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V.

El hecho de que en la actualidad es necesario el trabajar en el marco de una comunidad que gira en torno a los mismos intereses, colaborando en grupos o sociedades en las que se busca el crecimiento mutuo de forma que el individuo aporta y recibe de vuelta impulsos para seguir produciendo ha producido el descarte del modelo clásico de profesional  en su centro de trabajo, experimentando en soledad al margen de la sociedad y de las razones por las que se mueve. Eso parece que se entiende. Por consecuencia directa, los espacios de trabajo, oficinas, talleres y estudios empiezan a organizarse de forma que valores como colectivo o grupal predominan en la escena.

Pero, ¿hasta qué punto esta identidad colectiva que se lleva gran parte del espacio del estudio beneficia o perjudica al trabajo de los individuos involucrados?

Fredy Massad y Alicia Guerrero Yeste en su artículo Espacios de concentración, publicado en su plataforma ¿btbW/Architecture, hablan de cómo se organizan el espacio diferentes personajes de la arquitectura. Por un lado trata a Yona Friendman y Atelier Bow-Wow entre otros; ejemplos de formas un tanto caóticas y flexibles de organización (el orden dentro del caos) en el que los estudios y los talleres de experimentación se convierten en un espacio híbrido en el que se desarrolla el pensar y la producción simultáneamente. Lugares en los que a pesar de tener una alta carga de grupo, disponen de la libertad de identificarse individualmente.

En el artículo describen a Friedman como un arquitecto “cuya alma es un escritorio donde lo apilado representa el momento presente”, afirmación que se puede confirmar viendo las numerosas actuaciones que produce en el interior de su apartamento. Para Atelier Bow-Wow incluso se introduce la carga de vivienda a ese espacio.

Durante una reciente conferencia de la arquitecta María José Marcos, contó como su aula_estudio de la asignatura de proyectos que imparte en Korea del norte los alumnos conviven durante las jornadas de trabajo, convirtiéndolo en su propia vivienda en esos períodos (dormían, comían, etc.).

Por otro lado tenemos a Alvar Aalto, UN Studio o SOM: oficinas de “funcionalidad racional”, eficientes o estructuradas jerárquicamente. Áreas grupales imponentes y exitosas pero que acotan el espacio dedicado a los proyectos personales.

La clave al fin y al cabo son los m2. Foster and Partners en colaboración con Steelcase han creado una nueva línea de mobiliario de oficina en la que defienden la libertad de movimiento y flexibilidad de modificación de espacio individual a colectivo y viceversa. Esto se reduce a una serie modulada que no parece ser diferente a lo que ya decía Wright en el edificio Larkin nada más entrar en el siglo XX. *

 


Escrito_ 5

Cuando se habla de un tema tan en boca de todos como lo es el de la sostenibilidad, es muy difícil encontrar referencias de calidad que vayan más allá de meros ejemplos de intentos domésticos para el ahorro de energía, con el consiguiente ahorro económico para las familias a final de mes.

Pero de este tema tan de moda en los blogs, lo que me interesa realmente es llegar a una solución (o varias soluciones) para que una casa sea verdaderamente sostenible. Es decir, que los resultados de ahorro energético y económico sean realmente significativos frente al total de lo consumido, para de alguna manera llegar a la compensación energética de la construcción de la casa, así como del consumo de su ocupante.

Un número inmenso de blogs particulares y de colectivos actualizan cada día sus experiencias con pequeños huertos domésticos, así como iniciativas urbanas como huertos compartidos. Sin embargo, éstas rara vez alcanzan una producción significante o representan un ahorro muy pequeño.

Existen otros colectivos que están realizando una mayor investigación en el tema de la producción doméstica. En el caso de windowfarms tratan el aprovechamiento de un pequeño espacio de la vivienda como son las ventanas para la colocación de un pequeño huerto vertical que, provisto con un sencillo sistema de bombeo de agua, se beneficia de la luz solar para producir una cierta cantidad de productos naturales. En su conferencia TED, Britta Riley nos explica con más detalle en funcionamiento de esta organización y sus avances en la tecnología de los jardines de ventana.

Existe, por otra parte, una nueva filosofía conocida como slow. Tal y como viene recogido en el artículo “Slow food y otros slow para vivir mejor”, publicado en el blog de la comunidad Triodos, esta filosofía propone una vida cotidiana más humana y sostenible en todos los sentidos. Se puede aplicar a muchos ámbitos, pero en este momento los más interesantes son los de la casa y la comida. En cuanto a la casa en primer lugar, slow home hace referencia a un hogar bien construido, un tema sobre el que el sector emergente de la construcción sostenible innova para conseguir unas viviendas más habitables y eficientes en aspectos como el consumo de energía. Un ejemplo de esta arquitectura dado en este sitio sería la del ingeniero aeronáutico y experto en energías renovables Xavier García Casals, quien construyó su vivienda “bio al cubo” con un excelente ahorro energético. En segundo lugar, la slow food introduce la filosofía de “Entender de dónde viene la comida, cómo y quién la ha producido permite aprender a combinar placer y responsabilidad”, y que premia la producción de alimentos como método para reducir al mínimo los costes de producción y distribución.


Escrito_ 4

El límite entre la ciudad y el campo es el lugar perfecto para desarrollar la propuesta de una casa que pretende aprovechar al máximo los recursos de estos dos mundos a menudo muy diferenciados.

En la actualidad ya existen algunos ejemplos de actividades con finalidades ecológicas en este espacio. Por ejemplo, como se puede leer en el artículo de Mª José Díaz de Tuesta publicado en El País a 19 de abril de 2011, existe desde hace años un proyecto en los límites de Madrid, a unos diez minutos de la capital, llamado “La huerta de Montecarmelo”. Se trata de un lugar en el que los ciudadanos de Madrid pueden alquilar un pequeño espacio de 20 m2donde practicar la jardinería o cultivar algunos alimentos.

Sin embargo esta iniciativa se queda corta para María, puesto que ella busca reducir aún más el impacto ambiental produciendo, no sólo lo que se obtenga de un pequeñísimo huerto al que acudir de vez en cuando, sino todos los alimentos que le sean posibles.

En el límite de la ciudad, ésta parece alejarse de nosotros, aun estando quietos. La actividad urbana se concentra dentro de sus límites, y es más intensa a medida que nos acercamos al centro, pues es ahí donde se concentran la mayor parte de los equipamientos. Por otra parte, el campo nos llama, con sus llanuras y colinas que se extienden hasta más allá del horizonte en un conjunto de colores de distintas gamas que se mezclan y superponen.

Este contexto, este límite, se introduce en la casa y le da sentido al aprovechar ambas partes. Al tratarse de un lugar que sigue formando parte de la ciudad, María puede continuar utilizando los recursos de ésta, sus comunicaciones, las relaciones sociales que aporta, al mismo tiempo que devuelve a la tierra los recursos empleados mediante de la generación de energía y la producción de alimentos por medio de distintas técnicas que están siendo desarrolladas en estos momentos por algunos colectivos, así como otras que ya existían, y técnicas nuevas que puedan desarrollarse.

Una de estas técnicas es la colocación de huertos verticales en paredes y ventanas. Se trata de una iniciativa que cuenta con un gran número de seguidores en todo el mundo, y consiste en algo tan simple como la utilización de botellas de plástico recicladas para convertirse en pequeños recipientes de cultivo de una planta. Esta técnica la han desarrollado muchos usuarios desde distintos niveles, como missJardin, que nos presenta una forma simplificada diseñada por el estudio brasileño Rosenbaum, mientras que Britta Riley nos presenta toda la investigación que existe detrás de este método para hacerlo llegar más lejos y aprovechar al máximo sus posibilidades.

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IV.

Silencio. No el tipo de silencio de una biblioteca ni el de una iglesia. Para mí y de forma personal, el silencio es esa abstracción propia en la que el tiempo se detiene, nada parece moverse y no te importaría que las cosas que percibes en ese instante ocurrieran en bucle infinito. No se trata de la ausencia de sonido. Al contrario, hay muchos sonidos, cientos, de distintos matices y timbres que puedes descomponer e identificar y que te ayudan a entender el espacio, la distancia o la profundidad. Actúan de forma colectiva entre ellos formando un grupo, pero tienen la propiedad de ser extraídos y aislados individualmente, convirtiéndose en actores independientes que definen el contexto desde su propio ritmo. (taskscape).

Para llegar al contexto de la casa_taller_laboratorio de María Langarita, es necesario hacer cientos de km desde Madrid, salir de autovías nacionales y carreteras autonómicas, avanzar por caminos de tierra y vagar sin una senda marcada hasta alcanzar un punto en el que ese silencio personal que cada uno crea en su mente se produzca de forma física y tangible en la realidad.

El entorno que he escogido se trata de una amplia llanura del sur español. Un extenso espacio plano en el que no sobresale nada salvo algún árbol puntual en la lejanía. Un landscape en el que las  parcelas de cultivos se disponen en hileras que resultan fugar en el infinito. En este contexto todo parece no acabar nunca, ni el instante ni la distancia.

El sol es un actor clave aquí: un enorme espacio sin objetos que arrojen sombra y en España, puede provocarle a más de uno una insolación sólo de imaginárselo. Esta imagen mental nada tiene que envidiarle a las escenas de desierto de Breaking Bad en las que los protagonistas parecen cocinar a 50ºC, por lo menos, dentro de la caravana.

Pero en mi escenario aparece el viento. Al no existir obstáculos, el viento se propaga con mayor libertad y velocidad. El viento acalla cualquier otro sonido que se esté produciendo en el instante en el que transcurre, lo convierte en mudo; mientras que al mismo tiempo, su interacción -con el relieve, los cuerpos y las formas que se encuentra a su paso- forma ritmos propios, situaciones que se podrían analizar como actores en sí mismos: el agitar de la vegetación de suelo, el vuelo de restos ligeros en su flujo o roce al rodear la forma de la persona son ejemplos.

Sin embargo los ritmos, o el grupo de ritmo que me crean mayor interés en este contexto son por ejemplo el coche que puedes ver muy lejos de ti, en movimiento pero que no puedes oír, o ese árbol zarandeándose pero que no escuchas. Estos actores mudos en los que solo parte de la información se te es dada los considero los de mayor valor en mi contexto.


Escrito_ 3

El mito de Ángeles tiene lugar en una pequeña comunidad de vecinos de un céntrico inmueble en Valencia. Se trata de uno de esos viejos bloques de viviendas que gira en torno a la escalera, pues el ascensor, que también está colocado en el centro de la escalera como centro neurálgico del edificio, está siempre estropeado.

En este edificio de nueve plantas, todos los vecinos se conocen. Constantemente se encuentran subiendo y bajando la estrecha escalera y, los que más o los que menos, se saludan amablemente entre ellos.

Normalmente, nadie se interesa por la vida de sus vecinos. A todos les gusta escuchar a través de las paredes, puertas y patios, sí, pero todos ellos quieren simplemente cotillear como quien ve la televisión. O quizás todos no.

La señora que vive en el 9º B se llama Ángeles y es uno de los inquilinos más antiguos del bloque. A ella también le gusta escuchar a sus vecinos y saber de sus vidas, aunque hay algo que la diferencia de los demás. En lugar de sólo escuchar, a Ángeles le gusta tomar partido en los problemas de los otros vecinos.

En una ocasión, se trata de algo muy simple. Ángeles está limpiando los cristales de su galería cuando recuerda que tiene que bajar a buscar al portero para que revise el interruptor de la luz de la escalera en el noveno piso, que lleva varios días dando problemas. Mientras tanto, una vecina tiende la ropa un par de pisos más abajo. Ángeles se da cuenta de que, mientras la vecina está dentro de su galería sacando más ropa de la lavadora, una blusa cogida con una pinza muy floja al tendedero se resbala y cae hasta el fondo del patio de luces. Ángeles no duda en ser una buena persona y decírselo a su vecina para que baje a recoger su prenda. Sin embargo, en el momento en que se lo dice recuerda que ella misma también tenía que bajar hasta la planta baja para avisar al portero del problema con el interruptor, y piensa en lo tedioso que le resultaría subir todos esos escalones de vuelta a su planta. Por lo tanto, aprovecha cuando su vecina le dice un “¡Te debo una, Ángeles!” para pedirle el favor a ella y así ahorrarse el subir y bajar escaleras.

Este ejemplo habla de la oportunidad, de aprovechar o no las circunstancias de la vida. Ser oportunista no debería tener una connotación negativa, sino que también se puede aplicar a situaciones en las que ambas partes se vean beneficiadas.

Volviendo la vista atrás, se podría comparar este ejemplo con el de Agustín, el chico que pertenecía a una comunidad de programadores en la red, que compartió sus tutoriales de informática con todo el mundo, y que después pudo comprarse una casa con la respuesta de esas personas a su petición de ayuda. Él aprovechó la oportunidad, confiando en la voluntad de las personas a las que él ayudó voluntariamente. Y si volvemos a hablar de la sociedad en la que consideramos necesario reinventarse para sobrevivir, este oportunismo no tendrá connotaciones negativas siempre que las acciones se realicen de forma honesta por ambas partes de los implicados.