones horizontales no era lo suficientemente fuerte para soportar varios días de ajetreo.
Así que decidí imprimir los pétalos por separados y darles forma manualmente, utilizando una decapadora como fuente de calor y el tacto de los dedos para darle forma. Automáticamente calculaba el tiempo de exposición al calor y mis dedos me daban también un cálculo aproximado del tiempo que tardaría en quedarme sin huellas, y de esta forma poco a poco se iba formando la rosa, de una forma similar a la técnica que se usa para hacer rosas de cobre o acero, demostrando así que no debemos encasillar a nuestras herramientas, y sobre todo a nuestra imaginación.
Otras aplicaciones del mismo proceso, de diseño impresión3D y manufactura con calor:



Uno de los Problemas destacables de las impresoras 3D es que, aunque teóricamente son capaces de producir cualquier forma imaginable, esto no significa que sea práctico el resultado.
Este problema es sustancialmente más acusado en las impresoras de tipo casero, puesto que las pequeñas descalibraciones, y los problemas de adhesión entre capas cuando la situación no es idónea, son más destacables que en los aparatos industriales. Este suceso genera una diferenciación estructural entre capas horizontales comparadas con secciones verticales que convierte al material en anisótropo, de forma que obtenemos piezas no tan homogéneas como desearíamos.
Aun así las máquinas son capaces de sacar casi cualquier forma que deseemos, casi …
Esto me ha obligado a investigar continuamente otras maneras de utilizar la máquina para obtener resultados aceptables.
Estas técnicas engloban el diseño, la impresión, y la manufactura posterior.
Como ahora mismo mi máquina no está operativa al 100% , produce fallos directamente proporcionales a la altura del objeto, y sumado con el factor antes comentado de anisotropía hace que las piezas impresas a gran escala o complejidad pierdan resistencia.
Debido a este problema actual, me he visto obligado a perfeccionar una técnica que ya usaba con la máquina anterior, la cual intentaré describir.
Se trata del “doblado de las piezas impresas”. Determinadas geometrías necesitan soportes (que luego han de ser retirados mecánicamente) para ser impresos por culpa de la dependencia de la gravedad. y otras simplemente serian poco resistentes por la dirección de las vetas, al igual que si cortamos la madera de forma equivocada.
El ejemplo básico: Una barra. 
Mientras que si la imprimimos en posición vertical( A), cualquier esfuerzo cortante desmontaría la estructura, podemos imprimirla en posición horizontal(B), y luego levantarla, de esta forma las fibras estarían orientadas longitudinalmente y tendría una resistencia muy superior, la definición es inferior, pero en la escala normal de trabajo no es perceptible.
Este principio básico es muy fácil de comprender, ahora vamos a intentar pensar cómo aplicarlo en otros casos.
El balcón.
Este balcón se podría imprimir en una impresora de 10.000 euros tal cual, aunque sería una pieza tan frágil que casi no se podría sujetar. sin embargo podemos jugar con la máquina y obtener un resultado mucho mejor.
Imprimimos la baranda y el balcón por separado, de esta forma nuestros barrotes serán tan resistentes como si fuesen varillas horizontales, y utilizando un poco de calor, podremos convertir la proyección plana de estos, en la “U” Tridimensional. Pegamos las dos partes y obtenemos una pieza delicada pero resistente en todas direcciones.
La rosa.
Después de varios intentos, comprendí que la complejidad de una rosa, aunque era posible reducirla a secciones horizontales no era lo suficientemente fuerte para soportar varios días de ajetreo.
Así que decidí imprimir los pétalos por separados y darles forma manualmente, utilizando una decapadora como fuente de calor y el tacto de los dedos para darle forma. Automáticamente calculaba el tiempo de exposición al calor y mis dedos me daban también un cálculo aproximado del tiempo que tardaría en quedarme sin huellas, y de esta forma poco a poco se iba formando la rosa, de una forma similar a la técnica que se usa para hacer rosas de cobre o acero, demostrando así que no debemos encasillar a nuestras herramientas, y sobre todo a nuestra imaginación.
Otras aplicaciones del mismo proceso, de diseño impresión3D y manufactura con calor:




Primera maqueta, de aproximación a la estructura ligera