Ya a edades tempranas, cuando los niños comienzan su andadura escolar, la arquitectura escolar imprime sensaciones y posteriormente recuerdos que influyen no sólo en el aprendizaje, sino a lo largo de la vida de los individuos. Así lo asegura el arquitecto Jaime Pimentel: ”El vínculo que se crea entre el espacio exterior y el estado de ánimo afecta todas nuestras acciones. Los ambientes nos condicionan.”
Un ambiente condiciona la percepción del espacio, pero no sólo el espacio habitado sino también el espacio interior del alma. Nos reflejamos en él tanto como él se refleja en nosotros. Hacemos arquitectura al tiempo que ella nos conduce, nos serena o nos altera.
Así mismo, critica duramente los resultados, arquitectónicamente hablando, de las escuelas del siglo XXI ‘‘es una arquitectura tan carente de aquella fuerza que proclama y reclama la poesía”.
El poder educador de nuestra arquitectura en estos centros propios docentes puede trasladarse al plano técnico. El conferenciante internacional Julian Treasure, experto en sonido, hace especial incapié en la mala acústica de los espacios docentes actuales. Así lo asegura en una de sus charlas para una web de conferencias: ”Debido a la mala acústica, los estudiantes no oyen el 50 por ciento de lo que sus maestros dicen en las aulas y los pacientes tienen problemas para dormir en los hospitales porque se sienten estresados continuamente por el nivel sonoro”.
Así mismo, el filósofo Friedrich Schiller en Educación estética del hombre (1795) incide en la formación práctica del creador mediante las artes visuales. La pintura, la escultura, la pintura y otra multitud de disciplinas artísticas componen la educación artística del hombre, tienen la capacidad colonizar su imaginacición y este es capaz de reflejarlo.
La arquitectura también puede entenderse como un elemento capaz de abrir oportunidades a las personas sin recursos. El arquitecto Diébédo Francis Kéré, nacio en Burkina fasó, pero vivió y cursó sus estudios en Alemania. En una conferencia acerca de la arquitectura en ciudades, afirma ‘‘la arquitectura puede ser inspiradora para las comunidades, los jóvenes de mi pueblo tienen en las construcciones que ellos mismo han ejecutado un salida con la que poder alimentar a sus familias, sin tener que migrar a las ciudades en busca de una oportunidad”. Si duda la escuela que la propia comunidad construyó sirve de ejemplo a los niños que hoy son usuarios de esa escuela.
Así mismo, existe también un equilibrio entre la ética y la estética en el proyecto de arquitectura. Así como Loos, Le Corbusier y Aalto la vincularon a la salud del cuerpo y del alma, otros no creen en su educación y se apuntan a su seducción. También algunos arquitectos se posicionaron en término medio. Este prudente equilibrio se manifestó, por ejemplo, en el modelo Bauhaus: Gropius acepta en la escuela la presencia del ético Meyer como del estético Mies, éste último mucho más preocupado por la luz que por el poder canalizador de la arquitectura.
La arquitectura incide en las conciencias, es indiscutible que conduce los actos humanos. Las estancias pautan los movimientos y reposos de sus moradores. El orden de la arquitectura tiene que ver con el orden de la vida y con su desorden también. En la actualidad gana el edificio mediático, diseñado por arquitectos del Star System, ideado para ser fotografiado, formal y no funcional. La arquitectura sin duda pierde carga social, y con ella la responsabilidad social del arquitecto se diluye .
Alberto Campo Baeza, catedrático de proyectos de la ETSAM, manifiesta en una reciente entrevista para revista Diagonal ”La adecuada combinación de luz y sombra suele despertar en la arquitectura la capacidad de conmovernos en lo más profundo, suele arrancarnos las lágrimas y convocar a la belleza y al silencio…”


















