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| JESÚS CHAPA-MALACARA / PHOTOGRAPHER / FOTOSJCM.COM |
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| MATRIOSKA |
María todos los días, si los concursos en los que está sumergida se lo permiten, da un vuelta por Grijalba. Son las 6.45 de la mañana. La escarcha lo cubre todo. La humedad desprendida por el arbolado empapa a los viandantes, que van todos abrigados hasta los ojos, hasta ella, que está tiritando.
El paseo es corto. María debe conducir hacia la otra punta de Madrid a una reunión. Con mucha pena, suelta las correas de sus mascotas y éstas quedan libres en el jardín. Como ocurre casi a diario, Victor y María se marchan y sus ladridos sólo cesan cuando están exaustos, cayendo en un profundo sueño. María , que aunque dura pocos segundos antes de preparar la reunión, le hace pensar ‘’me los llevaría todo el día conmigo’’.
El día es un viaje continuo para María. Después de la reunión, se marchan a la complutense a impartir sus clases de proyectos. Tras 4 horas, deben comer rápidamente para dirigirse a las obras de su nueva vivienda en Salamanca. Son ya las 9 de la noche y deben volver a Madrid. Todavía hay que limpiar el salón de casa, plachar, y de dar de comer a los perros. Aunque ha tomado un café para el viaje, María acaba tan agotada que ni siquiera le apetece leer media horita, como suele hacer antes de meterse en la cama.
La oferta pretende optimizar los tiempos, tan apurados y escasos para María. Un estudio de arquitectura portátil, que la propia María podría conducir, pudiendo establecer su trabajo en cualquier lugar. Bien sea en las inmediaciones de una obra, en la universidad o incluso en el contexto que María desee. Dicho estudio se compondrá de 3 estancias principales. En la zona de trabajo podrán elaborarse planos y maquetas, con un almacenaje ordenado de los instrumentos utilizados. Las dimensiones permitirán mantener reuniones o realizar trabajos en equipo.
La segunda parte estará destinada al descanso, con una zona que aunará la posibilidad tanto de dormir como de leer. Y por último, una zona en la que las mascotas de María viajen cómodamente, para que así puedan ir con ella a todas partes.
Un instante es válido para explicarlo todo en este emplazamiento, una fotografía, un cuadro, un recuerdo…
Sin estar ahí puedo sentirlo todo, cada sonido, cada murmullo. Por un lado el zumbido constante del tráfico rodado taladra mi cabeza, me pierde, me confunde, cambios bruscos de sentido donde se ponen en juego mis reflejos. Hay prisa sin necesidad de haberla, hacer rugir al vehículo se convierte en un hábito y es el pasatiempo favorito en esta intersección. El tráfico parece una bandada, son cientos, miles por minuto pero no se tocan entre sí. De ser así provocarían un caos.
Pero no debería generalizarlos, porque no puedo negar lo que observo, hay grupos de conductores que se mantienen serenos, profesionales del asfalto que le plantan cara a esta situación a diario, ellos sugieren el orden dentro del caos, su profesión ya de por sí les obliga a mantener la compostura en sus servicios.
Por otro lado presiento diferentes puntos de vista, incluso más allá de donde llega mi ángulo visual. De todas partes se aproxima un cúmulo de figuras y de sombras, bultos en la lejanía que no me dejan percibir sus rostros. Llegado al punto en que los percibo y me envuelven, me hablan y no me miran, murmullan entre sí y comentan.
Entre sí se perciben como manchas de aceite, se forman pequeños círculos, grupos de todo tipo, difíciles de catalogar, pero que se entiende que van por caminos separados, entran y salen de todos lados, son un flujo constante, muy disperso y maleable. Los comercios los dominan, les ofrecen servicios que necesitan. El número de locales es proporcional a la ingente cantidad de grupos.
Por donde se vea se encuentran estas tiendas, llaman la atención, gritan por conseguir más grupos de personas, sus anuncios rebotan en todas las esquinas, en todas las fachadas y se introducen en las viviendas, pero sobretodo en mis retinas, las luces me queman la cara y todos parecen una mueca intentando encontrar un refugio dentro de algún bar.
Las luces acotan el lugar. Por los laterales, los comercios forman una cortina con sus propagandas, el alumbrado público me enfoca como si fuera una actuación de teatro y al mismo tiempo rebota hacia el cielo, dejando percibir únicamente un manto que tapa las constelaciones.
Desde mi fijación lo veo todo, pero el espacio me lo permite, este relato solo se puede escribir desde mi punto de vista. Un gran hueco que se abre en la ciudad de Madrid para recibir a semejante cantidad de gente. Un lugar que permite generar numerosas series de equipamientos, recibiendo a su público.
Desde carteleras de cine hasta el menú del día, todo a nuestro servicio en tan solo una intersección. Contradicen al ritmo de la ciudad, se encienden y se apagan a destiempo, conforman un juego de luces evocando una discoteca al aire libre.
Un gran espacio donde cada rincón es una buena opción para sentarse y descansar del ajetreo de la ciudad, enfrentándose a la suciedad de esta.
En un trayecto de Madrid a Alicante podemos encontrarnos muchos paisajes. Desde la estepa castellana, con esos infinitos campos de cultivo que se pierden en la lejanía, hasta la maraña de castillos medievales que coronan las ciudades de Elda, Villena o Novelda. La diversidad de visiones a través de nuestro utilitario disminuye la monotonía del viaje y la transforma en sensaciones agradables que el viajero siente.
La vía por la que circulamos podemos encontrarnos multitud de agentes condicionantes. Circulamos junto a más vehículos, que repercutirán directamente en la duración del viaje y en el consumo de nuestro utilitario. Además las condiciones meteorológicas pueden ser desfavorables. Puede haber objetos en ella que afecten al transcurso normal del viaje. También puede ocurrir la situación inversa, que las condiciones sean favorables. En ese caso se buscará la introducción de esos factores, por ejemplo el sol, en el interior de nuestro artefacto.
Estas condiciones meteorológicas influirán en las condiciones de temperatura y humedad del interior de la casa transportable.
El estado de conservación de las vías influirá en la conservación del propio vehículo. Una carretera con la pavimentación en mal estado o con curvas muy cerradas repercutirán negativamente en la mecánica.
Cualquier vía rodada cuenta con una normativa que se refleja, bien directamente en la señalética o bien no es visible pero forma parte del reglamento de circulación de los vehículos. Estas reglas afectarán a nuestro artefacto directamente, teniendo que adecuarse a unas dimensiones que le permitirán circular por la vía.
La presencia de animales en el vehículo puede conllevar problemas de higiene, tales como olores o la liberación de su pelaje y que éste se expanda por todo el habitáculo. Por ellos consideramos a éstos animales tanto ocupantes como agentes.
El estado de ánimo o físico de los ocupantes puede influir en el transcurso del viaje. Por ejemplo, si María sufre de dolores de cabeza en un momento determinado, deberán realizar alguna parada, prolongando la duración del viaje.
Juanmi Tórtola