El límite entre la ciudad y el campo es el lugar perfecto para desarrollar la propuesta de una casa que pretende aprovechar al máximo los recursos de estos dos mundos a menudo muy diferenciados.
En la actualidad ya existen algunos ejemplos de actividades con finalidades ecológicas en este espacio. Por ejemplo, como se puede leer en el artículo de Mª José Díaz de Tuesta publicado en El País a 19 de abril de 2011, existe desde hace años un proyecto en los límites de Madrid, a unos diez minutos de la capital, llamado “La huerta de Montecarmelo”. Se trata de un lugar en el que los ciudadanos de Madrid pueden alquilar un pequeño espacio de 20 m2donde practicar la jardinería o cultivar algunos alimentos.
Sin embargo esta iniciativa se queda corta para María, puesto que ella busca reducir aún más el impacto ambiental produciendo, no sólo lo que se obtenga de un pequeñísimo huerto al que acudir de vez en cuando, sino todos los alimentos que le sean posibles.
En el límite de la ciudad, ésta parece alejarse de nosotros, aun estando quietos. La actividad urbana se concentra dentro de sus límites, y es más intensa a medida que nos acercamos al centro, pues es ahí donde se concentran la mayor parte de los equipamientos. Por otra parte, el campo nos llama, con sus llanuras y colinas que se extienden hasta más allá del horizonte en un conjunto de colores de distintas gamas que se mezclan y superponen.
Este contexto, este límite, se introduce en la casa y le da sentido al aprovechar ambas partes. Al tratarse de un lugar que sigue formando parte de la ciudad, María puede continuar utilizando los recursos de ésta, sus comunicaciones, las relaciones sociales que aporta, al mismo tiempo que devuelve a la tierra los recursos empleados mediante de la generación de energía y la producción de alimentos por medio de distintas técnicas que están siendo desarrolladas en estos momentos por algunos colectivos, así como otras que ya existían, y técnicas nuevas que puedan desarrollarse.
Una de estas técnicas es la colocación de huertos verticales en paredes y ventanas. Se trata de una iniciativa que cuenta con un gran número de seguidores en todo el mundo, y consiste en algo tan simple como la utilización de botellas de plástico recicladas para convertirse en pequeños recipientes de cultivo de una planta. Esta técnica la han desarrollado muchos usuarios desde distintos niveles, como missJardin, que nos presenta una forma simplificada diseñada por el estudio brasileño Rosenbaum, mientras que Britta Riley nos presenta toda la investigación que existe detrás de este método para hacerlo llegar más lejos y aprovechar al máximo sus posibilidades.


