Un edificio de estas características suele ser nombrados según el barrio en el que se sitúan, o incluso de la ciudad. Suelen hacer referencia a personajes carismáticos del contexto. Yo pretendo que el nombre de la casa-centro cultural adelante lo que te espera en su interior, un anticipo.
Pero…¿Cómo podríamos llamarle? Podría tener el nombre de su coordinadora, la Casa de María, según su apariencia: Casa del Graffiti, la casa verde, o según su propósito: Casa de la Esperanza o incluso según su contexto: la Casa del Puente. Pero algo de vital importancia como el nombre de edificio requiere indagar en una mayor reflexión.
Se trata espacio físico en el que potenciar las relaciones sociales, el intercambio intercultural de costumbres, vivencias, experiencias entre los niños de distintas edades y de distintos países. Un caldo de cultivo que forje una sociedad más asentada, más justa y concienciada con los demás.
Es una arquitectura activa sobre la sociedad, dinámica, que nace con el propósito principal de hacer cambiar la dinámica de degradación de un barrio hacia otra perspectiva. La casa sirve al barrio y a sus ciudadanos.
En el contexto del barrio de San Diego, accedemos al edificio mediante puentes. El usuario de Puente de Vallecas accede mediante un puente al cambio. Curioso, pero significativo. Parece que la palabra ‘’Puente’’ debe aparecer.
Mi casa para María se define físicamente desde las características intrínsecas humanas, son los usuarios los que definen el espacio, los flujos, los movimientos en su interior. Se habita colectivamente, las estancias son privadas y la vez públicas, se cierran para la privacidad de María y se abren para las actividades programadas. Una casa que mediante entrevistas con el entorno profesional de los educadores sociales, se han ido extrayendo datos para su concreta definición: los talleres, oficinas, espacios que proporcionan educación y cultural. Incluso con la propia arquitectura materializada se intenta educar: el usuario contempla y experimenta el edificio, la fachada pintada con graffitis didácticos. Entonces, debemos ponerle nombre desde las interacciones del edificio con el usuario.
Un edificio en el que lo público y lo privado se desdibuja. Una vez se entra, se está cubierto pero en el exterior, puede estarse en su interior y al aire libre. Busca un equilibrio entre el exterior y el interior, no se trata de volcar la actividad hacia el interior o el interior. Pese a la borrosidad, el volumen interior está bien definido prácticamente cubicular. Un cubo cuyas aristas contienen cultura.
La casa es una pequeña luz en la noche, un haz de esperanza ante el panorama pesimista del colectivo de la sociedad y la falta de recursos de las personas.