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Un jardín en la piscina

Recientemente y por casualidad, encontré este vídeo sobre una familia de Phoenix que tiene nada más y nada menos que todo un ecosistema montado en su piscina vacía. Os recomiendo verlo porque en apenas tres minutos este nuevo granjero nos cuenta cómo funciona su piscina y cómo esta familia es capaz de, prácticamente, sustentarse por completo, aun encontrándose en pleno desierto.

En su página web Garden Pool recogen el funcionamiento de esta granja tan peculiar y nos cuentan el día a día de la producción de sus alimentos. Además, nos animan a realizar nuestros propios experimentos, así como a contribuir con su organización.

Esta iniciativa me resulta curiosa, no sólo por el hecho de que utilicen una piscina como principal infraestructura, sino porque parece que en su pequeño ecosistema no han dejado ni un solo cabo suelto. Absolutamente todo parece estar calculado a la perfección para no desperdiciar ningún recurso. Una organización muy precisa, que no deja de ser un ejemplo a menor escala de lo que la naturaleza lleva haciendo durante tanto tiempo, y que desgraciadamente parece que hayamos olvidado.

Puede que en nuestros nuevos intentos de sostenibilidad no sea necesario inventar grandes métodos de producción, sino simplemente fijarnos en lo que ya existe, en lo que siempre ha funcionado.


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La casa para María Langarita empieza a ser un amasijo cada vez más complejo de intuiciones y requerimientos. Uno de esos requerimientos es, y ha sido desde el primer día, la condición de que tenga la mejor iluminación natural posible, para la calidad de los espacios interiores así como para aportar a los cultivos de la radiación solar que necesitan para crecer de manera saludable.

Es por ello que a la hora de comenzar a pensar en materialidad surge la condición de que dicho material sea capaz de ser permeable a la radiación solar, así como de aportar la luminosidad deseada. La solución directa que me viene a la mente es la empleada en los invernaderos.

Hace poco más de un año realicé un viaje a Almería dentro del curso de proyectos. Allí visité la Estación Experimental Las Palmerillas, de la Fundación Cajamar, donde se experimenta con nuevos sistemas de construcción de invernaderos con el propósito de aumentar su productividad de una forma pasiva, es decir, utilizando solamente los recursos naturales del lugar, sin emplear productos químicos dañinos o técnicas contaminantes para el medio. Así experimentan y desarrollan la tecnología de las construcciones plásticas. A continuación visitamos, acompañados por el arquitecto Alejandro Pascual (ELAP arquitectos), un polideportivo que estaba construyendo en Garrucha, en Almería. Este polideportivo está realizado siguiendo los mismos principios que los invernaderos: con el uso del policarbonato como cerramiento, en la cubierta y las fachadas, se pretende aprovechar al máximo la luz solar incidente, así como regular la temperatura sin necesidad de emplear únicamente sistemas de climatización no sostenibles.

Estas ideas son precisamente las que me gustaría incluir en la casa de María, y que están presentes en la búsqueda del versado que me proporciona la ayuda necesaria. Cuando voy a visitar Sonneglass Alicante, mi intención es trabajar con cerramientos que cumplan aquellas características.

Mercedes de Miguel, quien me atendió amablemente, pensó en un primer momento que no podría ayudarme, pues siendo decoradora no conocía más propiedades del material que las que vienen escritas en los catálogos que me mostró. Sin embargo, su conocimiento de los cerramientos, más concretamente de las pérgolas por las que yo pregunté, deriva de la experiencia adquirida en las instalaciones que ha realizado. Más allá de las especificaciones técnicas, ella pudo explicarme cómo se coloca y las posibilidades de uso que ofrece. Al explicarle mi propuesta de incluir un huerto en la casa para María, ella me confirmó que esos cerramientos que tienen allí pueden ser utilizados como pseudo invernaderos.

Asimismo, cuando me mostró las posibilidades de esas pérgolas, que tienen partes móviles, pensé en nuevas posibilidades, como la de permitir una ventilación en la casa de forma voluntaria, dejando pasar un flujo de aire para controlar la temperatura interior, que, en todo caso, no será tan elevada como la de un invernadero, pues la tecnología de las pérgolas no permite alcanzarla.

La conversación con esta versada en temas de cerramiento me ha permitido conocer mejor los materiales empleados fuera del ámbito de los grandes invernaderos, así como las posibilidades domésticas que ofrecen. Sin embargo, para poder aportar algo a este entorno profesional, será necesaria una mayor inmersión y contactar con otras personas que me ayuden a completar la experiencia con el material y su relación con las distintas partes del programa de la casa.